martes, 7 de febrero de 2017

Los planetas del Sistema Solar



Están ahí arriba. A millones y millones de kilómetros, pero están. Existen miles de millones de planetas en la Galaxia y ni por asomo conocemos todos. Como mucho una ínfima cantidad de ellos tienen nombre si contamos con los que pueda haber en todas las galaxias del universo. Este es un tema en el que ciencia y misticismo pueden confundirse, pero en este artículo hablaremos desde el punto de vista de lo que conocemos a día de hoy y nos centraremos en nuestro Sistema Solar, del que forma parte nuestro pequeño planeta, nuestro “barrio” estelar. 

El Sistema Solar es un conjunto de astros formado por una estrella, el Sol, los planetas a ella adscritos y sus satélites respectivos, además de los cometas y los asteroides. El Sol es una estrella de tamaño mediano amarilla. Tiene unos 5.000 millones de años y está justo a mitad de su vida, por lo que continuará brillando otros 4.500 millones de años más. A su alrededor orbitan todos los demás astros del Sistema Solar debido a su efecto gravitatorio. Es unas 330.000 veces más grande que la Tierra y está compuesto sobre todo por hidrógeno y helio. La temperatura en su superficie alcanza los 5.500°C. Está envuelto por la corona, gases que se extienden cientos de miles de kilómetros desde su superficie. La energía que produce es inmensa: con la que emite en un segundo se podría abastecer a la Tierra durante un millón de años. 

Los planetas, por su parte, son astros que orbitan alrededor del Sol siguiendo unas trayectorias llamadas órbitas en forma de elipse. Cuanto más alejado está un planeta del Sol, más tiempo tarda en rodearlo. Así, Mercurio tarda solo 88 días, la Tierra 365 y el planeta enano Plutón tarda nada menos que 248 años. Casi todos los planetas del Sistema tienen satélites (excepto Mercurio y Venus) y cuatro de ellos tienen anillos (los gaseosos). También son parte del Sistema Solar los asteroides, en su mayoría concentrados en un cinturón entre las órbitas de Marte y Júpiter, así como los cometas, son órbitas más variables. 

El astro más grande es, con diferencia, el Sol, que deja muy pequeños a los planetas. El más grande es Júpiter, como veremos más adelante, seguido de Saturno, Urano y Neptuno, que son los llamados gigantes gaseosos, debido a su composición. Los planetas rocosos están más cerca del Sol y son mucho más pequeños (Mercurio, Venus, Tierra y Marte). Los planetas enanos también son rocosos pero no tienen una única localización. Hasta Neptuno los planetas tienen órbitas en el mismo plano. Plutón, ahora planeta enano, tiene una órbita más extraña: inclinada respecto a las otras y que se cruza con la de Neptuno, por lo que a veces Plutón está más cerca del Sol que el gigante azul. 

MERCURIO 

Es el planeta más cercano al Sol, un pequeño astro rocoso y abrasado por los rayos de la estrella. Su superficie está recubierta de cráteres y se parece a la de nuestra Luna. Su cercanía al Sol hace de este un planeta de extremos: alcanza 420°C en su cara iluminada por la estrella y -180°C en la oscura. Debe su nombre al dios romano Mercurio (Hermes para los griegos), que le fue dado en la Antigüedad. El origen del nombre puede deberse a su aparente velocidad en cruzar los cielos, ya que el dios Mercurio era el mensajero de los dioses y portaba unas zapatillas y casco alados que le hacían ser muy rápido. 

Es un planeta muy pequeño: su diámetro es un tercio del terrestre. Su gravedad es muy débil e incapaz de tener una atmósfera. Por ello no tiene fenómenos atmosféricos que borren los cráteres de los meteoritos, como pasa en la Luna. Además, no tener atmósfera supone no tener tampoco efecto invernadero, de ahí los grandes contrastes de temperatura. Un fenómeno interesante de Mercurio (y de Venus) es los tránsitos, el paso de uno de estos planetas por delante del disco solar, pudiéndose observar desde la Tierra. El último tránsito de Mercurio fue en 2016 y el siguiente será en 2019. 

VENUS

Es el segundo planeta más cercano al Sol y recibe su nombre de la diosa romana del amor y la belleza femenina (Afrodita para los griegos). El motivo quizá sea la belleza de este planeta en los cielos terrestres, en especial observable al amanecer y anochecer (es el tercer objeto más brillante en el cielo después del Sol y la Luna). Sin embargo, este planeta no es nada romántico en realidad: se trata de un infierno con altísimas temperaturas, una atmósfera tóxica y vientos de gran velocidad.

Su atmósfera es muy densa formada sobre todo por dióxido de carbono, con nubes kilométricas de ácido sulfúrico. Estas nubes tapan completamente la superficie e impiden su visión desde el espacio. En las capas altas de su atmósfera se alcanzan vientos de hasta 350 km/h. La capa de nubes provoca un efecto invernadero muy fuerte que eleva la temperatura terrestre hasta los 500 grados, superior incluso a la de Mercurio, abrasado por el Sol. Por lo demás, Venus en cuanto a tamaño es prácticamente igual a la Tierra (solo algo más pequeño) y no tiene satélites, al igual que Mercurio. Las exploraciones espaciales han logrado revelar que la superficie venusiana está cubierta de volcanes y extensas coladas de lava. 

TIERRA

El tercer planeta del Sistema Solar es único y no solo por ser nuestro hogar. Un cúmulo de circunstancias especiales como su distancia al Sol, la existencia de atmósfera o la presencia de agua líquida han hecho que sea apto para la vida. Si estuviese más cerca del Sol las temperaturas serían demasiado altas y algo más lejos serían demasiado bajas para la vida. La atmósfera, por su parte, suaviza las temperaturas, las eleva con el efecto invernadero y nos protege de radiaciones nocivas del Sol. Y sin agua líquida no habría vida ya que esta se originó en los océanos. El 71 % de la superficie terrestre está cubierta de agua. Así, la temperatura media en nuestra superficie es de 14 grados que, sin el efecto invernadero, sería de unos -20. Curiosamente, el nombre del planeta hace referencia al tercio de tierra emergida de entre los mares, que es donde vivimos, aunque también responde a la personificación del planeta con la diosa griega y romana Gea. 

La Tierra es el prototipo de planeta rocoso con corteza, manto y núcleo. Ha sido profundamente explorada tanto desde dentro del planeta como desde el espacio gracias a los numerosos satélites artificiales que los humanos hemos enviado a la atmósfera con ese fin. A veces demasiados que, al dejar de ser útiles, han pasado a ser basura espacial. 

Luna

Es el astro más observado de los cielos y protagonista de muchas de nuestras noches al ser el que más brilla tras el Sol. Su brillo procede de la luz solar que se refleja en su superficie. Gira alrededor de la Tierra siguiendo una órbita elíptica. Estamos separados por 384.400 km y es un satélite relativamente grande, y más aún considerando el tamaño de la Tierra. No tiene atmósfera pero sí se ha detectado en sus polos agua en forma de hielo. Su superficie destaca por estar poblada de cráteres y de extensiones llamadas mares. La Luna siempre muestra la misma cara hacia nosotros ya que su periodo de rotación coincide con el de traslación alrededor de la Tierra. Así, hay una cara no visible desde nuestro planeta que también conocemos ahora gracias a las exploraciones espaciales (la Luna es el astro más conocido por los humanos desde épocas remotas y el único que ha pisado nuestra especie fuera del nuestro, entre 1969 y 1974). La temperatura media allí es de -23 grados que pueden bajar hasta -147. 

El origen de la Luna, no obstante, es desconocido todavía. Se creyó que era una porción de la Tierra desprendida durante la formación del planeta pero, en ese caso, la fuerza de la gravedad la hubiera vuelto a atraer. Además, la densidad de la Tierra y de la Luna es diferente, por lo que se descarta esa hipótesis. Se cree que la Luna pudo ser un planeta primitivo que cayó en el campo magnético de la Tierra. 

MARTE 

Es el planeta rojo, un astro que ha despertado la curiosidad humana desde antiguo. Su nombre procede del dios romano de la guerra (Ares para los griegos) y se debe al color rojizo de su superficie, el mismo que el de la sangre con la que disfrutaba ese dios. Es un planeta que siempre ha fascinado y se creyó en su día que había canales en su superficie y, por tanto, civilización, lo cual resultó ser erróneo. En realidad es un desierto frío (temperaturas medias de -55 grados) cuyo paisaje es muy parecido al de muchos desiertos de la Tierra. Tiene una fina atmósfera de dióxido de carbono. 

Marte tiene algunas de las formaciones geológicas más increíbles del Sistema Solar como el Valle Marineris, un cañón gigante de 4.000 km de longitud y hasta 7 km de profundidad; o el Monte Olimpo, un inmenso volcán de hasta 24 km de altitud (nuestro Everest no llega a los 9) y hasta 500 km de diámetro en su base. Además, tiene hielo en sus polos y hay evidencia de agua líquida en su superficie en el pasado, siendo así el planeta más parecido a la Tierra y el más explorado mediante pequeños robots de tipo rover que nos han enviado fotografías de buena calidad. Para finalizar, destacar que Marte tiene dos pequeños satélites, Fobos y Deimos, muy pequeños y que se cree eran asteroides que fueron atrapados por la gravedad marciana. 

JÚPITER

Es el primero de los planetas exteriores, un gigante que, a pesar de estar muy lejos de la Tierra, puede ser visto con solo unos buenos prismáticos, apreciando su disco y cuatro de sus satélites (es el cuarto astro más brillante en nuestros cielos). Su nombre hace referencia al rey de los dioses de la mitología grecorromana (Zeus para los griegos). Su tamaño preeminente hace que los antiguos le dieran por lógica el nombre del principal dios del panteón, aunque en realidad sea solo algo más grande que Saturno. Es un planeta gaseoso (como también lo son Saturno, Urano y Neptuno), lo que supone que no tenga superficie sólida y que lo que se ve desde el exterior sea la parte externa de una gruesa atmósfera. Eso sí, se cree que todos los planetas gaseosos tienen un núcleo rocoso. La capa que rodea Júpiter está compuesta sobre todo por hidrógeno y helio. Su temperatura media es de -121 grados. 

Su superficie muestra bandas debido a las nubes de la atmósfera con una formación peculiar: la Gran Mancha Roja, una región de altas presiones con nubes más altas y frías que las circundantes. Tiene 12.000 km de anchura y 25.000 de longitud, observada por primera vez hace 300 años y que hoy se está haciendo menos visible. Por otro lado, Júpiter tiene anillos, como los demás planetas gaseosos, aunque mucho menos brillantes que los de Saturno. Tiene más de 60 satélites, siendo cuatro de ellos especialmente grandes, los llamados galileanos en honor al astrónomo Galileo Galilei: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto.

SATURNO 

Saturno es el planeta más fascinante para muchos debido a sus impresionantes anillos. Su nombre se debe al dios romano del tiempo (asimilable al griego Cronos), padre de los dioses olímpicos, y quizá por ello se le dio ese nombre al ser “vecino” de Júpiter.  Como este, tiene temperaturas medias muy bajas de unos -180 grados. Sus anillos están compuestos por fragmentos de roca y hielo y, a pesar de su aspecto, son muy finos: apenas miden un kilómetro de grosor. Son miles de anillos agrupados en tres grupos. Cuando Galileo observó el planeta con su primitivo telescopio no entendió el por qué de la peculiar forma elíptica del planeta, y ello más tarde se aclaró al verse los anillos por primera vez en 1659.

Es un planeta casi tan grande como Júpiter, y su superficie muestra bandas de gas semejantes aunque menos contrastadas. Su atmósfera está compuesta por hidrógeno y helio y tiene un núcleo rocoso. Con solo un pequeño telescopio se pueden apreciar los anillos y la sombra del planeta sobre estos, aunque ver su superficie es más complicado. Saturno tiene como mínimo 33 satélites, siendo los más destacados Titán (el más grande del Sistema Solar), Rea, Iapeto, Dione y Tetis. 

URANO Y NEPTUNO 

Son los dos planetas gaseosos más alejados y también gigantes comparados con los planetas interiores, aunque su tamaño es mucho más reducido que el de Júpiter y Saturno. Son mundos aún poco conocidos y descubiertos ya en la Edad Moderna (están tan lejos que no fueron observables en la Antigüedad). 

Urano fue descubierto en 1781. Su nombre se debe al dios del cielo, Urano, padre a su vez de Saturno y abuelo de Júpiter, motivo por el que se le dio ese nombre. Está cubierto por una espesa atmósfera de hidrógeno, helio y metano. La superficie está formada por la capa externa de su atmósfera y solo se aprecian las nubes si se tratan las fotografías y se intensifican los colores. Sus anillos son difíciles de observar al ser muy oscuros. Su rotación es muy peculiar: en sentido contrario a la terrestre y además con un eje de rotación paralelo, por lo que “rueda” como hace una canica. Es muy difícil observarlo incluso con telescopio. Su temperatura media es de unos -200 grados. Tiene 27 satélites, destacando Titania, Oberón y Ariel. 

En cuanto a Neptuno, su intenso color azul no tiene nada que ver con océanos pero sí fue debido a ello por lo que fue nombrado en honor al dios romano del mar (Poseidón para los griegos). Como todos los gigantes gaseosos, su superficie corresponde con las capas más externas de su gruesa atmósfera. Su composición es muy similar a la de Urano. Fue descubierto en 1846  gracias a las irregularidades de la órbita de Urano que permitieron apreciar que existía la influencia gravitatoria de otro planeta. A diferencia de Urano, en Neptuno sí se aprecian bandas de nubes y formaciones curiosas, destacando la gran mancha negra, una zona tormentosa similar a la de Júpiter con vientos de hasta 1.000 km/h que, sin embargo, ha desaparecido aunque se ha formado otra en el hemisferio norte del planeta. Su observación es también difícil y con un telescopio normal como mucho se puede ver como un diminuto disco azulado. Tiene 13 satélites como mínimo, siendo el más grande con diferencia Tritón. 

PLANETAS ENANOS 

Es un término bastante reciente creado por la Unión Astronómica Internacional en 2006 basándose en que no han “limpiado” la vecindad de su órbita de otros astros menores y, además, su origen puede ser diferente al de los planetas. Por el contrario, tampoco son asteroides debido a tener suficiente masa para que su gravedad haya alcanzado un equilibrio isostático, es decir, una forma casi esférica. Además, no son satélites de otro planeta. 

Las consecuencias de la creación de esta categoría son que Plutón, considerado planeta hasta 2006, pasase a ser planeta enano. En un proceso inverso, astros hasta entonces asteroides como Ceres pasaron a ser planetas enanos. 

Los planetas enanos son los siguientes:

-          Ceres: situado en el Cinturón de Asteroides entre Marte y Júpiter. Recibe su nombre de la diosa romana de los cereales y la agricultura (Deméter para los griegos). Fue descubierto en 1801 y es el único astro del Cinturón con equilibrio isostático, es decir, con forma esférica. Es el más pequeño de los planetas enanos. No tiene satélites.


-          Plutón: situado más allá de Neptuno, ya en los confines del Sistema Solar al localizarse en el Cinturón de Kuiper. Está tan lejos que un rayo de Sol tarda más de cinco horas en llegar hasta él. Fue descubierto en 1930 y es un pequeño mundo helado compuesto por hielo y rocas con una atmósfera muy tenue. Su nombre se debe al dios de los muertos y del Inframundo para los romanos (Hades para los griegos) al encontrarse en una región en tinieblas. Tiene un satélite principal, Caronte, bastante grande en relación con el planeta, más otros cuatro más pequeños. 
-          Eris: es el segundo planeta enano más grande tras Plutón. Se ubica en la región del Disco Disperso, solapada con el Cinturón de Kuiper. Es aún muy poco conocido y todavía no ha recibido la visita de ninguna sonda espacial. Fue descubierto en 2005 y precisamente ese descubrimiento fue el que hizo que se replantease el término planeta al considerar que podía haber varios más. Su nombre inicial fue Xena, y más tarde se le denominó Eris por la diosa griega de la discordia, nombre adecuado considerando el debate que provocó su descubrimiento que acabó con la creación de la categoría de planeta enano. Tiene un satélite.
-          Makemake: situado en el Cinturón de Kuiper, es el tercer planeta enano en tamaño, siendo la mitad que Plutón. Fue descubierto en 2005 y su nombre corresponde con el dios Make-Make de los nativos de la Isla de Pascua, al ser descubierto en la Semana de Pascua.  Tiene un satélite.
-          Haumea: también en el Cinturón de Kuiper, fue descubierto en 2003 por el observatorio de Sierra Nevada en España aunque otro observatorio en Estados Unidos intentó atribuírselo al año siguiente y, de hecho, consiguió darle el nombre definitivo el honor a la diosa hawaiana de la natalidad (los españoles habían propuesto llamarlo Ataecina, diosa de la primavera y de la fertilidad para los pueblos prerromanos ibéricos. Su forma es elíptica y tiene dos satélites. 

¿UN NOVENO PLANETA?

Todavía está investigándose  a raíz de un estudio publicado en 2016 que señala que explicaría el comportamiento de los astros más allá de Neptuno. Hay astrónomos que consideran que hay un 90 % de probabilidad de que exista y sería otro gigante gaseoso expulsado al Sistema Solar exterior (en la frontera entre el Cinturón de Kuiper y la Nube de Oort, última región del Sistema Solar), diez veces más grande que la Tierra. Así, sería similar a Urano y Neptuno. 

BIBLIOGRAFÍA:

AAVV. Ciencias de la Tierra y del Universo. Madrid: Santillana, 2005. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario