Solemos
emplear comúnmente esta denominación para referirnos a la mitad septentrional
de nuestro país o, en su defecto, a las regiones situadas al norte de la
Cordillera Cantábrica.
Sin embargo,
después de recorrerme por motivo del Camino de Santiago una parte significativa
de Asturias y Galicia, puedo afirmar que esta denominación debe ser cogida con
pinzas porque el Norte es homogéneo solo en parte.
Atendiendo a
su versión más restrictiva, que incluye solo a Galicia, el Principado de Asturias,
Cantabria y el País Vasco (aunque como norte podrían incluirse sin problemas
Castilla y León, La Rioja y Navarra como mínimo), el Norte sería muy
heterogéneo.
En el aspecto
estrictamente geográfico presentan ciertas similitudes. La primera es la preponderancia
del clima oceánico, que otorga a la zona una gran cantidad de precipitaciones,
lo que caracteriza un paisaje muy semejante al de las islas británicas o el
oeste de Francia, con un verde perenne, y aleja al Norte del aspecto del resto
de España, mucho más seco a excepción de las zonas montañosas. Otro aspecto
geográfico destacable es la orografía en general complicada de la región. Al
sur está separada de la meseta castellana por la Cordillera Cantábrica, que
alcanza destacables elevaciones. Pero las colinas y montes mantienen su
presencia casi hasta la costa, sobre todo en Asturias. En Galicia destaca el
Macizo Galaico, de altitudes más bajas que la cordillera pero que otorga a
dicha comunidad una orografía harto compleja. Lo mismo se repita en el País
Vasco, plagado de puertos de montaña. Algunas zonas se diferencian del
conjunto. Por ejemplo, el extremo sur de Cantabria ya muestra signos del clima
continental y la provincia vasca de Álava igual, con inviernos más extremos que
los costeros.
Por tanto, las
diferencias entre las regiones norteñas no vienen dadas, en general, por la
geografía sino por la sociedad y la Historia. La región noroeste española lleva
en crisis antes incluso que 2008. No vivió la prosperidad económica de los años
de bonanza ya que incluso entonces perdía población de manera lenta e
irreversible. No era una región atrayente sino envejecida y aparentemente con
escasas oportunidades. Desde Cantabria al oeste y desde Valladolid al noroeste,
todas las provincias perdían población y solo Pontevedra, por el efecto de la
ciudad de Vigo, tenía una media de edad más baja que las demás. Caso muy
distinto es el País Vasco, plenamente activo y con una economía dinámica con
una industria en reconversión.
En lo
histórico el Norte tiene sus similitudes en las épocas más antiguas. Astures,
cántabros y vascones se resistieron ferozmente a la conquista romana y, de
hecho, la romanización en esta zona fue más débil que en el resto de España,
aunque finalmente el idioma latino penetrara sustituyendo todas las lenguas
nativas excepto una que aún hoy pervive: el euskera, idioma que diferencia al
País Vasco (o Euskadi) de sus vecinas norteñas, que tienen como lenguas
oficiales a descendientes del latín.
Posteriormente,
el Norte quedó bajo dominio visigodo (Galicia durante un tiempo bajo control de
los suevos) hasta que la invasión musulmana de 711 hizo que toda la Península
quedara bajo control de Damasco. Sin embargo, en las montañas del Norte
quedaron grupos de resistencia formados por nativos asturianos o cántabros o
por visigodos exiliados. Desde esos núcleos montañosos iniciaron su lenta
expansión ocupando territorios por los que los musulmanes no tenían excesivo
interés. Comenzaba así lo que en el pasado se llamaba sin dudar Reconquista, término
ahora controvertido ya que nunca se utilizó en esa época sino que fue inventado
por la historiografía en el siglo XIX.
En cualquier
caso, los reinos que posteriormente formaron España nacieron en el Norte. El
núcleo occidental, el que nos ocupa en este artículo, comenzó con la “batalla”
de Covadonga, primera derrota de los musulmanes. En esa escaramuza ganada por
los cristianos dirigidos por Pelayo, se mezcla mucho la Historia y la leyenda
ya que se incluye la participación de la Virgen en la victoria cristiana. En
cualquier caso, se considera ese el punto de inicio de la expansión de lo que
sería el reino de Asturias. Conforme avanzó territorialmente la capital
asturiana fue cambiando. Primero fue Cangas de Onís y, con la conquista de
Oviedo, la capitalidad pasó a esta ciudad, que aún ostenta. El avance fue muy
lento pero se fue afianzando. Galicia quedó integrada en el reino asturiano y
zonas de la actual Cantabria.
La Cruz de la Victoria, símbolo del reino asturiano y del actual Principado.
La expansión
definitiva llegó con la ocupación de todas las tierras hasta el río Duero hacia
el siglo X, muy despobladas y en las que asturianos y andalusíes solían tener
sus escaramuzas. La conquista de León conllevó que la capitalidad se trasladara
a esa ciudad y que los historiadores suelan cambiar la denominación a partir de
ese momento: el reino de León. Lo que sigue es más conocido: el reino leonés
continuó su expansión hacia el sur, sufrió la secesión de Castilla y en 1230
ambos quedaron definitivamente unificados en el reinado de Fernando III creando
la denominada Corona de Castilla y León.
La zona
oriental vivió experiencias diferentes. El actual País Vasco quedó bajo
jurisdicción del reino de Pamplona, posteriormente reino de Navarra. La decadencia
de ese pequeño reino conllevó su repliegue a lo que hoy es la Comunidad Foral
de Navarra y que la zona vasca quedara bajo jurisdicción castellana. Cantabria,
entre ambas zonas, rápido quedó bajo dominio asturiano y leonés.
Las diferencias
culturales en el Norte también son por idioma. Dejando a un lado al milenario
euskera, en el Norte nacieron tres lenguas romances: el gallego, el asturleonés
y el castellano. Los orígenes del castellano se localizan en la franja de
tierra entre Cantabria, Burgos y La Rioja, con influencia vasca en ciertas
palabras. Así, el castellano es una lengua norteña que se utilizó cada vez más
hasta convertirse en la primera lengua de la Corona castellana y, con el
tiempo, española.
El gallego
tiene rasgos más arcaizantes y es una lengua que ya fue muy importante en la
Edad Media. De un embrión común desciende también el portugués, muy parecido al
gallego. Actualmente, se halla plenamente normalizado en Galicia y también se
habla en ciertas zonas cercanas, como la comarca leonesa de El Bierzo.
Por último, el
asturleonés es un conjunto de dialectos históricos del latín que son menos
hablado por la población local. Sobre todo se utiliza en las zonas rurales de
Asturias y del norte de la provincia de León.
Por tanto,
queda claro que la denominación Norte es genérica debido a la complejidad del
territorio y de sus sociedades.



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