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Gran Pirámide
de Giza (2.550 a. C)
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Jardines
Colgantes de Babilonia (600 a. C)
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Templo
de Artemisa en Éfeso (750 a. C la primera construcción. Última
reconstrucción posterior a 356 a. C)
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Estatua de Zeus
en Olimpia (432 a. C)
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Mausoleo de
Halicarnaso (350 a. C)
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Coloso de Rodas (290 a. C)
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Faro de
Alejandría (280 a. C)
Esquema cronológico sobre las Siete Maravillas, además de sus respectivas localizaciones y tamaños.
Continuamos con la
serie sobre las Maravillas del mundo antiguo. Esta vez nos desplazamos a Asia
Menor, en la actual Turquía, en concreto a la ciudad de Éfeso. Antes de nada,
una breve introducción: la Grecia antigua correspondía con un espacio
geográfico diferente al del actual Estado griego. Por ejemplo, no se incluía
Tracia, que hoy es parte de Grecia y era considerada ya zona bárbara, pero sí
la costa occidental de Asia Menor, en donde se establecieron numerosas colonias
griegas y potentes ciudades-Estado como Éfeso.
Como ya dijimos en el
anterior artículo sobre la Gran Pirámide,
salvo esta ninguna otra de las Siete Maravillas ha resistido el paso del
tiempo. Así, de las otras seis maravillas o bien no queda absolutamente nada de
ellas (caso del Coloso, la Estatua de Zeus o los Jardines Colgantes), o bien quedan
unas pocas ruinas muy alejadas de su esplendor, como es el caso de la que vamos
a ver hoy: el Templo de Artemisa.
Los orígenes del
templo son de alrededor el 750 a. C, por lo que sería la segunda Maravilla más
antigua, aunque a gran distancia de la Gran Pirámide, que fue construida 1.800
años antes. Como dice su propio nombre, era un templo dedicado a la diosa
Artemisa, Diana para los romanos, deidad de la caza y hermana melliza de Apolo,
dios de la belleza masculina. Su construcción fue iniciada por el rey Creso de
Lidia (reino influenciado por la cultura helena) y duró bastante debido a las
dimensiones del templo, que era de los más grandes de la Grecia antigua.
Esta fue la
descripción que de él hizo Antípatro de Sidón (considerado el creador de la
lista de las Siete Maravillas, aunque él incluyó la muralla de Babilonia en vez
del Faro de Alejandría): “He posado mis
ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes,
y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del
Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero
cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros
mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca
pareció jamás tan grande”.
Así, parece evidente
que el Templo de Artemisa tuvo que ser realmente impresionante por su
localización, tamaño y belleza. El templo no estaba en la misma ciudad de Éfeso
(es decir, a unos 50 km al sur de la actual Esmirna) sino a las afueras, en un
valle. Artemisa en Éfeso era adorada desde antes de época helenística y
representaba más bien la fertilidad. Otra influencia oriental era que la
Artemisa representada en el templo llevaba en su cabeza una corona mural,
símbolo de otra diosa, Cibeles, deidad local de Anatolia más tarde exportada a
Roma. Artemisa, hija de Zeus, era una diosa salvaje e indómita y en su honor
Creso hizo construir este templo, en parte para alabarla y en parte para
apaciguarla. Como era habitual en la religión griega, el templo estaba
presidido por una gran estatua de la diosa.
Plinio el Viejo afirma
que su construcción llevó unos 120 años y, por tanto, fue dirigido por varios
arquitectos. Se construyó sobre un terreno rocoso como precaución ante
terremotos. Pronto se convirtió en un centro turístico y de culto para
numerosos visitantes y nadie pasaba por Éfeso sin visitar el famoso templo. Además,
era una fuente de recaudación adicional para la ciudad debido a los gastos de
los visitantes en la misma y a sus donaciones para el templo y la diosa.
Modelo en miniatura del Templo de Artemisa en Estambul.
Sin embargo, el
templo no permaneció inalterable mucho tiempo: en el año 356 a. C fue destruido
por un hombre que, supuestamente, lo hizo solo para conseguir fama. Según algunos
escritos, Alejandro Magno nació la noche en la que ardió el templo y Plutarco
indicó que Artemisa estaba distraída en ese hecho y, por ello, no atendió a su
propio templo en llamas. Sería Alejandro el que propuso sufragar su
reconstrucción, que se inició tras su muerte en 323 a. C. Algunos autores
atribuyen esa reconstrucción a Dinócrates, que había diseñado la ciudad de
Alejandría, en Egipto.
Este nuevo templo se
mantuvo en pie varios siglos hasta su destrucción por los godos en el año 262,
siendo emperador romano Galieno. A esto se sumó que la mayoría de los
habitantes se convirtió al Cristianismo y el templo perdió interés religioso,
por lo que sus restos fueron desmantelados para construir otros edificios. Algunas
de sus columnas se emplearon para Santa Sofía en Constantinopla (Estambul). A partir
de ahí lo poco que quedó del templo permaneció en el olvido hasta el nacimiento
de la arqueología y la renovación del interés por la Antigüedad, siendo
redescubierto el sitio del templo en 1869. Quedan algunas esculturas y objetos
y una única columna en pie.
El Templo de Artemisa hoy.
Pasando ahora a cómo
era exactamente el templo, tenía 115 metros de largo por 55 de ancho, realizado
en mármol. Tenía 127 columnas, cada una de 18 metros de altura. Tenía tres
filas de columnas en la fachada occidental y una doble fila que dividía el
pronaos en tres naves. La cella era alargada y al fondo de la misma había un baldaquino
en donde se ubicaba la estatua de la diosa. En su reconstrucción la planta y
proporciones no variaron sustancialmente salvo por una plataforma escalonada sobre
la que se elevó el templo de unos dos metros de altura. El templo albergaba varias obras de arte de
autores reconocidos como Policleto y Fidias, en especial esculturas y pinturas.
Grabado del templo del siglo XIX.
Así, el Templo de
Artemisa era una Maravilla, el mayor de los templos griegos. Tal es así, que
actualmente hay un proyecto (aún poco concretado) de una fundación turca para
reconstruirlo por tercera vez, a imagen y semejanza del antiguo, pero a unos
1500 metros de su localización original, respetándose así lo poco que queda de
la que fue una de las Siete Maravillas del mundo.





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