Recuperamos esta
sección sobre distintos países del mundo. En el pasado, ya tratamos los
microestados europeos, Suecia y Eslovenia. En esta ocasión nos vamos a centrar
en un país antaño imperial y que ahora es una próspera república en el centro
de Europa, a medio camino entre Occidente y Oriente: Austria.
Es un país miembro de
la Unión Europea, cuya capital es la ciudad de Viena, que todavía hoy es una
urbe relevante en Europa Central debido a su población y su influencia
cultural. Aproximadamente un tercio de la población austríaca habita en la
ciudad y su área metropolitana, ya que, si Viena tiene unos 2,4 millones de
habitantes, el país entero solo alcanza 8,5. En resumen, en Austria están casi
en familia y, tanto en población como en superficie, sus cifras son muy
parecidas a las de Andalucía.
Debido a su céntrica
ubicación, Austria tiene numerosos países vecinos: al norte limita con Alemania[i] y con la
República Checa, al este con Eslovaquia y Hungría[ii], al sur
con Eslovenia e Italia y al oeste con Suiza y el pequeño principado de
Liechtenstein. Vemos así que un rasgo clave en la geografía austríaca es que no
tiene salida al mar, con las desventajas que ello supone de cara a la economía.
Pero, por suerte para Austria, sí que cuenta con la mayor “autopista” fluvial
del continente: el río Danubio, que también es el más caudaloso, permitiendo la
navegación de barcos de pequeño y medio tamaño por sus aguas hasta la
desembocadura, en Rumania, en concreto en el mar Negro. Es una pobre solución,
pero, como dirán en Viena, algo es algo.
Vista satelital de Austria. Se aprecia cómo su territorio es bastante montañoso en la zona oeste y central y más llano en el valle del Danubio, al este.
Otro rasgo de los casi
84.000 km² de Austria[iii] es su
relieve, muy montañoso al incluir una parte relevante de los Alpes, que le
confieren un clima frío y a veces extremo, con inviernos duros y veranos
templados. Apenas el 30 % de la nación está por debajo de los 500 metros de
altitud sobre el nivel del mar. La zona más oriental tiene un clima
continental, con inviernos fríos y veranos moderados y lluvias concentradas en
verano y las estaciones intermedias. Las nevadas son habituales en invierno, sobre
todo en la zona montañosa, como es lógico.
Previamente, hablábamos
de los problemas que tiene Austria al no tener una salida al mar, pero esto no
siempre fue así. Austria nació vinculada al Imperio Carolingio, siendo parte de
su marca oriental frente a pueblos como los magiares (actuales húngaros). Con la
caída y desmembración de dicho imperio, se formó un ducado vinculado a una
familia noble de origen germánico que, en el siglo XIII, fue sucedida por los
más conocidos Habsburgo, que reinaron en Austria ni más ni menos que hasta el
siglo XX, la friolera de casi 700 años.
La historia de Austria
poco después entroncó con la del resto del Sacro Imperio Romano Germánico,
considerado sucesor del de Carlomagno. Era un imperio plurinacional[iv] en el
que el emperador tenía unos poderes muy limitados ante la influencia de los
señores, duques, condes y demás casas nobiliarias en la actual Alemania, que,
ni qué decir tiene, no era una unidad política sino hasta 30 Estados distintos.
En 1438, el duque austríaco se convirtió en emperador del Sacro Imperio, título
que mantuvo la dinastía Habsburgo hasta el final, salvo con una sola excepción.
Esta casa, además,
pronto puso sus ojos en territorios más lejanos. El emperador Maximiliano
decidió casarse con la heredera de Borgoña, uniendo así el destino de Austria y
el Sacro Imperio con Países Bajos. Poco después, se alió mediante matrimonios con
los Reyes Católicos, iniciando el periodo en el que Austria y España han estado
gobernadas por la misma dinastía: Felipe de Habsburgo (apodado el Hermoso),
hijo de Maximiliano, se casó con Juana de Castilla (apodada desafortunadamente
la Loca) y el hijo de ambos, Carlos, heredó todos los territorios e incluso el
título de emperador de su abuelo.
Posesiones de Carlos I de España y V del Sacro Imperio, incluidas las austríacas en amarillo.
Así, los Habsburgo
pasaron a ser llamados los Austrias en nuestro país, dinastía que reinó entre
1516 y 1700 con cinco reyes sucesivos: Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe
IV y Carlos II. Eso sí, ninguno de los sucesores de Carlos I (V en el Sacro
Imperio) reinó también en Austria debido a que los Habsburgo se dividieron en
dos ramas: la española y la propiamente austríaca.
Mientras que la rama
hispánica se extinguió en 1700 con la muerte sin descendencia de Carlos II, la
austríaca siguió adelante y además expandiendo sus dominios en Europa Central
ante la progresiva disminución del poder otomano, que en época de Carlos I
incluso había puesto bajo asedio Viena. De esta manera, Austria se apoderó de
Bohemia (en la actual República Checa) y de Hungría. Pasaba así a ser un
imperio multiétnico, que a la larga supondría su caída: los austríacos
(germánicos, por tanto) pasarían a ser solo uno de los varios pueblos del imperio,
pero el único que dominaba la administración, dejando a un lado a húngaros,
checos, eslovacos, etc.
La enorme diversidad étnica del Imperio a principios del siglo XX: germánicos en rosa, húngaros en verde, checos en azul...y muchos otros pueblos: eslovacos, ucranianos, polacos, eslovenos, serbocroatas, rumanos, italianos, etc.
Las Guerras
Napoleónicas fueron desastrosas para Austria, que tuvo que claudicar ante
Francia, pero, finalmente, tuvieron un efecto positivo gracias a las maniobras
astutas del canciller austríaco de la época: Metternich. Austria pasaba a ser una
de las grandes potencias europeas tras el Congreso de Viena, y nada le daría
problemas hasta mediados de siglo.
Las revoluciones de
1848 se llevaron por delante a Metternich y pusieron en peligro a la misma
monarquía. A esto se sumaron las derrotas contra otros países, como Piamonte y
Prusia, en el contexto de las unificaciones de Italia y Alemania[v]Ser un
conglomerado tan complejo de nacionalidades, lenguas y culturas (unidas, eso
sí, por el catolicismo) hizo que los dirigentes de Viena decidiesen incorporar
al poder a la principal etnia junto a la germánica del imperio: los húngaros. Nacía
así en 1867 el Imperio Austrohúngaro, que mantenía la primacía austríaca, pero
dejando a Hungría un amplio margen de maniobra en sus dominios. El emperador,
entonces Francisco José I[vi], pasaba
a ser a la vez rey de Hungría.
Bandera de la monarquía dual austrohúngara: Austria a la izquierda y Hungría a la derecha.
Este último periodo de
imperio destacó por las tensiones étnicas y nacionalistas, pero también por la
prosperidad económica y cultural. Viena era entonces una de las grandes ciudades
europeas al contar con más de dos millones de habitantes, y era un punto
político y cultural de primer orden, al nivel de París y Londres y muy por
delante de Berlín, capital ya de la Alemania unificada.
Todo esto se rompió con
la Primera Guerra Mundial. En los años previos, Austria se reconcilió con
Alemania y formó con ella una alianza que se amplió a Italia[vii]. La guerra
comenzaría además debido a un suceso ligado a Austria: el asesinato de su
heredero, Francisco Fernando, en la casi recién incorporada a Austria región de
Bosnia. Los autores, serbios, hicieron que Viena mandase un ultimátum a
Belgrado, que fue rechazado, iniciándose la guerra: Rusia entró para apoyar a
su protegida serbia y Alemania para hacer lo mismo con Austria. Francia y Gran
Bretaña declararon la guerra a Alemania y Austria. Tras más de cuatro largos
años de conflicto, los Imperios Centrales se rindieron.
El emperador Francisco Fernando. Por suerte para él, no vivió para ver el fin de su imperio tras la I Guerra Mundial.
El peor momento para la
historia de Austria llegó entonces: en virtud del Tratado de Saint-Germain, en
1919, el Imperio Austrohúngaro quedaba eliminado del mapa: Austria sería
reducida a su territorio actual entre los Alpes y el Danubio: los 84.000 km²
que mencionábamos previamente se quedaban extremadamente pequeños comparados
con los casi 700.000 que tenía el imperio antes de su desaparición. Hungría
también fue miniaturizada y el resto de lo que había sido el orgulloso imperio
fue para países nuevos: Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia. Transilvania pasó
a Rumania y el Tirol a Italia. Los tratados de paz impuestos a los vencidos
dejaron claro un punto crucial: Austria no podría de ninguna manera unirse a Alemania[viii].
La vida de esta primera
república austríaca fue de sobresaltos: en 1934 cayó en manos de un dictador
conservador filonazi y, solo cuatro años después, la Alemania Nazi decidió
anexionarla, el llamado anschluss. Austria pasaba a ser la zona oriental del nuevo
III Reich Alemán, dominado férreamente por el Partido Nazi de Adolf Hitler,
austríaco de nacimiento.
Lo que viene después es
ampliamente conocido: las políticas agresivas de Hitler llevaron a la Segunda
Guerra Mundial, en la que Alemania sería de nuevo derrotada, pero de una manera
mucho peor que en 1918: fue dividida entre los aliados durante unos años, y
Austria sufrió exactamente lo mismo: hubo una división en cuatro zonas:
británica, francesa, estadounidense y soviética. Viena, al igual que Berlín,
quedó dividida también en cuatro zonas.
División de Austria por los aliados tras la II Guerra Mundial. En 1955 volvió a ser independiente por primera vez desde 1938.
Sin embargo, Austria
tuvo más suerte al ser más pequeña y menos importante para los aliados: en 1955
los cuatro se pusieron de acuerdo en devolver la soberanía a los austríacos
siempre que la nueva Austria se declarase neutral en la Guerra Fría entre
Estados Unidos y la Unión Soviética. Sería un país capitalista pero nunca
miembro de la OTAN, en virtud del acuerdo con los soviéticos. Esto se mantuvo
así durante muchos años, en concreto hasta la caída del Bloque Comunista en la
Europa del Este y la propia disolución de la URSS. Austria quedaba libre de sus
ataduras y podía participar nuevamente en los asuntos europeos, decidiendo unirse
a la Unión Europea en 1995 y al euro en 1999.
En lo político, Austria
es una república parlamentaria, en la que hay un presidente y un canciller, al
estilo alemán. Es además una república federal dividida en nueve Estados:
Burgenland, Carintia, Baja Austria, Salzburgo, Estiria, Tirol (la zona norte,
ya que la sur sigue dentro de Italia), Alta Austria, Viena y Vorarlberg.
Parlamento austríaco.
El 90 % de los
austríacos hablan alemán y hay minorías de hablantes de esloveno, húngaro o
croata, además de turco por la inmigración. Además, siguen siendo
mayoritariamente católicos.
Hemos visto así la interesante
historia de Austria, además de aspectos de su geografía, política y sociedad. Un
país que fue miniaturizado pero que, al fin, después de muchas décadas, parece
que ha encontrado su ser como una tranquila y rica república en Europa Central,
plenamente integrada en la Unión Europea y con buenas relaciones en general con
sus vecinos.
BIBLIOGRAFÍA
FLORISTÁN, A (Coord.). Historia Moderna Universal. Barcelona: Ariel (2015).
PAREDES, J (Coord.). Historia Universal Contemporánea.
Barcelona: Ariel, 2010.
VVAA. Historia Universal. Madrid: Santillana,
2005.
VVAA. Atlas de Historia del Mundo. Madrid:
Parragon Books, 2009.
[i]
Con la que ha mantenido históricamente una relación especial, como veremos más
adelante.
[ii]
Otro país importante para la Historia de Austria. Ambas formaron hasta 1919 el
Imperio Austrohúngaro, uno de los mayores del continente europeo.
[iv]
Aunque se haya usado esa palabra, utilizar el término nacional antes del siglo
XIX siempre debe hacerse teniendo en cuenta que el concepto de nación es muy
moderno y que solo queda entroncado con el de Estado desde principios del XIX.
[v]
En la unificación de Alemania, Austria fue dejada de lado a pesar de su cultura
germánica y de ser germano hablantes. Prusia no quería repartirse el nuevo
imperio con Austria sino dominar ella a los otros Estados alemanes, más
pequeños.
[vi]
Que ostenta uno de los récords mundiales en cuanto a reinados más largos: en
concreto es el tercero en Europa tras Luis XIV de Francia y Juan II de
Liechtenstein, con casi 68 años de gobierno ininterrumpido entre 1848 y 1916.
[vii]
Que, no obstante, fue por libre y se declaró neutral cuando llegó el momento. Y
peor: ya en plena guerra cambió de bando y se unió a los aliados.
[viii]
Tenía sentido: si Austria se había mantenido fuera de Alemania había sido
porque Prusia no quería un rival dentro del Imperio Alemán, y la nueva Austria
ya no iba a ser nunca más una potencia rival.









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