El matrimonio de conveniencia entre nazis y soviéticos fue motivo de críticas y burlas: dos enemigos supuestamente irreconciliables, de la mano.
Sí, lo sonrojó. Y es que
pocas veces una alianza fue tan anti natura como la que firmaron en agosto de
1939 la Alemania Nazi y la Unión Soviética mediante el llamado Pacto de no
Agresión Germano-Soviético.
¿Nazis y comunistas
llegando a un acuerdo, y además bastante cordial? Sí. ¿De conveniencia? Por
supuesto. Ultraderecha y ultraizquierda se odiaban mutuamente pero el interés
unió incluso a los extremos…que acabaron tocándose, para decepción de no pocos
de sus seguidores, sobre todo en el lado comunista. El mismo Partido Comunista
de España no pudo evitar su frustración ante semejante acuerdo de la patria comunista
con los que habían ayudado activamente a Franco a ganar la Guerra Civil[i].
¿Cuál era ese interés
que pudo unir a dos enemigos tan antagónicos a priori? En realidad, hubo
varios. En primer lugar, que no les interesaba (aún) enfrentarse: Alemania
quería tener la retaguardia oriental protegida y la URSS, después de no pocas
purgas de oficiales en su ejército gracias a la ya conocida clemencia de Stalin[ii], no
estaba preparada para un conflicto inmediato. Y, en segundo lugar, que ambos
codiciaban una nación que había sido creada a partir de pedazos de los antiguos
imperios Ruso y Alemán, ambos finiquitados tras la Primera Guerra Mundial:
Polonia.
Polonia había existido
antes como país independiente y, en realidad, había sido integrada en Rusia
solo después de las Guerras Napoleónicas. Los rusos intentaron por todos los
medios rusificar a los polacos, pero estos se empeñaron, con testarudez y
orgullo, en mantener su lengua, cultura, tradiciones y religión católica. Así,
tras las derrotas de Rusia y Alemania en la Gran Guerra, surgió una nueva
Polonia que nunca agradó a esas dos potencias. La oportunidad de engullirla
llegaría ahora.
Los nazis tenían una “excusa”
para ello: que en parte de la nueva Polonia seguían viviendo alemanes, sobre
todo en lo que había sido duramente siglos Prusia, en la zona norte. Esas tierras
no podían ser Polonia de ninguna manera. Así que pronto estuvo en el punto de
mira de Berlín y Hitler.
Invadir Polonia, no
obstante, iba a suponer un problema grave: las potencias occidentales, es decir
Gran Bretaña y Francia, se apresuraron a salvaguardar la independencia de
Varsovia, aunque fuese tardíamente[iii]. Invadir
Polonia supondría una guerra, y para eso Alemania debía cubrirse las espaldas y
llegar a un acuerdo con los odiados comunistas de la Unión Soviética.
Firma de uno de los acuerdos más anti natura de la Historia: nazis y comunistas sellando la no agresión. Sentado y firmando, Mólotov. De pie, Stalin y el ministro alemán (con los ojos cerrados), Ribbentrop.
Y, lo que podía parecer
una majadería no lo fue: llegaron a un acuerdo. Tan solo unos días antes de que
comenzase la invasión de Polonia por parte de Alemania, ambos países firmaban
el pacto en Moscú, con la presencia de los dos ministros de Asuntos Exteriores,
Ribbentrop por Alemania y Mólotov por la URSS. En el mismo, acordaron la mutua
colaboración en aspectos económicos y comerciales y, lo más importante, que no
habría agresión mutua, lo que impediría a la URSS unirse a los aliados.
Esto era la parte
oficial, pero el pacto incluía una cláusula secreta: repartirse la influencia
en Europa del Este, incluida Polonia. Así, Polonia quedaría dividida: la zona
occidental para Berlín y la oriental para Moscú. La URSS también tendría vía
libre en Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania (excepto la capital, Vilna, que
sería para Alemania) y Besarabia (actual Moldavia, entonces bajo control rumano).
La invasión alemana de
Polonia el día 1 de septiembre de 1939 iniciaría la Segunda Guerra Mundial pero
el pacto Germano-Soviético funcionó: Alemania ocupó la zona occidental del
país, incluida Varsovia, y la URSS la zona oriental.
Este matrimonio de
conveniencia sería, sin embargo, relativamente breve. Una vez comenzada la
guerra mundial, la expansión alemana incomodó profundamente a Stalin, que veía
en Hitler más una amenaza que un socio. Y tenía motivos: entre 1940 y 1941
Alemania ocupó todos los Balcanes, una zona históricamente de interés para Moscú,
incluida Yugoslavia, que fue dividida en varios Estados títeres de Berlín. Así,
el pacto fue quedando en agua de borrajas.
Esa situación de
tensión explotó cuando Alemania decidió, sin previo aviso, invadir la URSS en
la Operación Barbarroja, en verano de 1941. El divorcio fue violento: millones
de muertos en el frente oriental y victoria definitiva de los soviéticos, que
llegaron a ocupar Berlín, capital del Reich que Hitler proclamó que duraría mil
años. Por suerte, fueron solo doce, y no fueron lo suficientemente cortos.
Como la Historia la
suelen escribir los vencedores, el papel turbio de la URSS en este pacto pasó a
ser anecdótico al haber vencido a Alemania. Stalin murió en el poder y el haber
sido socio de Hitler quedó en un segundo plano, al menos para los aliados
occidentales, que permitieron a la URSS anexionarse grandes territorios en
Europa del Este tras la guerra: las repúblicas bálticas, Besarabia…y toda la
zona de Polonia que habían acordado comunistas y nazis en el pacto que nos
ocupa. ¿Y con Polonia qué se hizo para compensarle las “molestias” de perder la
mitad de su territorio? Pues desplazarla unos cien kilómetros al oeste a costa
de Alemania, que para algo había sido la perdedora. Nacía Polonia en su
configuración actual: como consecuencia indirecta del pacto Germano-Soviético
que había planeado engullirla y hacerla desaparecer. Curiosidades de la
Historia.
[i] Alemania
intervino activamente en la Guerra Civil, enviado una escuadra de aviones
llamada la Legión Cóndor, autora de crímenes como el bombardeo a población
civil, destacando el caso de Guernica. La URSS también intervino en la guerra,
pero en el bando republicano. Que este pacto se firmase tan solo cinco meses
después de acabar nuestro conflicto demuestra la capacidad de adaptación de los
regímenes totalitarios.
[ii]
Obviamente, esto está escrito con ironía.
[iii] Ya le
habían dejado a Hitler quedarse con territorios como Austria o gran parte de
Checoslovaquia de una manera vergonzosa.




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