sábado, 30 de agosto de 2014

Microrrelato: El Camino




Tierra, cielo, un aire que sopla frío en las elevaciones asturianas. En muchos tramos, solo con ellos. Eso es lo que puede ser el Camino de Santiago, la ruta de peregrinación más importante de Europa y que he experimentado durante este mes.

Avanzo por el Camino, que serpentea por el mundo, rodeado de una tierra siempre verde, alimentada por nieblas y lluvias casi continuas con permiso de algún día de predominio del Astro Rey. Y mientras ando, continúo, sobrepasando colinas, pendientes, arriba y abajo, a veces acompañado de otros peregrinos y otras en solitario, pensando y meditando sobre la vida y sobre lo distinta que fue y sigue siendo en tierras tan lejanas de la mal llamada civilización como éstas.

Llego a mi ansiado destino, una ciudad sí, pero que tiene algo que emociona. Entrar en su catedral, al destino tan ansiado, seas religioso o ateo, es una experiencia única y que no olvidas. Subes a ver al Apóstol, ¿de verdad está enterrado allí? No lo sé, pero algo debe haber para que desde hace un milenio se peregrine allí desde toda Europa. La experiencia vale la pena, libero tensiones y asumo una calma como hacía años no sentía. Disfruto del caminar por esos senderos que tanto echaré de menos en medio de la rutina de la Urbe.

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