Están ahí arriba. A millones
y millones de kilómetros, pero están. Existen miles de millones de planetas en
la Galaxia y ni por asomo conocemos todos. Como mucho una ínfima cantidad de
ellos tienen nombre si contamos con los que pueda haber en todas las galaxias
del universo. Este es un tema en el que ciencia y misticismo pueden
confundirse, pero en este artículo hablaremos desde el punto de vista de lo que
conocemos a día de hoy y nos centraremos en nuestro Sistema Solar, del que
forma parte nuestro pequeño planeta, nuestro “barrio” estelar.
El Sistema Solar es
un conjunto de astros formado por una estrella, el Sol, los planetas a ella
adscritos y sus satélites respectivos, además de los cometas y los asteroides. El
Sol es una estrella de tamaño mediano amarilla. Tiene unos 5.000 millones de
años y está justo a mitad de su vida, por lo que continuará brillando otros
4.500 millones de años más. A su alrededor orbitan todos los demás astros del
Sistema Solar debido a su efecto gravitatorio. Es unas 330.000 veces más grande
que la Tierra y está compuesto sobre todo por hidrógeno y helio. La temperatura
en su superficie alcanza los 5.500°C. Está envuelto por la corona, gases que se
extienden cientos de miles de kilómetros desde su superficie. La energía que
produce es inmensa: con la que emite en un segundo se podría abastecer a la
Tierra durante un millón de años.
Los planetas, por su
parte, son astros que orbitan alrededor del Sol siguiendo unas trayectorias
llamadas órbitas en forma de elipse. Cuanto más alejado está un planeta del
Sol, más tiempo tarda en rodearlo. Así, Mercurio tarda solo 88 días, la Tierra
365 y el planeta enano Plutón tarda nada menos que 248 años. Casi todos los
planetas del Sistema tienen satélites (excepto Mercurio y Venus) y cuatro de
ellos tienen anillos (los gaseosos). También son parte del Sistema Solar los
asteroides, en su mayoría concentrados en un cinturón entre las órbitas de
Marte y Júpiter, así como los cometas, son órbitas más variables.
El astro más grande
es, con diferencia, el Sol, que deja muy pequeños a los planetas. El más grande
es Júpiter, como veremos más adelante, seguido de Saturno, Urano y Neptuno, que
son los llamados gigantes gaseosos, debido a su composición. Los planetas
rocosos están más cerca del Sol y son mucho más pequeños (Mercurio, Venus,
Tierra y Marte). Los planetas enanos también son rocosos pero no tienen una
única localización. Hasta Neptuno los planetas tienen órbitas en el mismo
plano. Plutón, ahora planeta enano, tiene una órbita más extraña: inclinada
respecto a las otras y que se cruza con la de Neptuno, por lo que a veces
Plutón está más cerca del Sol que el gigante azul.
MERCURIO
Es el planeta más
cercano al Sol, un pequeño astro rocoso y abrasado por los rayos de la
estrella. Su superficie está recubierta de cráteres y se parece a la de nuestra
Luna. Su cercanía al Sol hace de este un planeta de extremos: alcanza 420°C en
su cara iluminada por la estrella y -180°C en la oscura. Debe su nombre al dios
romano Mercurio (Hermes para los griegos), que le fue dado en la Antigüedad. El
origen del nombre puede deberse a su aparente velocidad en cruzar los cielos,
ya que el dios Mercurio era el mensajero de los dioses y portaba unas
zapatillas y casco alados que le hacían ser muy rápido.
Es un planeta muy
pequeño: su diámetro es un tercio del terrestre. Su gravedad es muy débil e
incapaz de tener una atmósfera. Por ello no tiene fenómenos atmosféricos que
borren los cráteres de los meteoritos, como pasa en la Luna. Además, no tener
atmósfera supone no tener tampoco efecto invernadero, de ahí los grandes
contrastes de temperatura. Un fenómeno interesante de Mercurio (y de Venus) es
los tránsitos, el paso de uno de estos planetas por delante del disco solar, pudiéndose
observar desde la Tierra. El último tránsito de Mercurio fue en 2016 y el
siguiente será en 2019.
VENUS
Es el segundo planeta
más cercano al Sol y recibe su nombre de la diosa romana del amor y la belleza
femenina (Afrodita para los griegos). El motivo quizá sea la belleza de este
planeta en los cielos terrestres, en especial observable al amanecer y
anochecer (es el tercer objeto más brillante en el cielo después del Sol y la
Luna). Sin embargo, este planeta no es nada romántico en realidad: se trata de
un infierno con altísimas temperaturas, una atmósfera tóxica y vientos de gran
velocidad.
Su atmósfera es muy
densa formada sobre todo por dióxido de carbono, con nubes kilométricas de
ácido sulfúrico. Estas nubes tapan completamente la superficie e impiden su
visión desde el espacio. En las capas altas de su atmósfera se alcanzan vientos
de hasta 350 km/h. La capa de nubes provoca un efecto invernadero muy fuerte
que eleva la temperatura terrestre hasta los 500 grados, superior incluso a la
de Mercurio, abrasado por el Sol. Por lo demás, Venus en cuanto a tamaño es
prácticamente igual a la Tierra (solo algo más pequeño) y no tiene satélites,
al igual que Mercurio. Las exploraciones espaciales han logrado revelar que la
superficie venusiana está cubierta de volcanes y extensas coladas de lava.
TIERRA
El tercer planeta del
Sistema Solar es único y no solo por ser nuestro hogar. Un cúmulo de
circunstancias especiales como su distancia al Sol, la existencia de atmósfera
o la presencia de agua líquida han hecho que sea apto para la vida. Si estuviese
más cerca del Sol las temperaturas serían demasiado altas y algo más lejos
serían demasiado bajas para la vida. La atmósfera, por su parte, suaviza las
temperaturas, las eleva con el efecto invernadero y nos protege de radiaciones
nocivas del Sol. Y sin agua líquida no habría vida ya que esta se originó en
los océanos. El 71 % de la superficie terrestre está cubierta de agua. Así, la
temperatura media en nuestra superficie es de 14 grados que, sin el efecto
invernadero, sería de unos -20. Curiosamente, el nombre del planeta hace
referencia al tercio de tierra emergida de entre los mares, que es donde
vivimos, aunque también responde a la personificación del planeta con la diosa
griega y romana Gea.
La Tierra es el prototipo
de planeta rocoso con corteza, manto y núcleo. Ha sido profundamente explorada
tanto desde dentro del planeta como desde el espacio gracias a los numerosos
satélites artificiales que los humanos hemos enviado a la atmósfera con ese
fin. A veces demasiados que, al dejar de ser útiles, han pasado a ser basura
espacial.
Luna
Es el astro más
observado de los cielos y protagonista de muchas de nuestras noches al ser el
que más brilla tras el Sol. Su brillo procede de la luz solar que se refleja en
su superficie. Gira alrededor de la Tierra siguiendo una órbita elíptica. Estamos
separados por 384.400 km y es un satélite relativamente grande, y más aún
considerando el tamaño de la Tierra. No tiene atmósfera pero sí se ha detectado
en sus polos agua en forma de hielo. Su superficie destaca por estar poblada de
cráteres y de extensiones llamadas mares. La Luna siempre muestra la misma cara
hacia nosotros ya que su periodo de rotación coincide con el de traslación
alrededor de la Tierra. Así, hay una cara no visible desde nuestro planeta que
también conocemos ahora gracias a las exploraciones espaciales (la Luna es el
astro más conocido por los humanos desde épocas remotas y el único que ha
pisado nuestra especie fuera del nuestro, entre 1969 y 1974). La temperatura
media allí es de -23 grados que pueden bajar hasta -147.
El origen de la Luna,
no obstante, es desconocido todavía. Se creyó que era una porción de la Tierra
desprendida durante la formación del planeta pero, en ese caso, la fuerza de la
gravedad la hubiera vuelto a atraer. Además, la densidad de la Tierra y de la
Luna es diferente, por lo que se descarta esa hipótesis. Se cree que la Luna
pudo ser un planeta primitivo que cayó en el campo magnético de la Tierra.
MARTE
Es el planeta rojo,
un astro que ha despertado la curiosidad humana desde antiguo. Su nombre
procede del dios romano de la guerra (Ares para los griegos) y se debe al color
rojizo de su superficie, el mismo que el de la sangre con la que disfrutaba ese
dios. Es un planeta que siempre ha fascinado y se creyó en su día que había
canales en su superficie y, por tanto, civilización, lo cual resultó ser
erróneo. En realidad es un desierto frío (temperaturas medias de -55 grados) cuyo
paisaje es muy parecido al de muchos desiertos de la Tierra. Tiene una fina
atmósfera de dióxido de carbono.
Marte tiene algunas
de las formaciones geológicas más increíbles del Sistema Solar como el Valle
Marineris, un cañón gigante de 4.000 km de longitud y hasta 7 km de
profundidad; o el Monte Olimpo, un inmenso volcán de hasta 24 km de altitud
(nuestro Everest no llega a los 9) y hasta 500 km de diámetro en su base. Además,
tiene hielo en sus polos y hay evidencia de agua líquida en su superficie en el
pasado, siendo así el planeta más parecido a la Tierra y el más explorado
mediante pequeños robots de tipo rover que nos han enviado fotografías de buena
calidad. Para finalizar, destacar que Marte tiene dos pequeños satélites, Fobos
y Deimos, muy pequeños y que se cree eran asteroides que fueron atrapados por
la gravedad marciana.
JÚPITER
Es el primero de los
planetas exteriores, un gigante que, a pesar de estar muy lejos de la Tierra,
puede ser visto con solo unos buenos prismáticos, apreciando su disco y cuatro
de sus satélites (es el cuarto astro más brillante en nuestros cielos). Su nombre
hace referencia al rey de los dioses de la mitología grecorromana (Zeus para
los griegos). Su tamaño preeminente hace que los antiguos le dieran por lógica
el nombre del principal dios del panteón, aunque en realidad sea solo algo más
grande que Saturno. Es un planeta gaseoso (como también lo son Saturno, Urano y
Neptuno), lo que supone que no tenga superficie sólida y que lo que se ve desde
el exterior sea la parte externa de una gruesa atmósfera. Eso sí, se cree que
todos los planetas gaseosos tienen un núcleo rocoso. La capa que rodea Júpiter
está compuesta sobre todo por hidrógeno y helio. Su temperatura media es de
-121 grados.
Su superficie muestra
bandas debido a las nubes de la atmósfera con una formación peculiar: la Gran
Mancha Roja, una región de altas presiones con nubes más altas y frías que las
circundantes. Tiene 12.000 km de anchura y 25.000 de longitud, observada por
primera vez hace 300 años y que hoy se está haciendo menos visible. Por otro
lado, Júpiter tiene anillos, como los demás planetas gaseosos, aunque mucho
menos brillantes que los de Saturno. Tiene más de 60 satélites, siendo cuatro
de ellos especialmente grandes, los llamados galileanos en honor al astrónomo
Galileo Galilei: Ío, Europa,
Ganímedes y Calisto.
SATURNO
Saturno es el planeta
más fascinante para muchos debido a sus impresionantes anillos. Su nombre se
debe al dios romano del tiempo (asimilable al griego Cronos), padre de los
dioses olímpicos, y quizá por ello se le dio ese nombre al ser “vecino” de
Júpiter. Como este, tiene temperaturas
medias muy bajas de unos -180 grados. Sus anillos están compuestos por
fragmentos de roca y hielo y, a pesar de su aspecto, son muy finos: apenas
miden un kilómetro de grosor. Son miles de anillos agrupados en tres grupos. Cuando
Galileo observó el planeta con su primitivo telescopio no entendió el por qué
de la peculiar forma elíptica del planeta, y ello más tarde se aclaró al verse
los anillos por primera vez en 1659.
Es un planeta casi
tan grande como Júpiter, y su superficie muestra bandas de gas semejantes
aunque menos contrastadas. Su atmósfera está compuesta por hidrógeno y helio y tiene
un núcleo rocoso. Con solo un pequeño telescopio se pueden apreciar los anillos
y la sombra del planeta sobre estos, aunque ver su superficie es más
complicado. Saturno tiene como mínimo 33 satélites, siendo los más destacados
Titán (el más grande del Sistema Solar), Rea, Iapeto, Dione y Tetis.
URANO Y NEPTUNO
Son los dos planetas
gaseosos más alejados y también gigantes comparados con los planetas
interiores, aunque su tamaño es mucho más reducido que el de Júpiter y Saturno.
Son mundos aún poco conocidos y descubiertos ya en la Edad Moderna (están tan
lejos que no fueron observables en la Antigüedad).
Urano fue descubierto
en 1781. Su nombre se debe al dios del cielo, Urano, padre a su vez de Saturno
y abuelo de Júpiter, motivo por el que se le dio ese nombre. Está cubierto por
una espesa atmósfera de hidrógeno, helio y metano. La superficie está formada
por la capa externa de su atmósfera y solo se aprecian las nubes si se tratan
las fotografías y se intensifican los colores. Sus anillos son difíciles de
observar al ser muy oscuros. Su rotación es muy peculiar: en sentido contrario
a la terrestre y además con un eje de rotación paralelo, por lo que “rueda”
como hace una canica. Es muy difícil observarlo incluso con telescopio. Su temperatura
media es de unos -200 grados. Tiene 27 satélites, destacando Titania, Oberón y
Ariel.
En cuanto a Neptuno,
su intenso color azul no tiene nada que ver con océanos pero sí fue debido a
ello por lo que fue nombrado en honor al dios romano del mar (Poseidón para los
griegos). Como todos los gigantes gaseosos, su superficie corresponde con las
capas más externas de su gruesa atmósfera. Su composición es muy similar a la
de Urano. Fue descubierto en 1846
gracias a las irregularidades de la órbita de Urano que permitieron
apreciar que existía la influencia gravitatoria de otro planeta. A diferencia
de Urano, en Neptuno sí se aprecian bandas de nubes y formaciones curiosas,
destacando la gran mancha negra, una zona tormentosa similar a la de Júpiter
con vientos de hasta 1.000 km/h que, sin embargo, ha desaparecido aunque se ha
formado otra en el hemisferio norte del planeta. Su observación es también
difícil y con un telescopio normal como mucho se puede ver como un diminuto
disco azulado. Tiene 13 satélites como mínimo, siendo el más grande con
diferencia Tritón.
PLANETAS ENANOS
Es un término
bastante reciente creado por la Unión Astronómica Internacional en 2006
basándose en que no han “limpiado” la vecindad de su órbita de otros astros
menores y, además, su origen puede ser diferente al de los planetas. Por el
contrario, tampoco son asteroides debido a tener suficiente masa para que su
gravedad haya alcanzado un equilibrio isostático, es decir, una forma casi
esférica. Además, no son satélites de otro planeta.
Las consecuencias de
la creación de esta categoría son que Plutón, considerado planeta hasta 2006,
pasase a ser planeta enano. En un proceso inverso, astros hasta entonces
asteroides como Ceres pasaron a ser planetas enanos.
Los planetas enanos
son los siguientes:
-
Ceres:
situado en el Cinturón de Asteroides entre Marte y Júpiter. Recibe su nombre de
la diosa romana de los cereales y la agricultura (Deméter para los griegos). Fue
descubierto en 1801 y es el único astro del Cinturón con equilibrio isostático,
es decir, con forma esférica. Es el más pequeño de los planetas enanos. No tiene
satélites.
-
Plutón:
situado más allá de Neptuno, ya en los confines del Sistema Solar al
localizarse en el Cinturón de Kuiper. Está tan lejos que un rayo de Sol tarda
más de cinco horas en llegar hasta él. Fue descubierto en 1930 y es un pequeño
mundo helado compuesto por hielo y rocas con una atmósfera muy tenue. Su nombre
se debe al dios de los muertos y del Inframundo para los romanos (Hades para
los griegos) al encontrarse en una región en tinieblas. Tiene un satélite
principal, Caronte, bastante grande en relación con el planeta, más otros
cuatro más pequeños.
-
Eris:
es el segundo planeta enano más grande tras Plutón. Se ubica en la región del
Disco Disperso, solapada con el Cinturón de Kuiper. Es aún muy poco conocido y
todavía no ha recibido la visita de ninguna sonda espacial. Fue descubierto en
2005 y precisamente ese descubrimiento fue el que hizo que se replantease el
término planeta al considerar que podía haber varios más. Su nombre inicial fue
Xena, y más tarde se le denominó Eris por la diosa griega de la discordia,
nombre adecuado considerando el debate que provocó su descubrimiento que acabó
con la creación de la categoría de planeta enano. Tiene un satélite.
-
Makemake:
situado en el Cinturón de Kuiper, es el tercer planeta enano en tamaño, siendo
la mitad que Plutón. Fue descubierto en 2005 y su nombre corresponde con el
dios Make-Make de los nativos de la Isla de Pascua, al ser descubierto en la
Semana de Pascua. Tiene un satélite.
-
Haumea:
también en el Cinturón de Kuiper, fue descubierto en 2003 por el observatorio
de Sierra Nevada en España aunque otro observatorio en Estados Unidos intentó atribuírselo
al año siguiente y, de hecho, consiguió darle el nombre definitivo el honor a
la diosa hawaiana de la natalidad (los españoles habían propuesto llamarlo Ataecina,
diosa de la primavera y de la fertilidad para los pueblos prerromanos ibéricos.
Su forma es elíptica y tiene dos satélites.
¿UN NOVENO PLANETA?
Todavía está investigándose
a raíz de un estudio publicado en 2016
que señala que explicaría el comportamiento de los astros más allá de Neptuno. Hay
astrónomos que consideran que hay un 90 % de probabilidad de que exista y sería
otro gigante gaseoso expulsado al Sistema Solar exterior (en la frontera entre
el Cinturón de Kuiper y la Nube de Oort, última región del Sistema Solar), diez
veces más grande que la Tierra. Así, sería similar a Urano y Neptuno.
BIBLIOGRAFÍA:
AAVV. Ciencias de la Tierra y del Universo. Madrid: Santillana, 2005.
BIBLIOGRAFÍA:
AAVV. Ciencias de la Tierra y del Universo. Madrid: Santillana, 2005.













MUY BIEN BUEN TRABAJO PROFE 😀🤣😁
ResponderEliminarEs verdad otro anonymous muy bien trabajo
ResponderEliminarBuen trabajo
ResponderEliminarProfe muy dinámico y fácil de entender 10 de 10 😀
ResponderEliminarExcelente
ResponderEliminarsi pongan imagen de la luna
ResponderEliminarla leimos
ResponderEliminarl