¿De dónde procedemos los europeos?

Esta pregunta ha sido a lo largo de la Historia una obsesión para algunas personas, en especial aquellas que, como los nazis, pensaban en la pureza de su sangre. La cuestión, sin embargo, es muy compleja. Los seres humanos evolucionamos en África y desde allí el primer representante del género Homo, el Homo Erectus, se trasladó a Asia. Más tarde, otros géneros Homo colonizaron también Europa, América y Oceanía, como los Antecessor, Heidelbergensis, Rhodesiensis, Neandertales y Sapiens, estos últimos nuestros antepasados al ser nuestra especie.

La pureza racial, por tanto, es un concepto absurdo ya que todos los humanos procedemos de esos mismos núcleos humanos primigenios en el continente africano. Sin embargo, con el crecimiento del número de seres humanos y su expansión por el planeta se fueron dando distintos grupos con características genéticas que nos diferencian, aunque nunca en profundidad, al contrario que en otras especies animales en las que las diferencias son profundas a simple vista.

Los Homo Sapiens nacieron también en África a partir de la evolución del rhodesiensis. Desde allí se expandieron (o nos expandimos, teniendo en cuenta que el que escribe este artículo y el que lo lee somos también sapiens) a Asia y, posteriormente, a Europa y América (en este último caso cruzando el helado estrecho de Bering). En esa expansión compitieron por los recursos y el espacio con las otras especies humanas, como los erectus y los neandertales, que acabaron extinguiéndose, quedando los sapiens como la única especie humana en el planeta hasta hoy.

En el caso de Europa, la primera oleada de Homo Sapiens se dio hace unos 45.000 años. Provenían de África como hemos mencionado previamente y habían cruzado Oriente Próximo de sur a norte. Según los estudios de ADN, su piel sería oscura y sus ojos probablemente claros. 
 Expansión de los tres grupos humanos que conforman el ADN europeo actual: cazadores-recolectores africanos (flecha blanca), agricultores y ganaderos de Oriente Próximo (verdes) y nómadas yamnayas (naranja). La influencia de cada grupo está presente en toda Europa, pero con diferencias regionales. Fuente: National Geographic.

Europa entonces era un lugar inhóspito: cubierta de hielos de kilómetros de grosor en su mitad norte y con un clima mucho más frío que el actual en el sur. En esos lugares con temperaturas más benignas vivía la fauna y esos primeros sapiens también se encontraron con otra especie humana, los neandertales, cuyos antepasados también habían migrado a Europa miles de años antes.

Como los neandertales, los sapiens eran cazadores y recolectores que vivían en pequeños grupos nómadas. Estos avanzaron desde el mar Negro hacia Europa central y occidental ascendiendo por el río Danubio. Eran muy, muy pocos en número, apenas mil para todo el continente. Así, su influencia en el actual ADN medio europeo es baja. Según los estudios genéticos, se mezclaron con los neandertales que solo 5.000 años después de la llegada de los sapiens desaparecieron, probablemente por cuestiones climáticas y de falta de adaptación frente a la competencia de los sapiens. Aun así, en Europa se calcula que el 2 % de nuestro genoma es neandertal, algo de lo que carecen los humanos africanos. 
 
Los humanos (entendiéndose a partir de este momento solo los sapiens) se adaptaron al frío y allí sobrevivieron de la caza, lo cual reflejaron en las primeras obras de arte de la Historia principalmente en cuevas, pero también al aire libre. Con el cambio climático y el retroceso de los hielos hacia el norte, los humanos se fueron asentando en otras regiones del continente.

Pero ese cambio climático provocó que esos cazadores-recolectores primigenios pronto tuviesen visitas. Hacia el 6.800 antes de Cristo, pueblos procedentes de Oriente Próximo (Anatolia y el llamado Creciente Fértil en las actuales Irak, Siria, Palestina y Egipto), comenzaron a establecerse en Europa desde el sureste. Hace 6.000 años, esos nuevos pueblos ya agricultores y ganaderos estaban presentes por toda Europa y en un mayor número que los cazadores-recolectores. La revolución neolítica llegó a Europa por migraciones y también por aculturación y comercio.

Con el paso de los siglos sus descendientes fueron avanzando por el Danubio y colonizaron Europa central y, más tarde, la occidental. Otros inventaron la navegación y colonizaron las islas mediterráneas, llegando tan al oeste como la Península Ibérica.

¿Cuál era el aspecto de esos agricultores y ganaderos? En su mayoría tenían la piel clara y los ojos oscuros, al contrario que los cazadores-recolectores con los que convivieron. También hablaban lenguas totalmente distintas, por lo que es lógico que los estudios genéticos concluyan que apenas hubo relaciones entre ambos grupos. El recelo era claro entre ellos y duró siglos.

Hace 5.400 años algo ocurrió en Europa que hizo que los asentamientos neolíticos disminuyesen o desapareciesen, comenzando un paréntesis de 500 años. Los arqueólogos no han conseguido identificar la causa ya que no hay muestras de conflictos masivos o guerras en ese momento. Sin embargo, con la recuperación la cultura cambió: los enterramientos comenzaron a ser enormes con túmulos y se creó una alfarería especial llamada cordada.

Los europeos, aun así, siguieron siendo mayoritariamente agricultores y ganaderos ya que estos se habían extendido ya por todo el continente. Su prevalencia en el ADN europeo solo disminuyó hacia 4.500 a. C, cuando, al fin, comenzaron a mezclarse con los cazadores-recolectores, que introdujeron su genética en el ADN medio europeo, manteniéndose hasta hoy en una pequeña proporción. Así, en nuestro ADN tenemos herencia de esos primeros pobladores procedentes directamente de África y también de los agricultores y ganaderos neolíticos procedentes de Oriente Próximo.

Pero falta un tercer grupo humano que completa el ADN actual europeo. Este grupo llegó a Europa desde las estepas que hoy integran países como Rusia y Ucrania. Eran nómadas conocidos como yamnayas, uno de los primeros grupos humanos que montaron a caballo, utilizado la rueda y construyeron carros. Hacia 2.800 a. C comenzaron a avanzar hacia el oeste buscando nuevos pastos. Muchas tumbas de cerámica cordada mencionada anteriormente tienen ADN yamnaya, lo que refleja la llegada de este pueblo desde las estepas y su mezcla con los anteriores habitantes, ganaderos y cazadores-recolectores. Los yamnaya tenían una relación lejana con los nativos americanos, cuyos antepasados procedían de Asia oriental, ya que habían cruzado miles de años antes el estrecho de Bering para colonizar el continente americano. Así, posiblemente los yamnayas tenían los ojos rasgados como muchos de los actuales pueblos asiáticos. 
Extensión inicial de los pueblos yamnayas.
 
En solo unos siglos los yamnayas se extendieron por toda Europa. En algunos puntos del continente como Gran Bretaña, Escandinavia o la actual Alemania reemplazaron en buena medida a los agricultores y ganaderos.

La pregunta ahora es, ¿cómo unos pocos nómadas pudieron eliminar a tantas personas? En 3.000 a. C Europa tenía una población de unos siete millones de habitantes, habían prosperado. La pista nos la da de nuevo el ADN y parece ser que los yamnayas eran resistentes genéticamente a una forma primitiva de la peste, resistencia de la que carecían los agricultores y ganaderos. Habrían convivido con el bacilo de la peste y al final desarrollaron resistencia o inmunidad hacia ella. Eso explicaría cómo el ADN yamnaya se introdujo con tanta rapidez en el continente ante el declive de la población previamente asentada. La mezcla con los grupos anteriores dio paso al europeo actual que, como vemos, surgió de un crisol de los tres.

Los yamnayas aportaron las mejoras tecnológicas antes mencionadas, pero su llegada también coincide con la expansión inicial de las lenguas indoeuropeas, que hoy son las más habladas en el continente por amplísima diferencia. Desde el siglo XIX se debate dónde hablaba el protoindoeuropeo y quiénes lo introdujeron en Europa y aún no está claro. En cualquier caso, la teoría aria nazi es un absurdo viendo estas migraciones. 
Las familias de lenguas indoeuropeas actualmente. En Europa las tres principales son la latina, la germánica y la eslava, además de otras menores como la griega, la báltica, la celta o la albanesa. También descienden del indoeuropeo el persa, el urdu o el hindi.
 
Por tanto, todos los europeos actuales somos una enorme mezcla. El europeo típico sería, a partes casi iguales, yamnaya y agricultor-ganadero procedente de Oriente Próximo, con una pequeña parte de su ADN de cazador-recolector africano y un 2 % restante de neandertal. Sin embargo, este sería el retrato promedio, ya que hay diferencias regionales. En el norte hay más ADN yamnaya y en el sur prevalece el agricultor-ganadero. En Europa oriental, por su parte, la influencia cazadora-recolectora es mayor.

Así, el ser europeo no existe y el nacionalismo que defiende que nosotros (ya seamos alemanes, españoles, británicos, rusos o italianos) siempre hemos vivido aquí y nunca nos hemos mezclado con otros pueblos es ridículo. En realidad, la genética lo deja claro: todos somos africanos, todos somos asiáticos y todos somos europeos. 

BIBLIOGRAFÍA 
National Geographic. Agosto 2019. 

3 comentarios:

  1. No sabia cuando los ojos rasgados llegaron a Europa, de Francia a España debió ser cuando Napoleon invadió España. Aunque eso no lo tengo claro porque en España hay muchos con los ojos rasgados y no todos debieron venir en ese siglo.

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  2. Herramientas descubiertas en Lapa do Picareiro, Portugal. © JH / Phys.Org - Los humanos modernos llegaron a la Peninsula Iberica 5000 años antes de lo que se pensaba - Las herramientas, descubiertas en una cueva Lapa do Picareiro vinculan el sitio con hallazgos similares de Eurasia a la llanura rusa. El hallazgo tiene ramificaciones para comprender la interacción entre los 2 grupos y la desaparición de los neandertales. - https://phys.org/news/2020-09-modern-humans-westernmost-europe-years.html

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