Fue una edición
inolvidable. Quedó demostrado algo muy importante: que la modestia aún puede
ganar frente a los “fuegos artificiales”. Ayer Portugal se coronó por primera
vez en sus casi cincuenta años de historia en Eurovisión, ganando con el récord
de 758 puntos, a gran distancia del segundo, Bulgaria, que logró 615.
Portugal estaba
representada por Salvador Sobral, lisboeta de 27 años, con una melodía elegante
y alternativa de jazz compuesta por su hermana, Luísa Sobral. Como coreografía
y puesta en escena, él solo ya que no necesitaba de más porque su voz y su
presencia bastaban para llenar todo el escenario y llegar a los corazones de
millones de europeos (e israelíes y australianos).
Como dijo el mismo
artista en un breve discurso al recibir el premio, “vivimos en un mundo de
música desechable, de música de comida rápida. La música no son fuegos
artificiales, es sentimiento”. Y ese principio fue el que le hizo vencer tanto
en el voto de los jurados como en el del público.
Y con la canción
portuguesa, Amar pelos dois, Eurovisión vuelve a demostrar que no es un
festival tan facilón como puede parecer a primera vista. El año pasado ya ganó
un tema nada comercial como era 1944, de música étnica y que era una
conmemoración emotiva de su intérprete, Jamala, a sus antepasados tártaros de
Crimea.
La victoria
portuguesa demuestra, asimismo, más cosas. Primero, que el voto entre vecinos
existe pero no es determinante ya que, si lo fuera, Portugal nunca habría
ganado al tener solo un vecino, que somos nosotros, los españoles. Y, por
supuesto, digo que existe como demuestran actitudes como las de los jurados
griego y chipriota, que se dieron la máxima puntuación entre ellos obviando
todo principio musical. Afortunadamente, fueron casos puntuales en esta
edición.
Segundo, que no solo
pueden ganar canciones en inglés. Es cierto que en los últimos años han ganado
canciones en inglés al ser la lengua de comunicación internacional más
extendida, pero ello no es determinante
para lograr la victoria. Portugal ha cantado en su idioma pero transmitiendo
una emotividad que va más allá de la lengua de cada uno. El año pasado, Jamala
ganó con una canción cuyo estribillo estaba en tártaro de Crimea. Por tanto, la
lengua tampoco es determinante para la victoria y España debería tomar buena
nota de ello.
Y tercero, en
Eurovisión no siempre ganan las opciones comerciales. Amar pelos dois no va a
estar en las grandes listas de “éxitos” machacones del verano, pero tampoco lo
necesita para triunfar. Y, de hecho, canciones vencedoras en años anteriores
tampoco eran comerciales, como la del año pasado y muchas otras. Éxitos como
los suecos de Loreen y Mans Zelmerlow sí son comerciales, lo cual no significa
que fuesen malos sino diferentes a la canción llena de ternura que han
preferido los europeos este año.
¿Y qué pasa con
España? La Península Ibérica ha sido un espejo esperpéntico: mientras que nuestros vecinos portugueses
han ganado de manera histórica, España ha perdido también de manera histórica
al quedar última con apenas cinco puntos en total. Solo en cuatro ocasiones
habíamos quedado últimos anteriormente: en 1999, 1983, 1965 y 1962. Es decir,
hacía bastante que no teníamos un resultado tan lamentable. Y la culpa no es
exclusiva de Manel Navarro, nuestro representante, que tuvo una actuación mala
y con un gallo que pasará a la historia de Eurovisión en España, sino, más aún,
de los responsables del festival en Televisión Española, que están llenos de
desidia y sin ambición por hacer un buen papel.
Y muestra de esto
último son los resultados de España en los últimos diez años:
2017: 26º (Manel
Navarro, último lugar)
2016: 22º (Barei)
2015: 21º (Edurne)
2014: 10º (Ruth
Lorenzo)
2013: 25º (El Sueño
de Morfeo)
2012: 10º (Pastora Soler)
2011: 23º (Lucía Pérez)
2010: 15º (Daniel Diges)
2009: 24º (Soraya Arnelas)
2008: 16º (Rodolfo Chikilicuatre)
2007: 20º (D´Nash)
Es decir, en nada
menos que diez años nuestros mejores puestos fueron en 2014 y 2012 con un décimo
puesto y gracias a la gran potencia de Ruth Lorenzo y Pastora Soler. Algo hará
mal la delegación española para lograr unos resultados tan pésimos, por lo que
deben asumirse responsabilidades y renovar profundamente el equipo de cara al
año que viene.
En conclusión, solo
puedo dar la enhorabuena a Portugal y a Salvador Sobral por su espléndida actuación
y por traer la celebración del festival a la Península el año que viene, por
primera vez desde 1969, cuando fue en Madrid. Y, cómo no, debajo os dejo el
video de su actuación en la final de ayer:


Muy buena publicación. La victoria de Portugal ha sido bien merecida y ha roto con prácticamente todos los mitos que existen sobre el festival. Puedes pasarte por mi blog, donde también he tratado el Festival de Eurovisión: http://tomoncioblog.wordpress.com ¡Un saludo!
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