Imagen de la semana: el Discóbolo



Esta semana nos vamos a la Antigua Grecia, en concreto a la escultura helénica clásica. Esta escultura, el Discóbolo de Mirón, es una de las más famosas de la Historia del arte. Realizada en el siglo V a. C. por un escultor llamado Mirón, la que se ha conservado hasta hoy en realidad es una copia en mármol romana de la original de bronce, perdida en algún momento de la Historia.

La escultura original estaba policromada mediante uso de diferentes metales como plata y cobre de los que quedan algunos restos. Mide 1,53 m de alto y es una escultura exenta, es decir, independiente de todo muro. 

La escultura nos muestra un atleta en el momento de concentración previo a lanzar el disco en una prueba, quizá olímpica, que se llama lanzamiento de disco y que todavía hoy es una prueba en los Juegos Olímpicos. Es una obra totalmente antropocentrista, con una persona como centro absoluto del arte, y en la que se representa con todo detalle el cuerpo de un hombre desnudo, con los músculos en tensión previos al lanzamiento. Es una obra simbólica del clasicismo griego, alejada del arte religioso, con una atrevida composición y rompiendo con la frontalidad que se había practicado hasta entonces. 

Imagen de la semana: Clara Campoamor


La imagen de esta semana nos lleva a la España de 1931. En el Congreso de los Diputados se debatía una de las propuestas para incluir en la nueva constitución de la Segunda República. Era una de las propuestas más importantes ya que era el voto femenino. La principal defensora de la propuesta era Clara Campoamor (1888-1972), una abogada madrileña que en las primeras elecciones democráticas de junio de 1931 fue elegida diputada por el Partido Radical, el único que apostó por que ella estuviese en puestos de salida en Madrid.

La idea de Campoamor era que las mujeres pudiesen votar ya en las siguientes elecciones de manera libre. Sin embargo, las otras dos mujeres diputadas que había en las Cortes (Victoria Kent y Margarita Nelken) votaron en contra de dar en ese momento el voto a las mujeres, temiendo que estas estuviesen influidas por sus maridos, padres o sacerdotes a la hora de votar y, con ello, beneficiar a la derecha monárquica. Campoamor defendía que las mujeres ya eran mayores de edad como para tener criterio suficiente al votar.

Fue Clara Campoamor la que consiguió sus objetivos al conseguir el apoyo del Congreso. Votaron en contra muchos de los republicanos, que temían la caída de la República si las mujeres daban el voto a la derecha, mientras que el Partido Socialista votó a favor.

¿Era fundado este temor de los republicanos? En las siguientes elecciones de 1933 ganó la derecha pero menos de tres años después, en 1936, la izquierda volvió al poder, por lo que la tesis de que el voto femenino beneficiaría a la derecha no es exactamente así. Y considerar a las mujeres incapaces de decidir por sí solas fue un error por parte de Kent y Nelken.

Campoamor, como tantos otros políticos republicanos, tuvo que irse al exilio, aunque en su caso ya al comienzo de la Guerra Civil. Su figura fue incomprendida en esa época, al ser libre de partidos y coherente con su pensamiento. Falleció en el exilio en Suiza y solo muchos años después se le reconoció su trabajo y méritos. Tanto que una de las estaciones más importantes de Madrid, Chamartín, lleva su nombre. El de la mujer que consiguió el voto para la mujer en España.

Imagen de la semana: las vertientes y cuencas hidrográficas de España

 


España no es un país muy húmedo pero tiene cientos de ríos en su territorio que transportan agua todo el año, aunque en la mayor parte de la nación sufran de un importante estiaje en verano (disminución del caudal, es decir, de la cantidad de agua). 

En España hay tres vertientes hidrográficas según en qué mar u océano desemboquen sus ríos. Así, la vertiente más imporante es la atlántica, pues la mayoría de ríos desembocan en ese océano o son afluentes de ríos que lo hacen. Además, salvo el Ebro todos los grandes ríos españoles (y portugueses los que son compartidos) desembocan en el Atlántico: Tajo, Duero, Guadalquivir, Guadiana, Miño, etc. El motivo por el que la mayoría de ríos desemboquen en el Atlántico es que la península ibérica está levemente inclinada hacia el oeste desde el Sistema Ibérico, incluida la Meseta Central. Esta inclinación se creó durante la historia geológica peninsular en el Cenozoico. 

La segunda vertiente más extensa es la mediterránea, en la que destaca un río por encima de todos, el Ebro, que además da nombre a la península ibérica. Otros ríos relevantes de esta vertiente son el Júcar y el Segura. 

Finalmente, la vertiente cantábrica podría considerarse parte de la atlántica pero suele presentarse por separada dado que sus ríos son cortos debido a la presencia de la Cordillera Cantábrica pero muy caudalosos dado el clima húmedo de la zona. 

Dentro de cada vertiente hay asimismo cuencas hidrográficas. Estas son territorios en donde todas sus aguas drenan hacia un río principal o hacia distintos ríos y estos a su vez desembocan en un mar, océano o lago. En España existen varias, la mayoría asociada en un río principal. Por ejemplo, Madrid se encuentra en la cuenca del río Tajo. Esto se debe a que el río que atraviesa la ciudad es el Manzanares, afluente del Jarama que a su vez desemboca en el Tajo. Otro ejemplo sería la ciudad de León, por la que fluye el río Bernesga, que desemboca en el Esla y este a su vez en el Duero. 

Las principales cuencas son, dentro de cada vertiente:
- Vertiente atlántica: Galicia costa, Miño-Sil, Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Tinto-Odiel, Guadalete-Barbate. 
- Vertiente mediterránea: Mediterránea andaluza, Segura, Júcar, Ebro, internas de Cataluña. 
- Vertiente cantábrica: Cantábrica oeste, Cantábrica este/internas del País Vasco. 

Países del mundo: Bulgaria

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