El nombre todavía no
es muy conocido pero en España debemos tenerlo muy en cuenta: son algo más de
60.000 km² (el doble que Bélgica) en donde vive tan poca gente que la densidad
de población es inferior a los 8 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir,
casi está despoblada. En toda la Unión Europea, solo Laponia, en el norte de
Suecia y Finlandia, está tan poco poblada. La diferencia es que, a diferencia
de Laponia, que siempre ha estado muy poco poblada debido a sus difíciles
condiciones climáticas, la Serranía Celtibérica inició su grave despoblamiento
hace solo unas décadas. Hoy cuenta con menos de medio millón de habitantes (Bélgica
en la mitad de territorio supera los once millones).
Es cierto que el
clima en la zona no es el más agradable para la vida humana: es frío en
invierno (a algunas zonas se las apoda la Siberia española) y en verano
normalmente caluroso en el llano y fresco en las zonas de montaña. Como su
nombre indica, predominan las zonas elevadas coincidiendo con el Sistema
Ibérico y su apellido, Celtibérica, se debe al pueblo prerromano que habitaba
esa región en la Antigüedad. Pero en los últimos siglos nunca había alcanzado los niveles de despoblación actuales.
La Serranía
Celtibérica, también al contrario que Laponia, no es una unidad administrativa
sino que está dividida en diez provincias (Burgos, Castellón, Cuenca, Guadalajara,
La Rioja, Segovia, Soria, Teruel, Valencia y Zaragoza) enclavadas a su vez en
cinco comunidades diferentes (Castilla y León, Comunidad Valenciana,
Castilla-La Mancha, La Rioja y Aragón). Esto dificulta su coordinación a la
hora de afrontar el grave problema de la huida de la población joven de esa
región ante la falta de perspectivas de futuro y el envejecimiento.
Como se ve en el
siguiente mapa, la escasa población varía también dentro de la Serranía
Celtibérica. Solo un municipio supera los 50.000 habitantes, Cuenca, y otros
tres más los 10.000: Soria, Calatayud y Teruel. Todos los demás están por
debajo de ese umbral y solo uno, Almazán, tiene más de 5.000. El resto, son
pequeñas poblaciones. El cénit de vacío de población está en los Montes
Universales, entre Cuenca, Guadalajara y Teruel, en donde muchos municipios no
llegan siquiera a dos habitantes por kilómetro cuadrado. Encontrarse con otra
persona en esos parajes es tremendamente difícil. Incluso hay zonas en donde ni
se alcanza un solo habitante por kilómetro cuadrado, algo que en el mundo solo
se puede ver en lugares remotos como el Sahara, Siberia, la Patagonia
argentina, la Amazonia o el norte de Canadá. Impresiona ese vacío, a la vez que
preocupa.
Los municipios en color más oscuro tienen densidades de población solo comparables a los lugares más desolados del planeta, como el Sahara, Siberia o la Patagonia.
Y lo más sorprendente
de la Serranía Celtíbera es que en un radio de solo cien kilómetros a su
alrededor tiene varias de las grandes ciudades de España: Madrid con su área
metropolitana al oeste alcanza los seis millones y medio de habitantes y es la
tercera área urbana de la UE, un contraste brutal con el vacío que se extiende
al este de su territorio. Algo más al norte está Valladolid con más de 300.000
habitantes, Bilbao que en su área metropolitana casi alcanza el millón,
Zaragoza al este con casi 700.000 habitantes y Valencia al sureste con más de
dos millones de personas viviendo en su área metropolitana.
Así, no es de
extrañar que en un mapa que represente la densidad de población de España por
municipios veamos algo parecido a esto:
Es decir, un punto en
el centro con una muy alta densidad de población, que es el llamado Gran Madrid,
con una influencia más allá de los límites de su comunidad, y, justo al este
del mismo, un vacío de color en el que solo destacan las capitales
provinciales, Cuenca y Teruel. ¿Algún día las administraciones se darán cuenta
de la gravedad del problema y de los desequilibrios territoriales en España?





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