¿Irresponsabilidad o deslealtad?

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En Europa estamos sumidos en la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial y, en el caso concreto de España, en la peor desde la Guerra Civil. El coronavirus que provoca la enfermedad Covid-19 se ha mostrado como una grave pandemia que está poniendo a prueba a nuestra sociedad, obligándonos a quedarnos en casa para que la enfermedad no se siga extendiendo de esa manera tan agresiva que ya ha provocado varios miles de muertos en España.

Sin embargo, los buitres y miserables siguen estando ahí, y demostrando su variedad: creadores de bulos (entre ellos muchos supuestos periodistas en supuestos medios serios), estafadores que se aprovechan de la desgracia, imprudentes que se saltan la cuarentena aludiendo a una supuesta libertad que nos puede llevar al abismo y, cómo no, los políticos irresponsables.

A estos últimos hay que dedicarles un capítulo aparte. Es cierto que el gobierno de España ha actuado a remolque de la situación, pero ¿cuál no? ¿el italiano? Es obvio que no. ¿El estadounidense? Trump todavía infravalora el alcance de esta crisis. ¿El chino? Censuró claramente la información al principio de la epidemia e incluso hizo callar al médico que denunció la situación que se estaba creando en Wuhan. ¿El brasileño? Ayer mismo su presidente dijo que esto es solo un “catarrito”. ¿El alemán? No cuenta las muertes que se deben a coronavirus con otra enfermedad, por lo que no son datos reales. ¿El británico? Al principio pretendía no actuar contra la enfermedad, esperando que la población se inmunizara aunque fuese al coste de miles de muertos. Visto lo visto, la actuación española ha sido hasta razonable. Como ejemplo este gráfico, que muestra la situación en cuanto a fallecidos y contagiados justo cuando se declaró el confinamiento en sus casas de la población:
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Pero la oposición al gobierno prefiere una vez más no estar a la altura y atacar duramente al gobierno utilizando para ello la crisis y, obviamente, los fallecidos y enfermos. Una política ruin que los ciudadanos deberán juzgar cuando esto pase, así como la actuación del gobierno, demasiado lenta en ocasiones. Es cierto que nadie podía prever que la pandemia fuese a ser así. Es, repetimos, la peor crisis en 75 años y, aunque su mortalidad es menor, puede comprarse con la gripe de 1918 en cuanto a impacto social, político, económico y psicológico.

De las decisiones del gobierno hay una que ahora se revela como un error evidente, que fue impulsar las manifestaciones del 8 de marzo por el día de la mujer. En ese momento la situación ya era complicada y deberían haberse cancelado. Sin embargo, es obvio que la crisis no ha alcanzado esta magnitud por esas manifestaciones y, de hecho, hubo más acontecimientos políticos ese mismo fin de semana, entre ellos del PP y de Vox, los que ahora critican más la gestión del gobierno. Por no hablar de festividades, eventos deportivos, etc.

La actitud del Partido Popular ha oscilado entre aceptar una tregua al gobierno y criticar destructivamente aprovechándose de la crisis. Su presidente, Pablo Casado, ayer mismo acusó al gobierno de utilizar la crisis para desgastar a la monarquía y a la propiedad privada. Sin comentarios sobre semejante barbaridad. En cuanto a Vox, no esperábamos demasiado de ellos o, mejor dicho, no esperábamos nada. Pero proponer en plena crisis sanitaria que miles de inmigrantes se queden fuera de la cobertura del sistema de salud es directamente una locura y una inmoralidad que solo empeoraría la epidemia.

En el extremo contrario tenemos a los independentistas catalanes. Como en el caso de Vox y de ciertos sectores del PP, la enfermedad aquí no es el Covid-19 sino el nacionalismo radical que impide ver más allá de banderas y de sus propias insensateces. En el caso catalán es Junts per Catalunya, el partido de Puigdemont y Torra, el que está aprovechando la crisis para difamar al gobierno de España en el extranjero, acusando de no hacer nada contra el virus. ¿Decretar un estado de alarma que directamente prohíbe a la ciudadanía salir de sus casas salvo en situaciones muy concretas es no hacer nada? Qué irresponsabilidad. En el campo independentista también está Esquerra Republicana, que ha sido desde la investidura el socio más débil del gobierno y el más proclive a traicionarle. No está usando la crisis como Junts, pero desde luego no está dando una tregua precisamente sino criticando lo que consideran tibieza.

Es sorprende, por el contrario, la nueva actitud de Ciudadanos, que vuelve a la moderación para este tema y apoya al gobierno sugiriendo medidas, aunque sin las críticas radicales de los otros dos partidos del espectro de la derecha. También es de agradecer la actitud del Partido Nacionalista Vasco después de un inicio confuso en el que criticó el estado de alarma sin sentido al acusar de asumir competencias autonómicas. La unidad de acción es imprescindible en estas circunstancias.

Así, ayer un Congreso casi vacío aprobó la primera prórroga del estado de alarma, que probablemente tendrá que ser renovada al menos otra vez, vista la situación a día de hoy. Votaron a favor todos los partidos de ámbito nacional (PSOE, PP, Vox, Unidas Podemos, Ciudadanos y Más País), además de varios partidos autonómicos, como el PNV y los regionalistas. Se abstuvieron los independentistas catalanes y vascos, pero por considerar las medidas “escasas”. Repetimos, el ejército está en la calle, desinfectando o creando hospitales de campaña. El tráfico se ha reducido más de un 70 % en las ciudades, así como el conjunto de los transportes. Se han realizado unos 400.000 expedientes de regulación temporal de empleo. Y, lo que más nos impacta: llevamos encerrados en casa por la cuarentena casi dos semanas (y lo que puede quedar) saliendo solo a comprar lo más rápidamente posible o a trabajar en el caso de los que no pueden teletrabajar. ¿De verdad la deslealtad impide ver esto?

El coronavirus no distingue entre ideologías, etnias, religiones o cualquier otra estúpida diferencia que creemos los humanos entre nosotros. Por ello debemos estar unidos frente a esta pandemia y trabajar juntos para frenar de una vez esa maldita curva que no deja de crecer. Nuestra población está muy envejecida, protejamos a nuestros mayores y a las personas con otras enfermedades. Quedémonos en casa. Dejemos de pasar noticias sin contrastar. Seamos responsables, los políticos también. Ya habrá tiempo de buscar responsabilidades cuando acabe la epidemia. Pero ahora no es el momento de hacer esa oposición destructiva que, tristemente, parece que es la única que los conservadores saben hacer en este país.

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