Primero
debemos comenzar con conceptos básicos que todos sabemos pero que nunca viene
mal refrescar. La Tierra está dividida en 24 husos horarios, siguiendo el
tiempo cronométrico establecido por los seres humanos. Estos husos vienen dados
por los meridianos, líneas imaginarias que unen los polos magnéticos del
planeta y nos permiten calcular las diferentes horas según sea de día o de
noche.
Todos
los husos horarios están definidos en función del Tiempo Universal Coordinado
(UTC), huso horario centrado en el Meridiano 0, llamado también de Greenwich
(Londres).
Al
girar la Tierra de oeste a este, a cada huso horario se va sumando una hora si
es en dirección este. Por el contrario, en dirección oeste se va restando. El
meridiano de 180 º es la Línea Internacional de Cambio de Fecha, y marca el
cambio de día. Se sitúa en medio del océano Pacífico.
Viendo
esta sencilla explicación, lo más lógico es que todas las regiones con un mismo
huso horario tengan un tiempo solar aparente semejante, sin grandes diferencias.
Por ejemplo, que amanezca a una hora muy aproximada.
Sin
embargo, la política, una vez más, entra en donde no debería hacerlo y lo que
es geografía pasa a ser geopolítica por lo que vemos casos curiosos en esta
materia.
El
más destacable es el de España. El Meridiano de Greenwich atraviesa nuestro
país por el este, concretamente por la antigua Corona de Aragón y
la ciudad de Castellón. Así, lo lógico es que España tuviera la misma hora que
Londres, la de Europa Occidental, al coincidir geográficamente (UTC +/-0). Sin
embargo, en 1940 el gobierno, entonces encabezado por el dictador Francisco
Franco, decidió cambiar la hora a la de Berlín, como gesto de amistad hacia el
nazi Adolf Hitler. Tras la Segunda Guerra Mundial, España mantuvo la hora de
Europa Central (UTC+1), originándose el problema que tenemos desde hace
décadas: estar en un “jet lag” permanente. Así, España tiene la misma hora que
Alemania o Italia cuando amanece y anochece bastante después que esos países
debido a su situación geográfica. Esto
origina problemas como el famoso “en España comemos y cenamos más tarde”. Esto
no se debe solo a cultura sino también a esta incoherencia horaria.
En azul, la Hora de Europa Occidental (UTC+/-0), en rojo, la Hora de Europa Central (UTC+1) y en ocre la Hora de Europa Oriental (UTC+2). En naranja está el llamado Horario de Kaliningrado (UTC+3) y en verde ya el Horario de Moscú (UTC+4). Islandia tiene la de Europa Occidental pero no adelanta una hora para verano como los demás.
Portugal
por su parte también se pasó en su día a la hora de Europa Central pero volvió
a la Occidental, por lo que sí está en consonancia con su geografía. En España,
las islas Canarias también tienen la hora de Greenwich, aunque geográficamente
estén muy al oeste de dicho meridiano.
La
solución en cualquier caso sería colocar la hora de España de nuevo en su meridiano
original y en el que se sitúa, es decir, una hora menos a la actual, unificando
así la hora de la Península Ibérica y adecuándola a la de Londres. Canarias por
su parte podría retroceder una hora a su vez (no perderían su exclusiva) y
tener la misma de las islas Azores y una zona de Groenlandia (UTC-1). Esto, sin
embargo, debería ir acompañado de cambios en las costumbres y en la vida laboral para que
tuviera éxito.
Pero
España no es el único país que se encuentra con situaciones de “jet lag”
permanente. Toda la mitad oeste de Francia está en nuestra misma situación ya
que el país galo, como España, tenía la hora de Europa Occidental hasta que
Hitler se interpuso en toda Europa. La invasión de Francia supuso que ésta
pasase al horario de Berlín obligada pero, tras el fin de la guerra, se decidió
no volver a la de Londres ya que, al fin
al cabo, la mitad este del país sí concordaba con la hora de
Europa Central. Eso sí, nadie pensó en la mitad oeste: en la península de
Bretaña puede ser aún tan de día como en Madrid cuando en Berlín ya ha anochecido.
Hay casos más impactantes: China, con su gran
extensión, solo tiene un huso horario. Así, cuando en la costa es completamente
de noche, en el interior lindante con Kazajstán, por ejemplo, ¡es bien de día a
la misma hora! La diferencia, de hecho, puede ser en realidad de unas cuatro
horas dada la enorme distancia de la que hablamos. Esto, al gobierno chino, no
parece que le resulte un inconveniente visto lo visto.
Por
suerte, los grandes países del mundo, como se ve en el mapa adjunto, sí suelen
tener esto en cuenta y respetan los husos: Estados Unidos tiene cinco
(incluyendo Alaska) para su espacio continental como Canadá, Australia tiene
tres, Brasil dos y Rusia nada menos que nueve debido a sus más de 17 millones
de km² de extensión.
Por
otro lado, hay países que han adoptado husos únicos como medio para
reafirmarse, es decir, introduciendo la política de nuevo en la estricta
geografía. Así, Venezuela introdujo media hora por lo que su huso es el
UTC-4:30, es decir, tres horas y media menos que en la España peninsular. Irán
es otro caso semejante, UTC+3:30 (dos horas y media más que en España), India
(UTC+5:30), Nepal (aún más específico al ser tres cuartos de hora: UTC+5:45), Nueva
Zelanda (UTC+12:45) y la del centro de Australia, con media hora sumada en
dicho huso.
En
definitiva, los Estados del mundo deberían tener presente que los husos
horarios se crearon para crear un orden temporal de acuerdo al sol y, por
tanto, a la naturaleza. La geografía puede intentar alterarse pero, finalmente,
la Tierra seguirá, sin inmutarse, su rotación sin que los seres humanos podamos
alterarla (por suerte).




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