Que muchos de los
políticos españoles no son unos ases de la Historia es ampliamente conocido. El
expresidente Rajoy se hartaba a decir que España es “la nación más antigua de
Europa”, lo cual es totalmente falso ya que mezclaba los conceptos de nación y
de Estado y, en ambos casos, hay tanto naciones como Estados anteriores a
España, que puede considerarse que se inició como Estado-nación a principios
del siglo XIX, como Estado unitario a principios del XVIII y como nación
depende de a quién preguntes, dado lo subjetivo de ese término.
Hace unos días sufrimos
una de esas declaraciones supuestamente históricas que hacen los políticos. Esta
vez fue a cargo del presidente del Partido Popular, Pablo Casado, que hizo una
afirmación que bien merece disfrutar a continuación en forma de diálogo
satírico:
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¿Cuál es el mayor hito de la Historia
del ser humano?
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La escritura.
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No.
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¿La rueda?
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No.
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Las vacunas, supongo.
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No.
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La tecnología actual, destacando
Internet.
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Claro que no.
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Producir fuego, además de la agricultura
y la ganadería.
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Frío, frío.
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Me rindo.
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El mayor hito de la Historia del ser
humano es, cómo no, la Hispanidad. Bueno, como mucho podemos equipararla a la
Romanización, pero nada más.
Sí, para el señor
Casado la Hispanidad es el mayor hito de la Historia humana, mayor que la
escritura, la rueda, las vacunas, Internet o la Revolución Neolítica. Y sí, es
evidente que la llegada de los españoles a América cambió el mundo para siempre
iniciando una proto globalización que se consumó en los siglos XIX y XX. Además,
la huella española en América es tan profunda como la que dejaron los romanos
en su imperio: hoy el castellano es la segunda lengua más hablada del mundo en
número de hablantes maternos y la tercera en número total solo por detrás del
chino mandarín y el inglés.
Sin embargo, considerar
la Hispanidad el mayor hito de la Historia es hacer un mero ejercicio de
ultranacionalismo, la herramienta que Casado y el PP están empleando en los
últimos meses para intentar camuflar sus depauperadas expectativas electorales
y las fugas de votantes tanto hacia Ciudadanos como hacia el nuevo partido de
extrema derecha, Vox, ambos también con un discurso nacionalista.
El nacionalismo ha
demostrado en el pasado hasta qué punto puede manipular a las personas y
llevarlas en dirección contraria al raciocinio. Por ello, prefiero defender un
patriotismo cívico, basado en los mejores aspectos de España y de los españoles
(nuestro sistema de salud, nuestra solidaridad año tras año siendo el país que
más órganos dona del mundo, nuestras fascinantes geografía e Historia, etc) que
un nacionalismo excluyente semejante al catalán, que ha llevado a esa comunidad
a una deriva de la que parece no tener retorno ni salida.


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