¿Tiene futuro la monarquía en España?


Es una pregunta de difícil respuesta. Puede considerarse que la Corona, dada su valoración popular actual, tiene el futuro cercano asegurado, pero nada más. Atrás quedaron los años 80 y 90, cuando la valoración del rey Juan Carlos I era elevadísima, su figura contaba con un consenso generalizado entre los partidos y el futuro de la monarquía parecía seguro en los próximos cien años gracias a la presencia de un heredero mayor de edad y con buena valoración como era el príncipe Felipe, actual rey Felipe VI. 

Todo ello ha cambiado bastante en los últimos años. El rey Juan Carlos abdicó en 2014 debido a varios escándalos que estaban afectando a la Casa Real, el más destacado la implicación del yerno del monarca, Iñaki Urdangarin, en una trama de corrupción en torno al Instituto Noos. Felipe se convertía en el nuevo rey con una tarea ingente: reconstruir la imagen de la Corona ante una sociedad herida de muerte por los efectos de la crisis económica iniciada en 2008. 

Juan Carlos I dejó la monarquía en una situación delicada cuando abdicó en 2014: en pleno escándalo del caso Noos.


Por otro lado, el consenso generalizado entre partidos del pasado ha desaparecido. Hoy tenemos un panorama político complejo, con uno de los cuatro principales partidos, la coalición Unidos Podemos, ampliamente opuesto a la monarquía y con ánimo de impulsar en España una república, aunque sin concretar de qué tipo ni cómo, lo cual no es una cuestión menor, como vimos en otro artículo.

En ese artículo también comentamos que España, en realidad, no es un país ni republicano ni monárquico en cuanto a entusiasmo hacia una forma de gobierno u otra. Es cierto que la mayoría de nuestra Historia, España ha sido un reino o unión de reinos, siendo las experiencias republicanas aisladas y breves (1873-1874 y 1931-1939), más una larga dictadura personalista que definía a España como un “reino sin rey”, el Franquismo (1939-1975). 

Por último, hoy no hay una heredera mayor de edad y consolidada ante la opinión pública debido a que la princesa de Asturias, Leonor, aún es muy joven. Esto, que en otras circunstancias no sería un inconveniente, es otro factor para tener en cuenta hasta que cumpla la mayoría de edad dentro de cinco años y hasta que finalice sus estudios universitarios y de otra índole (como militares). 

La forma de gobierno monárquica es muy antigua y en los países occidentales sobrevive como un aspecto más tradicional que otra cosa ya que los reyes no ejercen el poder y tan solo mantienen el título de jefe del Estado, al que se pueden sumar otras prerrogativas más o menos simbólicas según el país. Por ejemplo, en España el rey es también el jefe de las Fuerzas Armadas, pero la política a seguir por estas depende del gobierno. El monarca tampoco puede actuar libremente y sus discursos son supervisados por el Ejecutivo, salvo el tradicional de Navidad, en donde el rey nunca se ha salido de las líneas básicas de los sucesivos gobiernos. 

Felipe VI ha tenido dos hitos principales en su todavía breve reinado de cuatro años: el primero fueron las complejas negociaciones para formar gobierno en 2016 después de que las elecciones de diciembre de 2015 mostrasen unas Cortes muy fragmentadas. Tras la negativa de Mariano Rajoy a intentar la investidura, el rey se limitó a cumplir la Constitución y ofreció esa posibilidad al líder del segundo partido más votado, Pedro Sánchez, quien fracasó en el intento y hubo nuevas elecciones. 

El segundo fue en octubre de 2017, cuando los independentistas catalanes, después del pseudo referéndum del uno de octubre intentaron proclamar la independencia, interviniendo el monarca por televisión para llamar al orden constitucional y a la convivencia, algo que los secesionistas no le perdonarán jamás porque, tras esa intervención del rey, cientos de empresas catalanas abandonaron la comunidad y el intento de independencia fracasó. 

Puede considerarse que Felipe VI se ha ganado la Corona hasta ahora al cumplir su papel de rey constitucional de manera férrea, pero su papel como jefe de Estado de España hace que ahora sea el blanco principal de los independentistas catalanes. Así, en esa comunidad hay una mayoría ciudadana opuesta a la monarquía, algo que se amplía a otras comunidades como el País Vasco o Navarra, en donde, si bien la agenda independentista está aparcada (de momento) el nacionalismo es muy fuerte. 

Por el contrario, el rey reúne sus mayores apoyos en el centro y sur del país, en donde la monarquía suele ser muy apreciada y, en caso de referéndum, no hay muchas dudas sobre que el resultado sería favorable a la actual forma de gobierno, la monarquía parlamentaria. 

Sin embargo, Felipe VI debe tener en cuenta el destino de sus antepasados de los últimos dos siglos y no olvidar nunca que España no es un país firmemente monárquico como Gran Bretaña. Así, los precedentes no son muy alentadores: Carlos IV (que reinó entre 1788 y 1808) fue destronado por su propio hijo, Fernando VII y este por Napoleón, quien puso en el trono a su hermano José, estando Carlos y Fernando en el exilio hasta 1813, cuando Fernando VII volvió como rey. Carlos IV vivió el resto de su vida exiliado debido a la enemistad con su hijo. 

Los tres últimos reyes que ha habido en España: de izquierda a derecha, el actual monarca, Felipe VI; Juan Carlos I y Alfonso XIII, obligado a exiliarse tras un reinado convulso.


Fernando VII (1813-1833) tuvo un reinado aún peor que el de su padre. España se convirtió en una potencia menor y el rey persiguió duramente a los liberales, dejando a su muerte un país en guerra civil. Su heredera, Isabel II (1833-1868), tuvo otro reinado convulso y en 1868 fue destronada y tuvo que irse al exilio. 

Tras seis años de cierto caos, con un gobierno provisional, una regencia, el breve reinado del monarca de origen italiano Amadeo I y una república, el hijo de Isabel II, Alfonso XII (1874-1885), volvió del exilio para reinar, iniciando la Restauración. Sin embargo, murió prematuramente y hubo una nueva regencia hasta que su hijo, Alfonso XIII (1885-1931), alcanzó la mayoría de edad. El reinado de este fue muy convulso y acabó con él en el exilio tras proclamarse la Segunda República. 

Después de 44 años sin reyes en España, Juan Carlos I fue proclamado a la muerte de Franco y la monarquía volvió al país hasta ahora. 

De esta manera, vemos que, de los antepasados de Felipe VI, tenemos una sucesión de exilio (Carlos IV), vuelta del exilio (Fernando VII), otro monarca al exilio (Isabel II), otro que volvió del mismo (Alfonso XII) y de nuevo otro que se tuvo que exiliar (Alfonso XIII). El abuelo de Felipe, Juan de Borbón, directamente no fue rey porque coincidió con la república y la dictadura, la cual le vetó como futuro monarca. Así, vivió casi toda su vida en el exilio. Juan Carlos I nació en el exilio en Roma, aunque vino a vivir a España tras un acuerdo entre su padre y Franco. 

Así, si seguimos con esa secuencia de irse al exilio y volver, a Felipe VI le podría tocar irse al exilio al igual que otros de sus antepasados y a su hija, Leonor, volver del mismo, aunque eso sería muy difícil visto lo sucedido en Europa: ningún país que se proclamase república en el siglo XX ha vuelto a ser monarquía

Y es que, admitámoslo, es una institución que se ve antigua a los ojos de las generaciones más jóvenes. Ser el rey por motivos hereditarios puede chocar en una sociedad democrática y que crea en la igualdad de oportunidades. Solo la cuestión histórica y la preparación y honradez de los monarcas les salvan de ser relevados. Esa será la principal labor de Felipe VI y de su hija Leonor durante este siglo: demostrar que son útiles y honrados.

Felipe VI y su hija y heredera, Leonor.

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