En Europa utilizamos el calendario juliano o gregoriano (muy parecidos) desde hace siglos, basado en el nacimiento de Cristo. Este es aproximado porque según algunos estudios Cristo nació en realidad en torno al año cuatro antes de Cristo (por muy paradójico que suene).
En cualquier caso, estamos acostumbrados a este calendario creado por Julio César con la ayuda de científicos de Alejandría en el siglo I a. C. Después se estandarizó que se contase desde el supuesto nacimiento de Cristo, como ya hemos mencionado. Por otro lado, el calendario juliano no era del todo preciso y el papa Gregorio XIII lo terminó de ajustar, adelantando 13 días, manteniéndose desde entonces intacto.
Hay muchos más calendarios en el mundo, pero el gregoriano es con diferencia el más utilizado debido a que se comenzó a emplear en Europa Occidental (primero en los países católicos y luego en los protestantes y ortodoxos) y en sus colonias y de ahí al resto del mundo. Otros calendarios difieren por motivos religiosos y culturales, como el calendario islámico, que cuenta los años desde la Hégira (huida de Mahoma de La Meca en nuestro año 622); o los calendarios budistas (año 2565), chino (4718) o hebreo (5781).
Otro calendario, aunque ya en desuso, es el que utilizaban los romanos para cuestiones formales en la Antigüedad, llamado comúnmente Ab Urbe condita (desde la fundación de la Ciudad, en latín). Contaban desde la supuesta fundación de Roma, correspondiente a nuestro año 753 antes de Cristo. Así, el año 1 de nuestra era correspondió con el año romano 754 Ab Urbe condita y 2021 sería el 2774.
Estuvo vigente aproximadamente hasta el siglo VI d. C, cuando se comenzó a contar desde el cálculo aproximado del nacimiento de Cristo, pero aun así se siguió utilizando hasta bien entrada la Edad Media . La ciudad de Roma había perdido buena parte de su influencia y el Imperio Romano de Occidente ni siquiera existía ya, de ahí ese cambio.
Moneda mostrando al emperador Adriano y la fecha de su acuñación Ab Urbe condita (121 de la era cristiana). No solía emplearse en las monedas.
Lo curioso es que los romanos no empleaban este calendario en su día a día. En la República, preferían contar desde la creación de la República romana (en nuestro 509 a. C.) o bien nombrar los años según quiénes hubiesen sido los cónsules en cada año. Hay que recordar que los dos cónsules eran los dos magistrados más poderosos de la República, con mando militar. En época del Imperio se prefería contar los años desde el comienzo del reinado del emperador de turno.
Para saber a qué año de nuestro calendario equivale uno Ab Urbe condita, solo hay que restarle 753, pudiendo ser anteriores al nacimiento de Cristo, evidentemente.
Además, en algunas provincias se utilizaban otros calendarios. Era el caso de Hispania (actuales España y Portugal), en donde se utilizó durante mucho tiempo el calendario de la Era Hispánica. Este parte desde nuestro año 38 a. C. El porqué de la elección de esta fecha no está claro, aunque se cree que podría ser por la instauración de Hispania como provincia tributaria del Imperio alrededor de ese año.
La Era Hispánica se empleó de manera oficial desde el reino visigodo de Toledo y durante toda la Edad Media, coexistiendo con la era cristiana. Hasta el siglo XIV se utilizó en la Corona de Aragón, al igual que en Castilla. En Portugal se utilizó un poco más, hasta el siglo XV y también en Navarra, por lo que sobrevivió siglos. Así, para saber a qué año de nuestro calendario equivale uno de la Era Hispánica solo hay que sustraerle 38 años.
De esta manera, vemos que contar el tiempo es muy variable y depende de la cultura, historia o religión de cada pueblo. Incluso los calendarios pueden elaborarse según el cálculo solar (como el nuestro) o lunar (como el islámico).
BIBLIOGRAFÍA
F. MARQUÉS, N. Un año en la Antigua Roma. Barcelona: Espasa, 2018.


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