Imagen de la semana: el fin de la democracia

 


Con un simple documento, que es el que aparece encima de estas líneas. Así fue cómo, en 1933, Adolf Hitler, ya convertido en canciller de Alemania, destruyó la democracia en ese país. Con la excusa de salvar a la nación de sus perversos enemigos, consiguió que el parlamento alemán (Reichstag) aprobase la Ley Habilitante, la cual le daba poderes extraordinarios al canciller al margen del sistema parlamentario. 

¿Tenía el Partido Nazi mayoría absoluta en el parlamento alemán? No. Pero tampoco hizo falta. Con la excusa (de nuevo, excusas) del incendio del edificio del parlamento, los nazis ya habían encarcelado a los diputados comunistas, a los que se acusó del incendio. Con esto, solo quedaba un grupo de izquierdas en la cámara, los socialdemócratas. Los demás partidos eran de centro o de centroderecha. Con una mezcla de amenazas e intimidaciones, los nazis consiguieron que centristas y conservadores votasen a favor de la Ley Habilitante. Muchos de los conservadores tradicionales consideraban que podrían controlar a los nazis. Eran unos ingenuos, como se demostró poco después. Solo los socialdemócratas se atrevieron a votar en contra de la ley, pero fue insuficiente. 

Una vez investido de casi plenos poderes, Hitler mantuvo algunas formas mientras el presidente de la República, Paul von Hindenburg, siguió vivo. A su muerte en 1934, Hitler asumió también la presidencia, pasando a ser el Führer del nuevo Tercer Reich alemán. La democracia quedaba oficialmente enterrada poco más de un año después de aprobarse la Ley Habilitante. Todos los partidos políticos fueron ilegalizados menos el Nazi, así como los sindicatos. Las libertades civiles fueron anuladas y la economía férreamente controlada por el Estado. Y las minorías perseguidas salvajemente, en especial los judíos, acusados falsamente de ser los responsables de todos los males que se daban en Alemania. 

Ya era tarde para protestar. Los que habían mirado a otro lado, o bien se integraron por convicción o por miedo en el sistema, o bien mantuvieron un cauto silencio intentando pasar desapercibidos frente a la cruel represión nazi. Los que se habían opuesto desde el principio a Hitler, como los socialdemócratas, fueron perseguidos, castigados y, no pocas veces, torturados y asesinados por los medios represivos del régimen, como la policía política (Gestapo). 

¿Podría esto volver a ocurrir? Es cierto que la actual democracia alemana y, en general, en muchos países europeos, tiene cláusulas casi imposibles de modificar en sus constituciones para asegurarse de que una simple ley como la que tratamos en este artículo pueda eliminar la separación de poderes. Pero también es cierto que el ascenso, de momento imparable, de los partidos ultras (con la complicidad en muchas ocasiones de los conservadores tradicionales, que quizá esperen "controlarlos" como en 1933) hace que las normas no siempre se vean como respetables, incluso las constituciones, o que haya que cumplirlas. El segundo partido más votado de Alemania en 2025, Alternativa para Alemania, es una formación abiertamente ultraderechista, ultraconservadora y nacionalista, que ha pasado de menos del 5 % de votos en 2013 a más del 20 % en 2025. 

¿El siglo XXI será una repetición de nuestros peores errores en el siglo XX?

1 comentario:

  1. Seguro que veremos otra guerra fría entre fanáticos comunistas y neonazis

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