Imagen de la semana: el calendario revolucionario francés

 


Pocas veces ha habido medidas más extravagantes y radicales como la que decidieron los revolucionarios franceses en 1793, en plena Revolución. El calendario gregoriano, empleado en muchos países europeos desde el siglo XVI y todavía hoy el calendario más utilizado del mundo, fue sustituido por otro que se iniciaría el 22 de septiembre de 1792, coincidiendo con el inicio del otoño en Francia. 

Los meses cambiaban de nombre para eliminar toda referencia religiosa o antigua, pues el objetivo era comenzar una nueva era. Así, su nuevo nombre hacía referencia a aspectos climáticos o agrícolas y había tres meses por estación:

Otoño: Vendimiario (por las vendimias), Brumario (brumas), Frimario (escarchas).
Invierno: Nivoso (nieves), Pluvioso (lluvias), Ventoso (vientos).
Primavera: Germinal (semillas), Floreal (flores), Pradial (prados).
Verano: Mesidor (recolección), Termidor (calor), Fructidor (frutos).

Por lo demás, todos los meses tenían 30 días y los cinco días sobrantes estarían dedicados a fiestas. De septiembre de 1792 a septiembre de 1793 fue el año 1 del nuevo calendario... pero no cumpliría muchos años. Napoleón, ya autoproclamado emperador, decidió abolirlo para volver al gregoriano y continuar así su reconciliación con la Iglesia. Así, el 1 de enero de 1805 Francia volvió al calendario tradicional. Se intentaría recuperarlo brevemente en 1814, tras la primera caída de Napoleón, y en 1871 durante la Comuna de París, pero en ningún caso se consiguió, quedando como una curiosidad histórica hasta el día de redacción de este artículo, que en el calendario revolucionario francés sería 19 de Brumario del año 234

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