viernes, 6 de septiembre de 2013

Jefes de Estado de España (Parte IV)



DINASTÍA BORBÓN 2ª RESTAURACIÓN (1874-1931)

A finales de 1874 llegó a España el nuevo rey, Alfonso XII, hijo de Isabel II. Su reinado se abría con expectativas después de seis años que, si bien habían tenido buena voluntad en el sentido de buscar un impulso decisivo a la democratización de España, se habían caracterizado por su inestabilidad. El principal valedor del joven rey (llegó al trono con solo 17 años) fue un político que daría que hablar, Antonio Cánovas del Castillo, liberal conservador. Junto a Práxedes Mateo Sagasta, líder de los liberales progresistas, ideó un sistema de turno pacífico entre ambos partidos que se llamaría a posteriori la Restauración. Así, había elecciones pero claramente amañadas, pues se ideaban toda clase de triquiñuelas para que ganara el partido correspondiente en cada elección, el Conservador o el Liberal. El caciquismo y el clientelismo estuvieron claramente extendidos durante la Restauración.  Las clases bajas quedaban excluidas del sistema pero en 1890 se aprobó el sufragio universal masculino. Este sistema de turno de partidos fue eficaz hasta la década de 1920.

Alfonso XII fue apodado El pacificador  debido a que consiguió estabilidad para España y terminó las dos guerras que afectaban al país desde el reinado de Amadeo I, la de Cuba y la tercera guerra carlista. En 1876 derrotó a los carlistas y abolió los fueros de Navarra y las provincias vascas, principales apoyos carlistas. Sin embargo, en 1878 les concedió el famoso concierto económico. La guerra de Cuba acabó en 1878  pero la paz no perduró ya que dos décadas después el conflicto se reabriría.

Se redactó una nueva constitución para el nuevo régimen, la de 1876, que fue la más duradera de nuestra Historia, pues estuvo en vigor hasta 1923. Por esta Carta Magna el rey era árbitro y tenía amplios poderes ya que la soberanía estaba compartida entre las Cortes y el monarca. Las Cortes pasaban a ser bicamerales, con un Congreso y un Senado, como en la actualidad. Por otro lado, se reconoció la libertad religiosa, aunque el catolicismo siguió siendo la religión oficial del Estado.
Enfrente de este sistema había diversos grupos que fueron cobrando fuerza con el paso de los años: los carlistas, nunca vencidos del todo; los republicanos, muy fragmentados; el movimiento obrero, que fue cobrando importancia en dos variantes muy diferentes, los anarquistas y los socialistas (el PSOE se fundó en 1879); y, finalmente, los regionalistas y nacionalistas periféricos como el catalanismo y el nacionalismo vasco (el PNV se creó en 1895).

El sistema estaba ya establecido pero, solo diez años después de llegar al trono, Alfonso XII moría por una enfermedad en 1885. Su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo, estaba aún embarazada del hijo del monarca y no se sabía si sería varón o no, aunque se suponía que, de ser mujer, podría reinar como lo había hecho Isabel II. Mientras tanto, María Cristina ejerció la regencia. Unos meses después nacía Alfonso XIII, y, curiosamente, nacía ya como rey. Debido a su minoría de edad, su madre seguiría siendo la regente y la que tomaba decisiones como una auténtica reina titular. Se mantuvo el sistema que se había creado con Alfonso XII y se siguieron turnando conservadores y liberales sin mayores problemas.

España en estos años se caracterizó por continuar su lenta industrialización y expansión del ferrocarril. Había pasado a ser una potencia de muy segundo orden. Mientras sus vecinas europeas creaban inmensos imperios coloniales, España mantenía sus antiguas colonias insulares de ultramar (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam y varios archipiélagos en el Pacífico). Por otro lado, amplió su presencia en África asegurando la Guinea Ecuatorial y expandiéndose por el Sáhara Occidental.
En 1898 la tensión había aumentado en Cuba hasta límites insoportables. Los nuevos insurrectos exigían la independencia de la isla de España y contaban con las simpatías (falsas) de Estados Unidos, que veía en Cuba un salto hacia expandir su influencia en América y también en el mundo. Así, en febrero de 1898 se produjo el hundimiento del buque estadounidense Maine en La Habana y Estados Unidos acusó del siniestro a los españoles (los hechos no están esclarecidos). Entraba así en la guerra a favor de los insurrectos cubanos y volcaba la guerra decisivamente pues España no fue rival para la incipiente potencia americana. Tras varias derrotas el gobierno español negoció con Estados Unidos la paz que llegó con el Tratado de París por el que quedaba liquidado el imperio de ultramar de España al cederle a Estados Unidos Filipinas, Puerto Rico, Guam y Cuba, a la que se le dio la independencia como satélite de los estadounidenses. España mantuvo los archipiélagos del Pacífico pero, la dificultad de poder mantenerlos hizo que se los vendiera un año después a Alemania.

La dura derrota sumió al país en una cierta desesperanza, aunque no motivó cambios políticos. Entre los intelectuales comenzó a hablarse de regeneracionismo, surgiendo la Generación del 98, debido a este desastroso acontecimiento de la Historia de España.

Después del 98 España trató de compensar la presencia en el Caribe y en el Pacífico por una mayor influencia en África, concretamente en el norte de Marruecos.
En 1902 Alfonso XIII cumplía la mayoría de edad y, al fin, comenzaba su reinado personal que se caracterizó por los continuos intentos del rey de intervenir en la política española, así como en los partidos gobernantes. Además, el rey estableció una relación cercana con los mandos militares. 

 Los líderes del Partido Conservador (Cánovas) y Liberal (Sagasta) dejaron paso a nuevos presidentes del gobierno como Antonio Maura (conservador) y José Canalejas (liberal), aunque el sistema de la Restauración de turno de partidos comenzaba a mostrar síntomas de cansancio. Estos dos últimos políticos trajeron políticas diferentes. Maura entendió la necesidad de hacer reformas y cambios y propuso la “revolución desde arriba para que no nos la hagan desde abajo” de acuerdo a los tiempos que empezaban a correr en Europa. Su mandato, iniciado en 1904, terminó en 1909 debido a los efectos de la Semana Trágica de Barcelona y de la posterior represión. Canalejas fue presidente entre 1910 y 1912 y propuso una democratización evidente. Un mayor papel del Estado en materia social y laboral que sentó unas basas para un Estado del Bienestar, y una progresiva secularización del Estado. Finalmente, Canalejas fue asesinado sin poder llevar a término sus propuestas.

El sistema estaba agotado, el turno de partidos sin líderes fuertes y el contexto europeo muy convulso al comenzar la Primera Guerra Mundial, en la que España se mantuvo neutral, pero que afectó a la política nacional. En 1917 se produjo la Revolución Rusa que llegó a España en forma de mayor inestabilidad. Posteriormente, la situación no hizo más que empeorar: la guerra en Marruecos se agravó y entre 1917 y 1923 hubo trece crisis de gobierno. Además, en Barcelona también aumentó la conflictividad social de manera progresiva apareciendo el pistolerismo.

En 1921 la crisis llegaba a su culmen con el desastre de Annual en el que el ejército español fue duramente derrotado en Marruecos por las tropas rifeñas de Abd el Krim.

Esta derrota condujo al pronunciamiento militar de septiembre de 1923 que comenzó en Barcelona Miguel Primo de Rivera y que consiguió el poder sin apenas oposición y casi se podría decir, con apoyo de ciertos sectores sociales.
El rey consintió la dictadura de buen grado ya que tomó varias medidas para solucionar la difícil situación que atravesaba el país. Al ser una dictadura se terminó el turno de partidos que existía desde el siglo XIX y se derogó la constitución de 1876.

El principal problema era la guerra colonial en Marruecos en la que España iba en desventaja. Para acatar el problema de una vez por todas y pacificar el territorio, Primo de Rivera preparó un desembarco en Alhucemas con apoyo francés para rodear a las tropas rifeñas. La operación fue un éxito y al fin se podía aplicar el protectorado español en el norte de Marruecos.

En política interior Primo de Rivera llevó a cabo una política de obras públicas muy necesaria para el país y se llevó a cabo con éxito la Exposición Universal de Barcelona de 1929 (ciudad que ya había acogido la de 1888).
Primo de Rivera colaboró con los socialistas, especialmente con la UGT, mientras que los más reprimidos fueron los anarquistas, relevantes en España desde principio de siglo y que habían dado más de un dolor de cabeza a los sucesivos gobiernos.

A finales de la década la situación empezó a torcerse y, a pesar del éxito de la Exposición Universal, los problemas comenzaron a aflorar por todos lados. El dictador, cansado, dimitió en 1930. El rey Alfonso XIII, comprometido por haber apoyado la dictadura, intentó mantenerla con otro hombre, Dámaso Berenguer, que abrió la llamada dictablanda. Tuvo que hacer frente a los efectos del Crack del 29, que ya habían atravesado el Atlántico e influían también en España. Berenguer finalmente dimitió a su vez y fue sustituido por Juan Bautista Aznar quien encabezaría el último gobierno de Alfonso XIII. Éste estaba claramente identificado con el apoyo a la dictadura y había perdido muchos apoyos.

En abril de 1931 se convocaron elecciones municipales y los partidos republicanos ganaron en las ciudades mientras que en el campo, por efecto de los caciques, ganó la monarquía. Los republicanos se habían organizado en los años previos hasta llegar al Pacto de San Sebastián de 1930.

Tras estos resultados, el rey renunció a la Corona (no abdicó) y marchó al exilio. Un gobierno provisional encabezado por Niceto Alcalá-Zamora se hizo cargo del país. La Segunda República fue proclamada el 14 de abril en medio del entusiasmo.

SEGUNDA REPÚBLICA  (1931-1936) y GUERRA CIVIL (1936-1939)

La Segunda República fue un periodo corto de la Historia de España pero que marcó profundamente. Se puede dividir en tres etapas: el Bienio reformista (1931-1933), el Bienio radical-cedista (1933-1936) y en 1936 el Frente Popular.
 El gobierno provisional tuvo que afrontar casi desde el primer día problemas. Los más exaltados comenzaron a provocar revueltas exigiendo rapidez en las reformas y se atacó a iglesias abriéndose el grave problema anticlerical. A pesar de ello, las intenciones fueron claramente democratizadoras: se redactó una nueva constitución republicana y democrática que daba amplias libertades a la población y otorgaba el derecho a voto a la mujer por primera vez. Sin embargo, tuvo el rechazo de parte de la derecha, que seguía siendo monárquica. En las primeras elecciones generales ganó el bloque de la izquierda que formó un gobierno de republicanos y socialistas. El PSOE había ido creciendo desde su fundación y en 1931 fue el partido más votado. El presidente de la República (Jefe de Estado) continuó siendo Niceto Alcalá-Zamora, que se mantendría en dicho cargo hasta 1936 y el presidente del gobierno fue Manuel Azaña durante el bienio reformista.

Hubo amplias reformas como la del ejército, la agraria, la autonomía a regiones empezando por Cataluña, etc. aunque no entraremos en ellas pues se necesitaría un libro entero. Los conflictos continuaron y llegaron a su cénit primero con un intento de golpe de Estado por parte del general Sanjurjo que fracasó, y en 1933 el episodio de Casas Viejas en el que la guardia civil mató a campesinos insurrectos. Esto último hizo dimitir a Azaña y se convocaron nuevas elecciones generales ese año.
Las elecciones las ganó la derecha, siendo el primer partido la CEDA, coalición de diversas fuerzas de derecha y en general monárquicas. Los presidentes del gobierno en el bienio radical-cedista fueron del Partido Radical de Lerroux pero con apoyo parlamentario de la CEDA. Estos gobiernos revirtieron todas las reformas anteriores lo que hizo que los socialistas se radicalizaran, especialmente la UGT. En 1934 estalló la revolución de octubre que tuvo éxito sobre todo en Asturias. Comenzó como una huelga general por la entrada de la CEDA en el gobierno y acabó como una auténtica sublevación en Asturias y Cataluña, aunque en la segunda tomó un cariz más nacionalista. El gobierno sofocó la revuelta y la represión que siguió fue muy dura.

En 1936 se volvieron a convocar elecciones, que fueron muy competitivas. La izquierda se alió en el Frente Popular, tanto republicanos como socialistas. La derecha se alió en un frente pero que no concurrió unido en todas las circunscripciones. La participación fue muy alta y el Frente Popular se impuso, sobre todo en las ciudades. El centro con el Partido Radical casi desaparecía.

Se formó un nuevo gobierno de izquierdas que retomó las reformas. Manuel Azaña sustituyó a Alcalá-Zamora como jefe del Estado.
Sin embargo, la situación se fue tensando cada vez más. Las posiciones radicales de ambos bandos fueron creciendo y los sindicatos UGT y CNT movilización numerosas huelgas. La lucha callejera de los más radicales fue convirtiéndose en algo común y Falange Española, de carácter fascista, fue aumentando considerablemente apoyos.

En julio de 1936 hubo dos asesinatos políticos que prendieron la chispa: el del teniente Castillo, hombre de izquierdas, y el del diputado Calvo-Sotelo, perteneciente a la CEDA. Generales del ejército llevaban preparando meses un golpe de Estado y, con estos asesinatos, aceleraron los preparativos. El 18 de julio de 1936 parte del ejército se sublevaba en Canarias, Marruecos, Castilla y León, Galicia, Navarra, parte de Aragón y Baleares. En el resto el golpe fracasaba por lo que comenzaban así tres largos años de guerra civil y de destrucción.

Sobre la Guerra Civil no vamos a entrar mucho ya que estos artículos son sobre los jefes de Estado y los principales hechos de su mandato. Durante el conflicto España quedó dividida entre dos extremismos políticos ya que las opciones moderadas quedaron aisladas. Se sucedieron sangrientos combates pero el avance de los sublevados fue lento pero inexorable salvo fracasos como el intento de toma de Madrid. Durante la guerra la jefatura del Estado en la zona republicana siguió en Manuel Azaña y en el bando sublevado pronto se tendería a la concentración de poderes y la Junta de Defensa Nacional, gobierno de los sublevados, le daría todo el poder en octubre de 1936 como jefe de Estado claramente dictatorial.

Finalmente, la república perdería la guerra y el 1 de abril de 1939 la guerra había acabado con victoria de los sublevados. Se iniciaba un largo periodo dictatorial que, por la presencia absoluta del dictador Franco se ha denominado el Franquismo. 

ALFONSO XII DE ESPAÑA (1874-1885)
ALFONSO XIII DE ESPAÑA (1885-1931) 
NICETO ALCALÁ-ZAMORA Y TORRES (1931-1936)
MANUEL AZAÑA DÍAZ (1936-1939*) 
FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE (1936*-1975)  

* En Guerra Civil

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