Vista aérea del Palacio Real y la Catedral de la Almudena, en Madrid.
Durante la Edad Media,
en los reinos cristianos de la Península no había una ciudad capital definida. Los
reyes se trasladaban por su reino de corte en corte según la estación o sus
deseos personales, haciendo que la administración no estuviese centralizada en
una ciudad.
Esto cambió con los
inicios de la Edad Moderna. Era necesario centralizar los servicios y los
nuevos funcionarios que controlaban y gestionaban el Estado. En España ya hubo
intentos por parte de los Reyes Católicos, que no llegaron a designar una
capital, pasando largos periodos, eso sí, en distintas ciudades, como Segovia,
Sevilla o Granada. Con su nieto, Carlos I, la ciudad más relevante, aun sin ser
la capital, fue Toledo, en donde el rey estableció a menudo su corte, aunque no
paró de viajar por sus extensos dominios europeos, pasando temporadas en Flandes
o el Sacro Imperio.
Quien decidió designar
al fin una capital fija fue Felipe II. El rey prudente fue además el que eligió
una burocracia clara, para la que necesitaba de una ciudad en donde estuviese
su sede. Y ante esto tenía diferentes opciones, por motivos históricos,
geográficas o puramente políticos.
Veremos a continuación
esas ciudades candidatas, pero antes hay que dejar claras ciertas cuestiones. La
primera es que la capital debía estar en Castilla, tanto por su situación
central respecto a los otros reinos peninsulares de los que Felipe era rey (es
decir, Aragón y Portugal) como por ser el núcleo de su imperio, en donde él
había nacido (Valladolid) y crecido. La segunda es que la opción elegida debía
ser una ciudad que no tuviese el lastre de estar férreamente controlada por la
Iglesia o por una casa nobiliaria importante. ¿Por qué? Porque Felipe II no
quería una capital en la que él no fuese el señor indiscutible. En definitiva,
no quería compartir su poder local.
Estas fueron las
opciones que se barajaron en 1561 para ser la capital:
Vista de Toledo y de su Alcázar.
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Toledo:
La capital histórica del país al haberlo sido ya en época de los visigodos y,
de manera informal, con Carlos I. Era una ciudad situada en la zona central de
Castilla, junto a un río importante como es el Tajo (en esa época bastante más
caudaloso que actualmente) y con el Alcázar como posible residencia real. Sin embargo,
tenía un aspecto muy negativo: la enorme influencia de la Iglesia en la ciudad,
al estar el poderoso arzobispado de Toledo allí, que además era el primado de
las Españas, el más relevante de toda la Península. Así, el rey descartó
Toledo.
Alcázar de Segovia.
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Segovia:
Fue la mayor rival de Madrid en la designación de la capital. Era también un
asentamiento no muy poblado, con una residencia real en la que reyes como
Enrique IV o Isabel I habían permanecido a menudo (el Alcázar) y con muy buena
situación estratégica. Su punto negativo fue sus antecedentes cercanos: había
apoyado firmemente la rebelión de los comuneros contra el padre de Felipe,
Carlos. Otro punto negativo era la ausencia de ríos importantes para las
comunicaciones, algo que comparte con Madrid. Así, quedó fuera de la carrera
por cuestionarse su lealtad a la Corona.
Vista de Valladolid.
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Valladolid:
Otra rival fuerte de Madrid. También situada en la zona central de Castilla,
rica e influyente, con el río Pisuerga y el Duero muy cerca. En este caso era
la nobleza la que tenía influencia en la zona, por lo que Felipe II decidió
descartarla. No obstante, fue la capital años después, entre 1601 y 1605, por
decisión de Felipe III[i].
Vista del recinto amurallado de Ávila.
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Ávila:
Podría haber sido otra opción para Felipe II, aunque no fue considerada al ser
la influencia de la Iglesia también muy grande en esa ciudad.
Palacio del Infantado, en Guadalajara.
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Guadalajara:
Caso semejante al de Ávila: una ciudad pequeña y en el centro peninsular, pero
en este caso con una casa noble asentada allí: los Mendoza, motivo por el que
fue descartada.
La histórica Universidad de Alcalá.
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Alcalá
de Henares: Situada a medio camino entre Guadalajara y Madrid,
era una ciudad importante desde época romana y en ese momento era una destacada
ciudad universitaria, motivo por el que probablemente fue descartada como
posible capital, al tener un ambiente distinto a lo que pretendía el rey.
Vista de León y su catedral.
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León:
La antigua capital del reino de León está más alejada de la zona central de
Castilla, a lo que había que sumar la influencia de la Iglesia y de la nobleza
en la zona.
Vista de Salamanca.
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Salamanca:
Tenía el mismo problema que Alcalá: la fuerza de la universidad en la ciudad.
Vista de Sevilla en el siglo XVI, con su puerto y la Giralda. Óleo de Alonso Sánchez Coello.
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Sevilla:
Fue una candidata a tener en cuenta al ser la ciudad más grande del país, estar
a orillas del Guadalquivir, con lo que era el único puerto que podía comerciar
con América. Además, tenía una residencia real fastuosa como son los Reales
Alcázares. Sin embargo, estaba demasiado poblada, siendo frecuentes epidemias
puntuales, lo que disgustaba a Felipe II, que optó por un ambiente más salubre.
Catedral de Valencia.
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Valencia:
Era la ciudad más potente económicamente de la Corona de Aragón en ese momento,
pero el ser parte de dicha corona la descartaba.
Vista de Zaragoza y la Basílica del Pilar.
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Zaragoza:
Había sido la sede real más habitual de los reyes de Aragón y precisamente por
eso Felipe II no tenía tanta influencia como en Castilla.
Barrio Gótico de Barcelona.
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Barcelona:
Y si en las anteriores tenía menos poder, en Barcelona aún menos, al tener la
sombra no solo de la nobleza catalana, sino también de la rica burguesía urbana.
Se dice que Carlos I
recomendó a su hijo lo siguiente: “si quieres conservar tus reinos, deja la
capital en Toledo. Si quieres aumentarlos, llévala a Lisboa. Y si quieres
perderlos, trasládala a Madrid”. Esta frase es anacrónica y no pudo decirla
Carlos I: Toledo no era la capital oficial, como ya hemos visto, y Lisboa no
fue parte de la Monarquía Hispánica hasta 1580, y Madrid fue elegida capital en
1561, por lo que la capital portuguesa no pudo ser barajada como opción.
¿Por qué fue elegida
Madrid? Su situación geográfica en el centro de la Península, lejos de las
fronteras y equidistante de casi todas las regiones era una ventaja. No obstante,
el hecho de estar a orillas de un pequeño río como el Manzanares era un
inconveniente notable para sus comunicaciones que solo pudo ser salvado
disponiendo una red radial de carreteras primero y, más tarde, de
ferrocarriles, que se mantiene hasta hoy.
Otras razones eran
políticas: no había casas nobles relevantes[ii] y la
Iglesia no tenía ningún poder. En este sentido, Madrid dependía del arzobispado
de Toledo, pero nada más. Esa dependencia histórica supuso que Madrid no
tuviese catedral propia hasta el siglo XX. Así, nadie hacía sombra al rey en
Madrid: allí era rey y señor absoluto.
Otro motivo fue que
Madrid, aun siendo solo una villa, había sido ya relativamente importante desde
décadas antes al haber sido la única villa con representación en las Cortes. Esto
se traducía en que disponía de una sede real como era el Alcázar[iii] y de
extensos bosques propiedad de la corona, como el del Pardo o la Casa de Campo.
Vista de Madrid desde los bosques con los que limita al oeste y noroeste.
También Madrid tenía un
abastecimiento asegurado de agua mediante pozos y el río[iv]. Por otro
lado, el aire era puro (no como ahora) debido a su cercanía a la sierra, lo que
agradaba al rey. Esa cercanía a las montañas fue determinante para que el rey
decidiese construir el inmenso Monasterio de El Escorial tan cerca de la
capital, ya que podía visitarlo a menudo.
El principal problema
de Madrid sería que estaba demasiado lejos de los flujos económicos,
permaneciendo al margen de estos hasta el XIX, gracias al ferrocarril. Así,
otras ciudades vieron crecer mucho más el comercio, como Bilbao o Barcelona,
que se convirtieron en capitales económicas, mientras que Madrid lo era solo
política.
Actualmente esa
situación ya no se da y Madrid es, junto a Barcelona, la capital económica, e
incluso con ventaja sobre la Ciudad Condal debido a la intensidad de su tráfico
aéreo y el ser la conexión entre Europa y Latinoamérica. Los inconvenientes que
tenía Madrid en el siglo XVI finalmente han sido superados.
¿Podría tener otra
capital España en el futuro? No parece probable. Las instituciones llevan en
Madrid desde hace siglos y solo la Guerra Civil hizo que el gobierno tuviera
que trasladarse a Valencia y, más tarde, Barcelona. Sin embargo, en un futuro
lejano sí podía ocurrir que Madrid, al estar tan masificada, pudiese perder la
capital a favor de una ciudad de nueva creación, tal como le ocurrió a Río de
Janeiro en Brasil, que vio cómo una ciudad creada específicamente para ser la
capital le quitaba el puesto: Brasilia. No obstante, esto es ya una mera
conjetura y más bien muy poco probable.
Lo que sí es seguro que
Madrid fue elegida capital por Felipe II en 1561 por las razones que ya hemos
visto y que no fue la única opción estudiada porque a España, la verdad, le
sobran ciudades históricas y destacadas.
BIBLIOGRAFÍA:
VVAA. Historia de España en la Edad Moderna. Barcelona: Ariel, 2011.
[i]
O, mejor dicho, de su valido, el Duque de Lerma, quien trasladó la capital a
Valladolid solo para que sus tierras cercanas aumentaran su valor y pudiese
enriquecerse (más aún). No en vano, es considerado el mayor corrupto de la
Historia de España.
[ii]
Los más cercanos eran los Mendoza, que ya hemos visto que estaban en
Guadalajara.
[iii]
Situado justo donde hoy se alza el Palacio Real. Sufrió un incendio que lo
destruyó en 1734, por lo que se construyó en su solar el actual palacio.
[iv]
Estos pozos suministraron agua sin problema a Madrid hasta mediados del siglo
XIX. Cuando la población creció tanto que no pudieron garantizar el suministro,
la reina Isabel II decidió construir el canal que lleva su nombre para
transportar el agua desde la sierra hasta la capital.















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