jueves, 6 de octubre de 2016

El verdadero sur de España



Leí hace ya un tiempo un ensayo escrito por el periodista de La Vanguardia Enric Juliana llamado “La deriva de España” (JULIANA, Enric. La deriva de España Geografía de un país vigoroso y desorientado. Barcelona: RBA Libros, 2009). A pesar del nombre, Juliana hace un análisis muy realista basado en la geopolítica española, dividiendo el país en diferentes zonas según aspectos económicos y sociales: el Gran Madrid (Comunidad de Madrid y provincias adyacentes influenciadas por la capital), Cataluña, el “Gran Luxemburgo” hispano (País Vasco y Navarra), los territorios de la antigua Corona de Aragón excluyendo a Cataluña (Aragón, Comunidad Valenciana e Islas Baleares), Andalucía y el Noroeste, además de Portugal. 

Lo interesante de su análisis es que se pregunta, ¿dónde está realmente el “sur”? En el sentido tradicional de equiparar sur con menos desarrollo y norte con zonas más ricas (lo cual no tiene por qué ser aplicable en todo el mundo. Por ejemplo, la zona más rica de Gran Bretaña es Londres y sus alrededores, que están al sur del país; y en Alemania los länder más desarrollados y prósperos están al oeste y sur). Sin embargo, estudiando a España nos encontramos con que el sur, es decir, Andalucía, tiene muchos problemas como un alto paro pero no es la zona más deprimida del país. Esta es sin dudas el Noroeste. 
 Imagen satelital del Noroeste peninsular.

El Noroeste español se corresponde con las comunidades autónomas de Galicia, Asturias y parte de Castilla y León (provincias de Zamora, Palencia, León y Salamanca), más el oeste de Cantabria. Un lector que sea de esas regiones podría indignarse y decir que Galicia no tiene tantos problemas estructurales y económicos como Andalucía o Extremadura, pero veremos qué dice Juliana y cómo justifica que considere que el verdadero “sur” de España es en realidad el Noroeste. 

Es una región muy extensa y poco hablada, una España que envejece sin remedio y, de hecho, ya lo hacía antes de que comenzase la crisis económica. Las provincias de Zamora y Ourense perdieron población incluso en los años de mayor bonanza. Sus localidades rurales se despueblan y los jóvenes se van a buscar más oportunidades a las ciudades, tal como hicieron sus mayores en los años 60. El problema es Noroeste es simplemente su situación geográfica: está lejos de todo: de Madrid, de la frontera con Francia, del Mediterráneo y de las rutas navales que enlazan Europa con Oriente. Solo tiene como vecino a Portugal, cuya zona norte también está en declive por idénticos motivos: lejos del gran polo de desarrollo luso, Lisboa. Además, el clima, oceánico o continental, tampoco invita atraer al turismo de masas y solo el Camino de Santiago supone una llamada grande a la llegada de extranjeros. Por lo demás, la oferta del Noroeste en cuanto a turismo es aún desconocida a pesar de sus atractivos. 

En 2006 la población total del cuadrante noroeste sumaba algo más de cinco millones de habitantes, mientras que en 1970 la cifra era ligeramente superior a esa, por lo que el desarrollo demográfico en 36 años apenas varió. Y el peso en el conjunto de la población española ha bajado considerablemente desde 1970, cuando era el 15 %. En 2006 era apenas el 11 %. Y podría ser peor: la influencia de las provincias de A Coruña y Pontevedra ha mitigado el efecto, ya que ambas recibieron bastantes inmigrantes en los años de vacas gordas. Las demás provincias han perdido población. Las peores paradas han sido León, Zamora y Palencia. En las tres vivía mucha más gente en 1970 que ahora. Y según el censo de 2015, la crisis ha hecho mella en la zona: la población del Noroeste ya ha descendido hasta 4.963.855 habitantes. Mal dato. 

La población está envejecida como ya se ha mencionado: en Ourense y Zamora el 28 % de la población tiene más de 65 años. En Lugo el 27 % y en León y Salamanca un 24 y 23 %. Solo Pontevedra tiene un envejecimiento más reducido gracias a la ciudad de Vigo: un 18 %. La media española es de menos de un 17 %, con provincias muy jóvenes en el sur como Cádiz o Sevilla, en donde los mayores son entre un 12 y 13 %. 
Dejando aparte los planteamientos demográficos y económicos, el Noroeste no tiene una identidad común. Su adscripción a España es incuestionable. Ni siquiera Galicia, la comunidad con más identidad propia de la zona, se plantea aventuras ni experimentos, y menos tras la arrolladora mayoría absoluta del PP en las últimas elecciones de hace unas semanas. Eso sí, en Galicia impera el regionalismo, defendido por todos los partidos, el llamado galleguismo. En cuanto al nacionalismo, está de capa caída. En los 90 el Bloque Nacionalista Galego llegó a ser segunda fuerza en la comunidad pero ahora sigue siendo cuarto y en descenso. En Galicia prácticamente nadie cree en una hipotética independencia.

Asturias, por su parte, es otra identidad. Un millón de habitantes que deben hacer frente a la reconversión industrial y a la desaparición progresiva de la minería. Un Gales español, en definitiva. Es la región norteña más izquierdista, como recuerda la Revolución de 1934, que solo pudo ser sofocada con miles de muertos. Desde la Transición en Asturias solo ha gobernado la derecha en dos ocasiones, y muy breves: 1995-1999 y 2011-2012. El resto, ha sido dominio del PSOE. Sin embargo, es interesante que Asturias se haya transformado de territorio revolucionario a soporte claro de la monarquía (no en vano es el Principado de Asturias), y sede de los anuales Premios Princesa de Asturias, que convierten en Oviedo en foco internacional por unos días. Y además, por añadidura la reina Letizia es asturiana. 

Bajando la Cordillera Cantábrica tenemos el antiguo reino de León (provincias de León, Zamora y Salamanca). Cuando se planteó el mapa autonómico, se tuvo que afrontar qué hacer con León. Había dos opciones: o una comunidad diferenciada o unirla con Castilla la Vieja. Finalmente resultó la segunda: Castilla y León, con importancia a la conjunción y, para remarcar que León está al mismo nivel que Castilla. Y a pesar de eso, en León aún existe un regionalismo que defiende su conversión en comunidad para “independizarse” de Valladolid. En las Cortes castellanoleonesas la Unión del Pueblo Leonés tiene un escaño que defiende todavía esa reivindicación, que no se prevé que se lleve a la práctica, al menos en un futuro cercano. 

Por lo demás, Castilla y León no ha conseguido crear una identidad propia destacable a pesar de la antigüedad del concepto: además de las antiguas provincias leonesas, Palencia está olvidada, Segovia y Ávila cada vez están más influenciadas por Madrid y Soria intenta recordar su existencia en el conjunto del país, aunque con éxito escaso: como Cuenca y Teruel, no aparecen casi nunca en los medios nacionales. Teruel incluso hizo una campaña hace años “Teruel existe”, que la llevó por una vez a los medios, sin mayor repercusión, lamentablemente. 

Por tanto, ¿dónde está el verdadero sur? Según Juliana en el Noroeste. Y vistos los argumentos parece que sí, que la zona de España con más problemas estructurales es el Noroeste, por su lejanía de los polos de desarrollo y por su despoblación y envejecimiento, que la crisis no ha hecho más que empeorar. ¿Tiene solución? Por supuesto, incentivar esas provincias, tanto desde sus comunidades autónomas como desde el Estado es posible y además necesario. Solo es cuestión de voluntad y de dar a conocer sus atractivos en el conjunto de España y en el extranjero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario