Los errores de Primo de Rivera que Franco procuró evitar


 Izquierda: Miguel Primo de Rivera (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1870-París, 1930), dictador entre el éxito de su golpe de Estado en 1923 y su dimisión en 1930. Derecha: Francisco Franco (Ferrol, A Coruña, 1892-Madrid, 1975), dictador entre su victoria en la Guerra Civil, en 1939, y su muerte.

Siempre olvidamos que, antes de la franquista, hubo otra dictadura en España en el siglo XX: la dictadura de Miguel Primo de Rivera, también militar y que ejerció su gobierno autoritario durante la década de 1920. La brevedad de su régimen y su fin turbulento (llevándose por delante la monarquía) han hecho que pase más desapercibida que la de Franco, que duró hasta su muerte, nada más y nada menos que casi cuatro décadas que marcaron decisivamente al país. 

Así, Franco tenía un precedente en el que fijarse para evitar los errores que habían hecho que la dictadura de Primo fracasara. Y es que Franco nunca fue un político, pero sí un observador de la política durante los años previos a que se hiciese con el poder, aprendiendo de los fallos de otros y teniendo en cuenta los numerosos factores que influían en la sociedad española. 

La dictadura de Primo de Rivera comenzó en 1923 y acabó muy pronto, en 1930 tras la dimisión del dictador, acosado por los problemas. Así, puede hablarse de una dictadura eventual y, además, poco agresiva al principio al no haber oposición a la misma, aunque más tarde ejerció una fuerte represión sobre los anarquistas. 

La dictadura franquista nació a partir de la victoria en la Guerra Civil y, por tanto, de una fuerte oposición que fue respondida con una aún más fuerte represión una vez acabó el conflicto. Una represión que Franco no hizo selectiva como Primo, sino general contra absolutamente todos sus oponentes, independientemente de que fuesen liberales, socialistas, comunistas o nacionalistas. 

Al margen de la desigual represión, otro error que cometió Primo de Rivera fue el de no tener una doctrina consolidada. Franco desde el principio quiso tener la dictadura plenamente institucionalizada y, además, capaz de evolucionar si las circunstancias lo requerían, como así hizo. Miguel Primo de Rivera no pudo ni supo crear un partido político único, aunque sí lo intento, con la creación de la Unión Patriótica, que no fructificó. 
 Logo de la Unión Patriótica, partido único del régimen de Primo de Rivera, que no llegó a fructificar, al contrario que la Falange Española Tradicionalista y de las JONS del Franquismo, fusión obligada en 1937 de falangistas y carlistas.

Franco sí que tuvo un programa político más claro, siempre autoritario y en torno a su figura. Tanto, que hoy hablamos de “Franquismo” para referirnos a su régimen, mientras que con la dictadura de Primo de Rivera no se habla de “Primorriverismo”. No hubo tiempo para crear algo semejante. Y, además, la dictadura franquista desactivó de tal manera a las masas que ni siquiera a su muerte hubo un levantamiento popular, sino un proceso de transición a la democracia con el famoso “harakiri” de las Cortes franquistas. 

Una semejanza entre ambos regímenes es que los dos surgieron a partir de sendos golpes de Estado. Sin embargo, mientras que el de Primo sí tuvo éxito, haciéndose con todo el país rápidamente desde su inicio en Barcelona, el golpe de Estado en el que participó Franco fracasó y solo tras una guerra civil de casi tres años pudo hacerse con todo el país. No obstante, Primo de Rivera acabó perdiendo el apoyo de sus compañeros militares, mientras que Franco no solo los mantuvo, sino que fueron ellos los que le auparon por encima de los otros generales sublevados en julio de 1936, nombrándole Generalísimo. 

Un punto muy relevante del que Franco aprendió (para evitarlo) fue la posición frente a la monarquía. Primo de Rivera llegó al poder con el apoyo pasivo del rey Alfonso XIII y, por tanto, le mantuvo en el trono. Más tarde, Alfonso XIII será el que presione para destituirle cuando la situación empeore. Franco había vivido esto y, por tanto, evitará a toda costa restaurar la monarquía en vida, al saber que sería un contrapeso a su persona que podría cesarle llegado el caso. De esta manera, Franco declara a España un reino en 1947, pero con él como una especie de regente vitalicio que, además, elegiría al rey que le sucediera a su muerte. Esa decisión no se tomó hasta 1969, cuando declara como príncipe a Juan Carlos, nieto de Alfonso XIII. 
 Izquierda: el rey Alfonso XIII (Madrid, 1886-Roma, 1941), que permitió la dictadura de Primo, pero que, a su caída, no pudo evitar caer con él. Derecha: Juan de Borbón (Real Sitio de San Ildefonso, Segovia, 1913-Pamplona, 1993), hijo de Alfonso y padre de Juan Carlos. Franco se negó a restaurar la monarquía en su persona y, por ello, sus relaciones fueron pésimas.

Otro aspecto que Franco tuvo en cuenta fue la relación con la oposición. Primo de Rivera quiso mantener como interlocutor con el movimiento obrero a los socialistas, con los que llegó a tener una fluida colaboración durante su dictadura, en especial con la UGT de Francisco Largo Caballero. 

A cambio, los socialistas no fueron perseguidos abiertamente por la dictadura. Franco, desde luego, no quiso repetir este modelo. Primero, porque los socialistas habían acabado abandonando a Primo cuando lo consideraron más oportuno y, segundo, porque se le habían opuesto abiertamente durante la guerra y, además, eran marxistas, el peor delito para Franco. Así, para interactuar con los obreros dio peso a la Falange, organización que pretendía mejorar el nivel de vida de las clases bajas como parte de su programa de reformas. 
 Francisco Largo Caballero (Madrid, 1869-París, 1946), histórico dirigente socialista y principal responsable de las negociaciones con la dictadura de Primo.

Una de las causas de la caída de Primo de Rivera fue que había cierta libertad de prensa, que no dudó en criticarle cuando hacía falta. De hecho, durante la dictadura se formó la Generación del 27 en literatura, como muestra de la relativa libertad de pensamiento que hubo en esos años. Con Franco no había libertad de prensa, habiendo una censura férrea hasta finales de los 60, cuando se produjo un tímido aperturismo, frenado ante la crisis final de la dictadura. Además, el régimen de Franco creó sus propios medios de propaganda, como el famoso No-Do o diarios como "El Alcázar", además de la creación de Televisión Española, totalmente controlada por el régimen. 

 Ejemplo de propaganda franquista en El Alcázar.

Franco también había vivido cómo Primo de Rivera no pudo consolidar el desarrollo económico del país ni crear una sociedad de clases medias y propietarias que consolidasen su régimen, algo que también le ocurrió a la Segunda República. 

Así, una vez finalizó el periodo de autarquía y el país se abrió al exterior desde 1959, la dictadura franquista quedó totalmente consolidada al crearse clases medias que huían de revoluciones y cambios de régimen por temor a perder su nivel de vida. Esto entronca con el proceso de ligera apertura en la censura y en la represión: con una mayoría del pueblo español a favor o indiferente no era necesaria tanta fuerza como al principio de la dictadura. 

Así, podemos ver cómo Franco, habiendo vivido la primera dictadura moderna de España, supo ver qué había influido en su fracaso y cómo evitó repetir esos errores. Así, creó una dictadura institucionalizada, con unos organismos definidos, un partido único y un programa, capaz, eso sí, de evolucionar conforme a la política internacional. 

También Franco tuvo cuidado en mantener siempre en un primer nivel a su principal apoyo, el ejército, y en no restaurar una monarquía que le hiciese sombra y pudiese traicionarle llegado el caso, al igual que mantener siempre ilegalizados y perseguidos a sus oponentes políticos. Y es que Franco, a pesar del aspecto a veces bobalicón que pudiese tener, era una figura muy astuta, que supo gobernar y manejarse en política aun sin ser un político profesional.

BIBLIOGRAFÍA: 
 
PAREDES, J (Coord.). Historia de España Contemporánea. Barcelona: Ariel, 2010. 
PRESTON, P. Franco Caudillo de España. Madrid: Debolsillo, 2015.

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