martes, 3 de septiembre de 2013

Jefes de Estado de España (Parte III)



DINASTÍA BORBÓN 1ª RESTAURACIÓN (1813-1868)

Una vez terminada la Guerra de la Independencia, volvió el rey Deseado, sobre el que había grandes esperanzas depositadas por parte del pueblo después de tantos años de conflicto: Fernando VII, hijo de Carlos IV.
Durante la guerra, la legitimidad española se había concentrado en las Cortes, reunidas en Cádiz debido a la ocupación francesa de gran parte del país. Dichas Cortes habían aprobado en 1812 una constitución, la primera en la Historia de España (la famosa “Pepa”) que fue de las más liberales de su tiempo y que acababa con el Antiguo Régimen al limitar el poder real y aplicar los principios de la Ilustración, como la división de poderes, además de libertades que supusieron que los hasta entonces súbditos pasaran a ser ciudadanos.

Sin embargo, Fernando VII no permitió que la Constitución continuara en vigor y, al poco de conseguir el trono, en 1814, la derogó. El reinado de Fernando VII se divide historiográficamente en tres periodos según fuese su poder absoluto o parcial: una primera etapa entre 1814 y 1820 en la que el rey tuvo plenos poderes absolutos. Está enmarcada en un contexto europeo de intento de volver al Antiguo Régimen obviando que hubiese habido una revolución en Francia que se había expandido por toda Europa por las guerras napoleónicas. La segunda etapa se inició en 1820 cuando hubo un pronunciamiento militar por parte del coronel Riego que triunfó e inauguró el Trienio Liberal (hasta 1823). En este periodo se volvió a implantar la Constitución de 1812 y el rey vio mermados sus poderes por parte de las Cortes.
Este proceso no agradaba a Fernando VII que, rápidamente, pidió apoyo a la Santa Alianza, que se había formado por parte de las monarquías absolutas europeas. La respuesta vino en forma de un ejército: los Cien Mil Hijos de San Luis, miembros del ejército francés, que derrotaron a los liberales y permitieron recuperar a Fernando el poder absoluto.

La última etapa del reinado de Fernando VII duró diez años, hasta su muerte en 1833. Fue una etapa de fuerte represión sobre todos sus adversarios en los tres años de gobierno liberal y la vuelta a las políticas anteriores. Esta vuelta supuso una crisis en el país, que necesitaba de importantes reformas para continuar adelante. El absolutismo estaba acabado como demostraban las revueltas por toda Europa (1820, 1830).
A esta crisis se añadió el conflicto dinástico ya que Fernando VII no tenía ningún hijo varón, aunque sí hijas. La Ley Sálica impedía reinar en España (al contrario que en otros países como Gran Bretaña) a las mujeres. Fernando VII finalmente apostó por el cambio al derogar dicha ley mediante la Pragmática Sanción, lo que abrió el trono a su hija mayor, Isabel.

Esta decisión no recibió el beneplácito de los sectores más absolutistas, que apostaron por otro sucesor al trono, Carlos María Isidro, hermano menor del rey y al que correspondía la corona en caso de morir el monarca sin descendencia. Nacía así el bando carlista, que tanto daría que hablar posteriormente.

Coincidiendo en gran parte con esta etapa se dio la independencia masiva de las colonias americanas. La pérdida de poder de la monarquía española debido a su secuestro en Bayona durante la guerra y el inmovilismo ante las reformas que exigían en América, hicieron que las distintas regiones americanas se fueran independizando en estos años sin remedio, empezando por Argentina en 1810 y acabando con Bolivia y Perú en la década de 1820. España ya solo mantenía Filipinas, Cuba y Puerto Rico como vestigios de su anterior extenso imperio y quedaba relegada, definitivamente, a potencia menor junto a su vecina Portugal, que perdió su gran colonia de Brasil en los mismos años.

Fernando VII murió en 1833 y le sucedió nominalmente como reina Isabel II. Ésta en 1833 tenía tan solo tres años de edad, por lo que se abrió un largo periodo de regencia. Se nombró regente a la reina consorte de Fernando, María Cristina de Borbón, que pronto tuvo que afrontar un grave problema: la sublevación de los carlistas, que habían proclamado rey a Carlos negando la legitimidad de Isabel. Comenzaba así una guerra civil, la primera de las tres guerras carlistas que sacudieron España a lo largo del siglo XIX.
Para conseguir el éxito en la guerra, María Cristina se alió con los anteriores enemigos de su marido, los liberales, aceptando un cambio progresivo de régimen, aunque sin reformas radicales como esperaban los liberales más “exaltados”.  De parte de los carlistas estuvieron los elementos más conservadores partidarios de continuar con el absolutismo. Los focos carlistas más relevantes estuvieron en el País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y Valencia. Isabel tuvo el apoyo de las grandes ciudades, de la burguesía y de las clases populares urbanas.

La guerra duró hasta 1840 aunque los carlistas nunca lograron extenderse por todo el territorio español y siempre jugaron a la defensiva. El Convenio de Vergara puso fin a la guerra pero el carlismo pervivió. 

Los liberales se dividieron en dos: moderados, partidarios de reformas limitadas, y progresistas, partidarios de reformas profundas que eliminaran el Antiguo Régimen. María Cristina alternó los apoyos de ambas facciones buscando equilibrios aunque lo más habitual fue que primasen los moderados.

En 1840 sin embargo hubo cambios en el gobierno del país. Isabel seguía siendo muy joven pero el hartazgo de los progresistas con la regente, encabezados por el famoso general Espartero, cuyo papel en la guerra había sido importante, motivó que ésta renunciase a la regencia y que se fuera de España. En su sustitución quedó Espartero como nuevo regente hasta que la reina alcanzara la mayoría de edad.
Los conflictos entre liberales y su autoritario gobierno hicieron que finalmente Espartero dimitiera y se exiliara. Isabel aún tenía trece años pero las Cortes decidieron adelantarle la mayoría de edad para evitar una tercera regencia. Así comenzaba el reinado personal de la monarca.

El reinado de Isabel II fue muy interesante pues, aunque continuó el traspaso de poder del monarca a las Cortes, en materia de libertades individuales no hubo avances. Isabel alternó gobiernos moderados con progresistas como se ve en las etapas en las que podemos dividir su reinado (la década moderada entre 1843 y 1853, el bienio progresista entre 1854 y 1856 y la llamada Unión Liberal de 1858 a 1863, de nuevo de carácter moderado). Por otro lado, el reinado de Isabel II significó la modernización de España gracias a la construcción de muchas líneas de ferrocarril que articularon el país, tras siglos de problemas de conexión. La industrialización fue leve pero comenzó, sobre todo en la periferia. Se reabrieron universidades y se intentó reconstruir en África el imperio colonial con las conquistas de Ifni, Guinea Ecuatorial, la expedición a Indochina, etc. entre 1846 y 1849 se produjo la llamada segunda guerra carlista que no tuvo el alcance de la primera al tratarse solo de diversos levantamientos sobre todo en Cataluña que fueron sofocados.

Los problemas del final de su reinado la dejaron aislada y en 1868 la revolución gloriosa la hizo retirarse al exilio. Se abría una nueva etapa en la convulsa Historia de España del siglo XIX: el Sexenio democrático.

GOBIERNO PROVISIONAL (1868-1870) Y DINASTÍA SABOYA (1870-1873)

El Sexenio Democrático fue un periodo en el que se probaron diferentes opciones de carácter democrático para España. La cuestión ya no era un Estado liberal que otorgara algunas libertades y controlara el poder regio sino una democracia muy parecida a la actual. Sin embargo, como se fue viendo, la situación era muy compleja y las facciones muy diferentes entre sí.

En primera instancia se formó un gobierno provisional que tomó medidas relevantes como instaurar una serie de libertades básicas, libre cambio en economía, etc. ese gobierno tuvo que decidir qué forma de gobierno se quería para España y apostó por una monarquía pero constitucional y democrática. Esto hizo que perdiera el apoyo de los republicanos.

En 1869 se redactó una nueva constitución democrática que sustituía a la anterior moderada de 1845. Surgió el debate de tener que elegir un nuevo rey y, mientras tanto, se eligió como regente al general Serrano, jefe de Estado hasta la elección del rey. Tenemos así al primer jefe de Estado de España que no fue rey ya que no se pueden contar las regencias anteriores de Mariana de Austria, Marñia Cristina de Borbón y Baldomero Espartero ya que con ellos sí había un rey como jefe de Estado aunque no fuera mayor de edad. Con Serrano es diferente: aún no hay un rey escogido.
La mayoría de los revolucionarios rechazó elegir a un Borbón como rey por lo que se buscaron alternativas y finalmente se eligió a Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia.

Amadeo I fue rey desde su elección por las Cortes en 1870 hasta 1873, año en el que abdicó y volvió a Italia. Su corto reinado tuvo problemas desde el principio. Su principal apoyo en España, el general Prim, fue asesinado justo antes de su llegada, lo que complicó las cosas. Los conflictos internos se acrecentaron con el comienzo de la tercera guerra carlista y la guerra de Cuba. Cansado y derrotado, Amadeo I abdicó.

PRIMERA REPÚBLICA (1873-1874)

Ante el caos de la abdicación, las Cortes proclamaron la Primera República, ya que casi no había otra solución. Fue un régimen político muy breve pero que dejó una fuerte impronta debido a su gran inestabilidad.
A pesar de su brevedad, el periodo se puede dividir en dos etapas: la república federal y la unitaria. En la primera predominaron políticos más radicales y que pretendieron convertir a España en una república federal, medida pionera en nuestra Historia pero para la que ni el país ni las Cortes de entonces estaban preparadas. Los dos primeros presidentes caminaron en ese sentido: Estanislao Figueras y Francisco Pi i Margall, sobre todo el segundo. Se redactó una constitución nueva que dividía España en 17 Estados, incluida Cuba, cuya guerra continuaba. Hubo algunos que no aceptaron esta política y apostaron por construir el federalismo desde abajo, el llamado movimiento cantonal. De todos los cantones creados, solo el de Cartagena tuvo cierto éxito y se convirtió en ejemplo del caos de la república.

Para acabar con el cantonalismo y para no perder más posiciones en Cuba, se reforzó a los militares y la república adquirió un cariz más conservador. Se eligió consecutivamente a otros dos presidentes, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar, ambos unitarios que acabaron con la propuesta federal.
El golpe de Estado del general Pavía, en enero de 1874 abrió la puerta a la presidencia de Francisco Serrano que, como ya se ha visto, fue regente anteriormente. Sin embargo,  muchos sectores fueron apoyando la llamada solución alfonsina, es decir, que el hijo de Isabel II, Alfonso, regresara a España como nuevo rey y abriese una nueva etapa. El golpe de Estado de Martínez Campos dio por finalizada la experiencia republicana a finales de 1874. 

FERNANDO VII DE ESPAÑA (1813-1833)
ISABEL II DE ESPAÑA (1833-1868)
FRANCISCO SERRANO Y DOMÍNGUEZ (1868-1870, 1874)
AMADEO I DE SABOYA (1870-1873)
ESTANISLAO FIGUERAS Y MORAGAS (1873)
FRANCISCO PI I MARGALL (1873)
NICOLÁS SALMERÓN ALONSO (1873)
EMILIO CASTELAR Y RIPOLL (1873-1874)
  

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