El mundo conocido en época del geógrafo Heródoto.
Actualmente tenemos una
visión bastante precisa de cómo es nuestro mundo. La cartografía está
plenamente desarrollada y las imágenes satelitales nos hacen conocer casi todos
los puntos del planeta, aunque aún haya espacios recónditos poco conocidos, como
las zonas más interiores de las selvas ecuatoriales (Amazonia, interior remoto
de Borneo o el Congo…) o la Antártida.
Sin embargo, en la
Antigüedad el conocimiento del mundo era limitado, por lo que los griegos
dividieron en mundo en dos áreas: la ecúmene, que significa literalmente “tierra
habitada”, y su contraposición, la anecúmene. Pese a estos nombres, es obvio
que no todas las tierras desconocidas estaban despobladas, aunque, claro, eso
ellos no lo sabían a ciencia cierta.
Hubo varios mapas
realizados por geógrafos griegos, en los que podemos apreciar cómo fue
evolucionando la ecúmene según se hacían más exploraciones. En todos los que
vamos a ver podemos apreciar que siempre conocen una parte de los tres
continentes “viejos”, es decir, Europa, Asia y África, aunque con amplias zonas
en blanco, sobre todo en el caso de África, que no se exploró del todo hasta
finales del siglo XIX. Ni qué decir tiene, en
esos mapas no hay ni rastro de los continentes “nuevos”, América y Oceanía, de
los que los europeos no tendrían constancia hasta la Edad Moderna.
El primer mapa que
vamos a ver es el de un geógrafo llamado Hecateo. Es el más antiguo y, por
ello, también el más impreciso e incompleto. Según Hecateo, había una única
masa continental que estaba rodeada por océano. Su concepción de continente es
circular y el mundo queda reducido a Europa, Oriente Próximo y el norte de
África. El ámbito mediterráneo era bien conocido y hay varios interrogantes:
¿Dónde nacía el Nilo? No se sabe ni hoy al 100 %, aunque se cree que es en el
lago Victoria.
También llama la
atención la inexactitud de la costa atlántica europea, de la que se sabía muy
poco más allá de Cádiz, desconociéndose la existencia de las islas Británicas. También
es curioso ver cómo el Mar Caspio era percibido como un mar abierto y no como
el enorme lago que en realidad es. En cuanto a la Península Ibérica, se conocía
bien la existencia del Estrecho de Gibraltar (Columnas de Hércules) y se
destaca la presencia de la primera civilización peninsular, Tartessos.
El siguiente mapa fue
realizado por el llamado padre de la Historia, Heródoto, quien también se
dedicó a la geografía, ya que entonces ambas ciencias estaban muy unidas, más
que hoy. En este caso, Heródoto introduce informaciones nuevas y más precisas
que en el caso de Hecateo. No se atreve a aseverar que el mundo está formado
por una única masa continental rodeada de agua, sino que deja sus límites sin
definir, insinuando que la tierra puede continuar por regiones inexploradas.
Esto lo realiza con el
norte de Europa y toda la Asia inexplorada, pero no con África, a la que
mantiene con un final claro al sur del desierto del Sahara, que sería muy
difícil de atravesar en esa época debido a su extensión. Por otro lado, una vez
cruzado hay que pasar la extensa sabana para encontrarse eventualmente con la
selva ecuatorial, algo en lo que no se embarcaron en la Antigüedad.
Heródoto ya es
consciente de que el mar Caspio es un lago y mantiene el conocimiento bastante
detallado del Mediterráneo. Se lanza a indagar sobre el nacimiento del Nilo,
que sitúa en la cordillera del Atlas de manera errónea. Por otro lado, ya
incluye Asia hasta la India y varios pueblos, siendo el más llamativo uno al
norte de Europa: los andrófagos, que significan literalmente “comedores de
hombres”.
El siguiente mapa de
ecúmene que vamos a tratar es de otro geógrafo llamado Eratóstenes, el más
científico de los que vamos a ver ya que fue el primero en incluir las líneas
imaginarias que utilizamos actualmente, meridianos y paralelos. El mundo, por
lo demás, es parecido al de Heródoto, aunque ligeramente más preciso: ya
incluye las islas británicas, define bien la península Arábiga, muestra parte
de Siberia e incluso la isla de Ceilán, al sur de la India. Los límites
imprecisos los marca con una línea intermitente.
Por el contrario, el mar Egeo está sobredimensionado y plantea que el Nilo tiene más de una fuente, todas ellas al sur del Sahara, aunque todavía sin saber el punto exacto. Además, vuelve a la teoría de que el mar Caspio estaba conectado con el océano, en este caso mediante un caprichoso estrecho. En cuanto a la Península Ibérica, solo destaca un punto: el cabo Sagrado, dedicado a Cronos/Saturno y que sería el punto más al oeste conocido, envuelto en la bruma y el misterio para los antiguos griegos y que se corresponde con el actual cabo de San Vicente, en Portugal.
El último mapa es de un
famoso geógrafo griego llamado Estrabón. Vivió entre los siglos I a. C y I d.
C, por lo que es un griego que ha asimilado ya la presencia romana en Grecia. Al
contrario que Eratóstenes, más científico, Estrabón prefiere centrarse en
aspectos más sociales y culturales que físicos. Esto queda reflejado en su obra
principal, Geografía, en la que trata
en varios volúmenes el mundo conocido o ecúmene.
El planteamiento de su
mapa es muy parecido al de Eratóstenes, con los tres continentes conocidos,
pero en esta ocasión los rodea de agua como había hecho Hecateo, aun sabiéndose
que Asia podía continuar más allá de la India. El planteamiento Mediterráneo es
el romano, ya que le llama “Mar Interior”. Las fuentes del Nilo se muestran
igual que con Eratóstenes, África se llama Libya (igual que en los casos
anteriores), el mar Caspio vuelve a estar unido al océano por un estrecho y
Europa tiene una extraña forma serpenteante. Aparecen varias ciudades
señaladas: Roma, Bizancio, Babilonia, Alejandría…
Así, vemos que en la
Antigüedad el mundo debía parecer mucho más grande de lo que nos parece
actualmente. Un mundo salvaje, por explorar y con enormes áreas despobladas y
con las que los pueblos mediterráneos podían permitirse fantasear, al igual que
lo harían recíprocamente otros grupos humanos en América o Extremo Oriente. Hoy
el mundo se nos ha quedado pequeño debido a que ya lo tenemos explorado… Aunque
siga habiendo áreas que, afortunadamente (dado lo explotado que tenemos la
mayoría del globo), siguen vírgenes.
BIBLIOGRAFÍA
ESTRABÓN. Geografía de Iberia. Madrid: Alianza
Editorial, 2ª edición, 2015.






Excelente amigo. Me gustó mucho. Saludos desde Sincelejo, Sucre (Colombia).
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