Hoy es 12 de octubre,
Día de la Hispanidad. En los últimos años hay un sector de la sociedad española
muy crítico con la celebración de este día por motivos políticos, ya que es
también el Día Nacional de España. Conmemora la llegada de Colón el 12 de
octubre de 1492 a América. Cristóbal Colón (Génova, 1436 a 1451-Valladolid,
1506), era un navegante que tenía como proyecto navegar hacia el oeste para
llegar a las Indias Orientales, es decir, a Extremo Oriente. Sus cálculos, sin
embargo, eran errados: por supuesto que la Tierra es esférica pero él creyó que
era más pequeña de lo que realmente es, por lo que cuando llegó América estaba
convencido de que había arribado a Asia. El viaje fue financiado por Castilla y
Aragón, cuyos reyes, Isabel I y Fernando II, fueron los creadores del Estado moderno
que a posteriori dio lugar a España.
Colón buscando apoyos para financiar su viaje en el monasterio de la Rábida. Más tarde logró el soporte de los Reyes Católicos. (Eduardo Cano, 1856)
Así, fue un
descubrimiento asombroso: de repente se tenía conocimiento de un nuevo mundo
desconocido hasta entonces (salvo los breves contactos en Terranova y
Groenlandia por parte de los vikingos). A raíz de la llegada de Colón hubo
otros tres viajes bajo su mando que exploraron las Antillas, Venezuela y
Centroamérica. Así, los primeros territorios en ser conquistados fueron las
islas Antillas, en especial las grandes: Cuba, La Española y Puerto Rico. Ya en
el siglo XVI comenzó la conquista a gran escala, en época del emperador Carlos
V, con la llegada y ocupación a México (Imperio Azteca) y a Perú (Imperio Inca)
como los hitos más relevantes.
La conquista fue
sangrienta, motivo por el que los críticos rechazan la conmemoración de este
día. Una conquista nunca fue un camino de rosas, y la mentalidad de los siglos
XV y XVI es muy diferente a la de los siglos XX y XXI. Y nuestra moralidad (la
de Occidente entiéndase) está basada en el respeto a los Derechos Humanos, cuya
declaración fue aprobada por Naciones Unidas tras la Segunda Guerra Mundial.
Por lo demás, la
conquista de América no fue un genocidio, como señalan los críticos. Un genocidio
es la eliminación sistemática de todo un pueblo por el mero hecho de ser como
es, como ocurrió con los armenios en la I Guerra Mundial, con los judíos en la
II Guerra Mundial o con los tutsis en el genocidio de Ruanda. En la conquista
americana, los españoles eliminaron a los que se les opusieron, como hicieron
los romanos siglos atrás. Pero no mataron a miles de indios por el mero hecho
de ser indios, y, de hecho, hubo no pocos españoles que rechazaron el maltrato
a esas personas, encabezados por Fray Bartolomé de las Casas, que logró que Carlos
V aprobase las Leyes Nuevas que protegían a los indios. Durante toda la
dominación española siguieron siendo, eso sí, personas con menor poder político
y económico que los blancos (aunque entre estos últimos también hubiese
diferencias).
Representación de Colón y sus hombres llegando a América el 12 de octubre de 1492 (Currier e Ives, 1892)
Entonces, ¿cómo es
que hubo tantas muertes durante la conquista? Pues básicamente por tres
motivos. El primero, obviamente la guerra de conquista, que provocó muertes de
las personas que se opusieron al poder español. El segundo, la explotación a
veces brutal de no pocos indios en las encomiendas hasta que las Leyes Nuevas
comenzaron a cambiar su difícil situación. Y el tercero y el que más muertes
produjo, las enfermedades que fueron introducidas desde Europa a América y que
millones de indios no pudieron soportar al no estar inmunizados contra ellas. Así,
aunque hay cifras diferentes según cada estudio debido a la dificultad de
calcular el número de bajas, alrededor de un 20 % de la población nativa
falleció en los primeros años. Cifras que se elevan o disminuyen según la zona.
En las islas Antillas la casi totalidad de población indígena murió (siendo
sustituida por esclavos negros, motivo por el que en Cuba o La Española hay
tanta población negra), mientras que en los Andes sobrevivió la casi totalidad
de nativos (solo hay que ver los rasgos predominantes de la población
ecuatoriana, peruana o boliviana).
Otro fenómeno que ha
recibido críticas es el mestizaje. Los españoles llegaron a América sin sus
mujeres, y hubo numerosas violaciones de indias. Sin embargo, también se dieron
casos de parejas mixtas por decisión de las indias y un ejemplo famoso es el de
Hernán Cortés, conquistador de México, con una india llamada Malinche (o Doña
Marina) con quien tuvo descendencia. Fruto de ese mestizaje es que haya países
en donde la población mayoritariamente es descendiente de españoles y nativos,
como en Colombia, Venezuela, México, Centroamérica, etc. Este hecho fue algo
que solo ocurrió en las colonias españolas y portuguesas, porque los franceses
y, en especial los británicos, nunca se mezclaron con la población nativa.
Así, hay dos modelos
en América: el de Iberoamérica, basado en una fuerte represión inicial pero con
mestizaje entre conquistadores y conquistados y respeto de sus instituciones
(sobre todo en la antigua zona inca) e incluso idiomas (a pesar de la
implantación del español, han pervivido de manera importante idiomas nativos
como el quechua, el aymara o las lenguas mayas); y el de Norteamérica, en donde
el modelo se basó en la llegada masiva de colonos de la metrópoli y en el
arrinconamiento de los nativos. Esto se ve claramente hoy en día: los indios
norteamericanos son una minoría en la población e incluso tienen unas tierras
(reservas) para vivir sin que les molesten mucho. En cuanto a sus lenguas y
cultura, han sido casi borrados de la faz de EEUU (y en Canadá también son muy
pocos).
Por tanto, que la
conquista española de América fue cruenta es evidente, pero no conviene
juzgarla con ojos del siglo XXI por la sencilla razón de que la mentalidad de
la época era muy diferente (y, aún así, la reina Isabel declaró a los indios
sus súbditos y, por tanto, protegidos de la corona, y su nieto Carlos V
permitió aprobar las Leyes Nuevas por impulso de Bartolomé de las Casas). La Historia
nunca es un simple cuento de buenos y malos sin más y hay que estudiar los
acontecimientos porque si no se cae en el riesgo de simplificar y de pecar de poca
rigurosidad.



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