El Partido
Socialista Obrero Español lleva recorridos 134 años en este mundo y desde
entonces ha cambiado radicalmente. Si fue fundado como un instrumento al
servicio de la clase obrera en una época en la que ésta carecía de derechos y
no tenía representación política, ahora el PSOE se ha convertido en un partido
gubernamental al haber controlado el gobierno de España durante 21 de los 36
años de nuestra actual democracia parlamentaria. Ya no tiene un electorado
restringido a la clase obrera sino que logra una gran parte de sus votos en las
clases medias urbanas, aunque mantiene la primacía entre las clases bajas, cada
vez con más competencia de otras opciones como Izquierda Unida o partidos
extremistas de ultraderecha y ultraizquierda.
Sin embargo,
tras la catástrofe electoral de 2011, después de haber incumplido fragantemente
su programa electoral con los duros recortes del año 2010, el PSOE atraviesa
una travesía del desierto y lo hace de la peor de las maneras posibles:
desunido. Y que lo diga yo no va a suponer el fin del partido ya que esto lo
sabe toda la ciudadanía después del 38 Congreso en el que el secretario
general, Rubalcaba, ganó por solo unos votos a Chacón. O, en el caso del PSM,
cuando Tomás Gómez ganó la secretaría general con solo un 60 % de los votos
frente a una candidatura improvisada pero que consiguió en poco tiempo un nada
desdeñable 40 % de los votos. En cuanto a mi municipio, hay que darle de comer
a parte ya que ser alternativa de gobierno queda, lamentablemente, lejos.
¿Qué debería
hacer el PSOE para cambiar esto? Una reforma profunda que toque prácticamente
todo, desde los estatutos, la ideología y las personas, ya que el PSOE, como
todo partido político, tiene chupasangres.
Lo primero, el
PSOE debería cambiar su imagen corporativa. Su marca ya no es atractiva para
gran parte de la juventud de España, que prefiere opciones más novedosas. El PSOE
se percibe como un partido anticuado. Para evitar esto, debería cambiar su
imagen y hacerla más rompedora, manteniendo, eso sí, sus siglas y su símbolo
principal, el puño y la rosa, ya que esto va relacionado con lo siguiente.
Su ideología
debe quedar más clara. El PSOE es un partido grande que intenta llegar a mucha
población pero debe definirse más, a mi parecer como lo hace el Partido
Socialista Europeo: centro-izquierda, reformista, progresista, laico, federal
y, claramente, socialdemócrata. El PSOE dejó de ser marxista en 1979 y, de
hecho, siempre quedó del lado del SPD alemán y no de los bolcheviques tras la
Revolución Rusa, por lo que continuar con el tema, ya aburrido, del marxismo es
incidir en una ideología caduca y que allí donde se ha aplicado ha resultado
ser tan dañina como lo es el capitalismo salvaje.
El PSOE debe
abrirse a la ciudadanía: sus procesos internos deben ser lo más transparentes
posibles, apostar por las primarias abiertas a pesar de los riesgos que ellas
conllevan, ya que ese modelo fue el que hizo ganar a los socialistas franceses.
Debe recoger una lista de simpatizantes oficial, que puedan votar en las
primarias de las elecciones a los secretarios generales mientras que las
primarias para elegir candidatos a las elecciones ya se puedan abrir a la
población general que se sienta identificada con el proyecto socialista.
La crisis de
la militancia en los partidos viene dada por su rigidez. Una estructura muy
cerrada y que los ciudadanos no entienden en pleno siglo XXI. Así, la solución
de apostar más por los simpatizantes es clara para atraer a la gente al
partido.
En cuanto a
los jóvenes, mi propuesta es radical y muy crítica después de mi experiencia. Ya
está bien de unas Juventudes Socialistas con una falsa autonomía orgánica que,
de facto, no existe. Por tanto, mi propuesta es que sea incompatible militar en
JSE y militar en el PSOE a la vez. Esto evitaría que JJSS fuese el trampolín de
cara al partido y dejaría JSE como una organización más pura.
Por otro lado,
los cargos públicos deberían ser transitorios. Un concejal no debería exceder más
de tres legislaturas (12 años) en el cargo al igual que los alcaldes. En el
caso de los diputados y presidentes autonómicos la duración sería aún menor: 8
años máximo. En cuanto al presidente del gobierno, directamente la Constitución
debería fijar en 8 años el mandato del jefe del gobierno, en caso de ser
reelegido.
En las
agrupaciones locales, el mandato del secretario general debería ser de 4 años
máximo para evitar acomodamientos. Las demás secretarías sí podrían repetirse
indefinidamente. En las ejecutivas de las federaciones del partido podrían ser
8 años para el secretario general y los demás secretarios, al igual que en la
Comisión Ejecutiva Federal.
El objetivo de
todas estas medidas sería evitar el clientelismo y liberar a los partidos de
parásitos, lo cual considero indispensable si se quiere regenerar nuestra
democracia y en particular el PSOE.

No hay comentarios:
Publicar un comentario