viernes, 11 de octubre de 2013

Artículo de opinión: El futuro del PSOE



 El Partido Socialista Obrero Español lleva recorridos 134 años en este mundo y desde entonces ha cambiado radicalmente. Si fue fundado como un instrumento al servicio de la clase obrera en una época en la que ésta carecía de derechos y no tenía representación política, ahora el PSOE se ha convertido en un partido gubernamental al haber controlado el gobierno de España durante 21 de los 36 años de nuestra actual democracia parlamentaria. Ya no tiene un electorado restringido a la clase obrera sino que logra una gran parte de sus votos en las clases medias urbanas, aunque mantiene la primacía entre las clases bajas, cada vez con más competencia de otras opciones como Izquierda Unida o partidos extremistas de ultraderecha y ultraizquierda.

Sin embargo, tras la catástrofe electoral de 2011, después de haber incumplido fragantemente su programa electoral con los duros recortes del año 2010, el PSOE atraviesa una travesía del desierto y lo hace de la peor de las maneras posibles: desunido. Y que lo diga yo no va a suponer el fin del partido ya que esto lo sabe toda la ciudadanía después del 38 Congreso en el que el secretario general, Rubalcaba, ganó por solo unos votos a Chacón. O, en el caso del PSM, cuando Tomás Gómez ganó la secretaría general con solo un 60 % de los votos frente a una candidatura improvisada pero que consiguió en poco tiempo un nada desdeñable 40 % de los votos. En cuanto a mi municipio, hay que darle de comer a parte ya que ser alternativa de gobierno queda, lamentablemente, lejos.

¿Qué debería hacer el PSOE para cambiar esto? Una reforma profunda que toque prácticamente todo, desde los estatutos, la ideología y las personas, ya que el PSOE, como todo partido político, tiene chupasangres.
Lo primero, el PSOE debería cambiar su imagen corporativa. Su marca ya no es atractiva para gran parte de la juventud de España, que prefiere opciones más novedosas. El PSOE se percibe como un partido anticuado. Para evitar esto, debería cambiar su imagen y hacerla más rompedora, manteniendo, eso sí, sus siglas y su símbolo principal, el puño y la rosa, ya que esto va relacionado con lo siguiente.
Su ideología debe quedar más clara. El PSOE es un partido grande que intenta llegar a mucha población pero debe definirse más, a mi parecer como lo hace el Partido Socialista Europeo: centro-izquierda, reformista, progresista, laico, federal y, claramente, socialdemócrata. El PSOE dejó de ser marxista en 1979 y, de hecho, siempre quedó del lado del SPD alemán y no de los bolcheviques tras la Revolución Rusa, por lo que continuar con el tema, ya aburrido, del marxismo es incidir en una ideología caduca y que allí donde se ha aplicado ha resultado ser tan dañina como lo es el capitalismo salvaje.

El PSOE debe abrirse a la ciudadanía: sus procesos internos deben ser lo más transparentes posibles, apostar por las primarias abiertas a pesar de los riesgos que ellas conllevan, ya que ese modelo fue el que hizo ganar a los socialistas franceses. Debe recoger una lista de simpatizantes oficial, que puedan votar en las primarias de las elecciones a los secretarios generales mientras que las primarias para elegir candidatos a las elecciones ya se puedan abrir a la población general que se sienta identificada con el proyecto socialista.

La crisis de la militancia en los partidos viene dada por su rigidez. Una estructura muy cerrada y que los ciudadanos no entienden en pleno siglo XXI. Así, la solución de apostar más por los simpatizantes es clara para atraer a la gente al partido.

En cuanto a los jóvenes, mi propuesta es radical y muy crítica después de mi experiencia. Ya está bien de unas Juventudes Socialistas con una falsa autonomía orgánica que, de facto, no existe. Por tanto, mi propuesta es que sea incompatible militar en JSE y militar en el PSOE a la vez. Esto evitaría que JJSS fuese el trampolín de cara al partido y dejaría JSE como una organización más pura.

Por otro lado, los cargos públicos deberían ser transitorios. Un concejal no debería exceder más de tres legislaturas (12 años) en el cargo al igual que los alcaldes. En el caso de los diputados y presidentes autonómicos la duración sería aún menor: 8 años máximo. En cuanto al presidente del gobierno, directamente la Constitución debería fijar en 8 años el mandato del jefe del gobierno, en caso de ser reelegido.

En las agrupaciones locales, el mandato del secretario general debería ser de 4 años máximo para evitar acomodamientos. Las demás secretarías sí podrían repetirse indefinidamente. En las ejecutivas de las federaciones del partido podrían ser 8 años para el secretario general y los demás secretarios, al igual que en la Comisión Ejecutiva Federal.

El objetivo de todas estas medidas sería evitar el clientelismo y liberar a los partidos de parásitos, lo cual considero indispensable si se quiere regenerar nuestra democracia y en particular el PSOE.

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