El hemiciclo de la Asamblea de Madrid. El Periódico.
Del latín concordia.
2. f. Ajuste o convenio entre personas que contienden o litigan.
3. f. Instrumento jurídico, autorizado en debida forma, en el cual se contiene lo tratado y convenido entre las partes.
4. f. unión (‖ sortija compuesta de dos anillos enlazados).
Concordia, lo que nos falta, y mucho, en España. Un país que está exhausto después de un año sumidos en la peor pandemia desde la gripe de 1918-1919. Un país que no había terminado de recuperarse de la última gran crisis económica, la Gran Recesión iniciada en 2008, y está otra vez con una situación económica límite. Y en el que, sin embargo, parece que estamos a otras cosas.
Hace apenas unas semanas, tras las elecciones al Parlamento de Cataluña de febrero, parecía que se abría una nueva etapa. No había elecciones a la vista hasta finales de 2022 y ello permitía que el Gobierno y el principal partido de la oposición, el Partido Popular, llegasen a acuerdos de Estado para renovar instituciones que llevan años caducadas, como el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el consejo de administración de Radio Televisión Española (RTVE) o el Defensor del Pueblo. De ellas, solo dio tiempo a renovar RTVE ya que el veto del PP a candidatos cercanos a Unidas Podemos hizo imposible que la muy necesaria renovación del CGPJ haya tenido que esperar. Y más con la bomba política de la semana pasada.
La Región de Murcia lleva gobernada por el PP desde 1995. 26 largos años sin alternancia en el poder, con un partido que se ha visto involucrado en varios casos de corrupción y en donde se han creado unas redes clientelares que harían palidecer las de la Antigua Roma, en donde nació dicho concepto.
Resultado de las elecciones autonómicas de Murcia de 2019: la suma de PSOE y Ciudadanos alcanzaba la mayoría absoluta. Sin embargo, el partido que se autodenominaba "liberal" prefirió mantener al PP después de 24 años de gobierno y de casos de corrupción y, además, dependiendo del apoyo externo de la extrema derecha. El resultado ha sido desastroso para ellos.
La Comunidad de Madrid está en una situación similar: el PP gobierna en la misma ininterrumpidamente desde 1995, bajo las presidencias de Alberto Ruiz-Gallardón (1995-2003), Esperanza Aguirre (2003-2012), Ignacio González (2012-2015), Cristina Cifuentes (2015-2018), Ángel Garrido (2018-2019), Pedro Rollán (interinamente en 2019) y ahora Isabel Díaz Ayuso (desde 2019). Solo hay que echar un vistazo a esa lista para ver que, desde que Aguirre dimitió en 2012, la inestabilidad se ha hecho endémica en Madrid, con hasta cinco presidentes distintos, eso sí todos del PP, en solo ocho años.
Si tenemos en cuenta los datos de Murcia y de Madrid, solo hay otra comunidad que lleve más años sin alternancia política: Castilla y León, gobernada por el PP desde 1987 (cuando todavía era Alianza Popular).
Resultados de las elecciones a la Asamblea de Madrid de 2015: las opciones progresistas se quedaron a las puertas y Ciudadanos apostó por mantener en el poder al PP.
Por tanto, después de seis años de sostenerles, Ciudadanos, nacido como un partido que pretendía renovar las instituciones, perseguir la corrupción y erigirse como alternativa a derecha e izquierda; decidió la semana pasada presentar una moción de censura en la Región de Murcia. Su valentía solo iba a llegar ahí: no pretendían extenderla a otras comunidades en las que gobiernan con el PP, como Castilla y León o Madrid y mucho menos en Andalucía (en donde gobiernan desde finales de 2018). Sin embargo, la dirección del partido naranja no calculó bien la lealtad de sus propios diputados y tres de sus seis diputados en la Asamblea Regional de Murcia decidieron dar la espalda a su partido y, a cambio de suculentos cargos en el gobierno murciano ofrecidos por el PP, hacer fracasar una moción de censura que habían firmado solo dos días antes. El PP rompía el pacto contra el transfuguismo y el PSOE no conseguía la ansiada alternancia política. Además, el PP también se aliaba con disidentes de Vox y les daba ni más ni menos que la Consejería de Educación con el nefasto veto parental en las escuelas, del que volveremos a hablar en otra ocasión.
El mismo día de la presentación de la moción, la presidenta de la Comunidad de Madrid, señora Ayuso, anunciaba la disolución de la Asamblea de Madrid y la convocatoria de elecciones anticipadas para el 4 de mayo. La tranquilidad que se esperaba de al menos un año y medio sin comicios en España quedaba totalmente rota. Además, Ayuso expulsaba de su gobierno a los consejeros de Ciudadanos, acusándoles sin pruebas de pretender una moción como en Murcia, algo que parece harto improbable teniendo en cuenta las políticas de Ciudadanos en los últimos dos años en cuestión de alianzas.
Resultado de las elecciones de 2019: de nuevo Ciudadanos prefirió mantener al PP en el poder, entrando esta vez en el ejecutivo regional, con el nefasto resultado de estas semanas. En las próximas elecciones la Asamblea pasa a tener 136 escaños, necesitándose 69 para la mayoría absoluta.
Por otro lado, Ayuso, convertida en la heroína de la derecha, simplifica las elecciones como una lucha casi religiosa entre la “libertad” que, por supuesto, ella representa, y el socialismo o comunismo (depende del momento) que pretende destruir a la Comunidad de Madrid sin ningún remedio. Ese socialismo tan peligroso que gobierna en hasta once comunidades autónomas (Asturias, Cantabria, Euskadi, Navarra, La Rioja, Aragón, la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares, Castilla-La Mancha, Extremadura y Canarias) que, si atendiésemos a los argumentos de Ayuso, el PP y la extrema derecha, deberían ser páramos absolutamente destruidos por el socialismo, en tenebrosa alianza con el comunismo soviético-etarra-bolivariano (si es que tal cosa existe).
Los excesos verbales solo acaban de empezar y nos queda todavía casi un mes y medio de campaña que se prevé repleta de insultos, descalificaciones, mentiras, bulos e intervenciones impresentables. Además, en la Comunidad de Madrid parece que solo hay dos opciones de gobierno en este momento: o una coalición entre el PP de Ayuso, el más radical del país, y la extrema derecha de Vox; o una coalición progresista entre el PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos a imitación del Gobierno de España. Ciudadanos, por su parte, luchará por conseguir el 5 % necesario de votos para poder mantener su representación en la Asamblea de Madrid, algo que no está claro que vaya a conseguir.
De momento el clima es favorable a Ayuso. Pero la ciudadanía debe votar con la cabeza y no con las entrañas. El gobierno de la señora Ayuso solo ha aprobado una sola ley en dos años: la del suelo, quizá para seguir cediéndolo a empresas amigas. El gobierno de la señora Ayuso ha sido irresponsable durante toda la pandemia, jugando a hacer oposición al central por motivos partidistas, rechazando prácticamente todas las medidas para luchar contra el virus, medidas que sí han sido apoyadas por las demás comunidades, incluidas Castilla y León, Galicia, Murcia o Andalucía (todas ellas gobernadas también por el PP). El gobierno de la señora Ayuso no ha sido capaz ni de presentar unos presupuestos para la región, a pesar de contar con el apoyo ciego de Ciudadanos y el indirecto de los ultras. No ha habido gestión en una Comunidad desnortada en los últimos años, que parece que pide una alternancia de gobierno pero que nunca consigue los votos necesarios para ello.
¿Es Madrid una comunidad conservadora? En parte sí. En la capital el PP ya arrasó en 1991 y ha gobernado la ciudad casi ininterrumpidamente desde entonces, con la excepción de los cuatro años de Manuela Carmena. Sin embargo, el conjunto de la Comunidad no es tan conservador como puede parecer. El área metropolitana, por ejemplo, es mucho más favorable a las opciones progresistas, así como los barrios del extrarradio de la capital. El problema es que los conservadores votan más y son más fieles que los progresistas y de clase obrera, que en algunos casos se quedan más en casa y no acuden a votar, como sucedió en 2019.
Movilizar el voto parece una tarea mayúscula en medio de una pandemia que no sabemos cómo va a evolucionar en mayo y, además, teniendo en cuenta que las elecciones están calculadamente convocadas un martes en vez de un domingo, buscando desmovilizar el voto obrero. Sin embargo, debemos conseguir que se vote masivamente. Si no es esta vez, después de quedarse cerca en 2015 y 2019 y después de estos dos años nefastos para Madrid, no será nunca. Necesitamos menos gritos, insultos y fake news, menos trumpismo y populismo. En definitiva, menos odio y más CONCORDIA.


El 4 de de mayo va a ser una jornada frenética sin duda, cosa que no debería haber pasado y que ahora nos afecta a tod@s. Ahora que lo que venga sea para bien. Un placer leerte!
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