La "volea" de las elecciones de 1982 Vía Khronos


En mi última colaboración con la revista digital Khronos Historia, presento un tema fascinante como son unas de las elecciones generales más importantes de la historia reciente de España: las de 1982. En las mismas, el panorama político iniciado en la Transición hizo una “volea”: primera mayoría absoluta de la democracia actual, hundimiento rotundo del hasta entonces partido en el gobierno y nueva derecha reforzada. Era el inicio del bipartidismo PSOE-PP… hasta su fin en 2015. 

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Celebración de la victoria en la noche electoral del 28 de octubre de 1982: a la derecha, el candidato socialista y nuevo presidente del Gobierno, Felipe González. A la izquierda, su mano derecha y nuevo vicepresidente, Alfonso Guerra.

Comienza un largo ciclo electoral



Palacio de San Telmo, en Sevilla, sede de la presidencia de la Junta de Andalucía.


Esta medianoche comienza la campaña de las elecciones autonómicas de Andalucía, que se celebrarán el próximo 2 de diciembre. Son unas elecciones clave para analizar la situación política actual no solo en Andalucía, sino en el conjunto de España, al abrir un ciclo electoral que finalizará probablemente dentro de un año con las elecciones generales. Antes pasaremos por las elecciones locales, autonómicas y europeas de mayo, una cita clave para el desarrollo del país en los próximos años. 

Pero de momento tenemos a corto plazo las elecciones andaluzas, adelantadas tres meses por la presidenta, Susana Díaz, del Partido Socialista. El PSOE lleva gobernando Andalucía desde la Transición de manera ininterrumpida y con todo tipo de ejecutivos: en solitario con mayoría absoluta (1982-1994, 2004-2012), en minoría (1994-1996, 2015-actualidad) y en coalición con el Partido Andalucista (1996-2004) y con Izquierda Unida (2012-2015). 

Durante esta legislatura ha estado gobernando, por tanto, en minoría, aunque con el apoyo fundamental de Ciudadanos, primero para conseguir la investidura de Díaz y luego para el día a día. Con PP y con Podemos ha resultado imposible llegar a acuerdos debido a la animadversión mutua del PSOE andaluz con esas formaciones. En el caso del PP es extensible a toda España, pero en el de Podemos puede considerarse que las relaciones son mucho peores en Andalucía que en el resto del país. En cuanto a Izquierda Unida, por sí sola no le valía a Díaz para poder gobernar. 

El parlamento estaba compuesto por 47 escaños del PSOE, 33 del PP, 15 de Podemos, 9 de Ciudadanos y 5 de Izquierda Unida. En estas elecciones de diciembre hay cuatro formaciones con opciones claras de conseguir escaños, que son las ya presentes en el parlamento además de la nueva coalición entre Podemos e IU: Adelante Andalucía, que aspira a aumentar su representación actual, de 20 escaños. Parece que solo hay otro partido que podría lograr escaños, y no está claro, que es la nueva extrema derecha de Vox, reforzada ante la debilidad del PP. 

Hospital de las Cinco Llagas, sede del Parlamento de Andalucía, en Sevilla.


Así, hay cuatro principales candidatos a presidir la Junta de Andalucía. La primera es Susana Díaz Pacheco (Sevilla, 1974), presidenta desde 2013 y, previamente, consejera de Presidencia e Igualdad (2012-2013), diputada en el Congreso, senadora, diputada en el parlamento andaluz y concejal en Sevilla. Por tanto, lleva en política de manera ininterrumpida desde 1999. 

El candidato del PP vuelve a ser Juan Manuel Moreno Bonilla (Barcelona, 1970), presidente del PP andaluz desde 2014. Ha sido secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad (2011-2014), diputado en el Congreso, senador, diputado en el parlamento andaluz y concejal en Málaga. Así, su trayectoria es parecida a la de Díaz porque lleva ostentando un cargo público desde 1995. 

Teresa Rodríguez-Rubio Vázquez (Rota, Cádiz, 1981), profesora, es la candidata de Adelante Andalucía, la coalición de Podemos e IU, además de dos pequeños partidos nacionalistas andaluces, Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza. Al contrario que en 2015 y que a nivel estatal, Equo acudirá en esta ocasión en solitario. Es la secretaria general de Podemos en Andalucía desde 2015 y solo ha tenidos dos cargos públicos: diputada en el parlamento andaluz y eurodiputada de 2014 a 2015. Pertenece al ala anticapitalista de Podemos, la más escorada a la izquierda de la formación. 

El candidato de Ciudadanos vuelve a ser Juan Marín Lozano (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1962). Empresario, de los cuatro, es el candidato menos conocido, por lo que su partido ha apostado por hacer una campaña en la que él va a aparecer siempre acompañado del presidente del partido, Albert Rivera, o de la líder de la formación en Cataluña, andaluza de nacimiento, Inés Arrimadas. Ha tenido dos cargos públicos: diputado en el parlamento andaluz y concejal en Sanlúcar de 2007 a 2015. 

Los cuatro partidos deberán pelear por conseguir los 109 escaños del Parlamento de Andalucía, que se reparten por provincias según su población: Sevilla (18), Málaga (17), Cádiz (15), Granada (13), Córdoba (12), Almería (12), Jaén (11) y Huelva (11). El medio rural es el área en la que los socialistas son más fuertes, mientras que en las ciudades el voto está más disputado. Por provincias, Sevilla, Jaén y Huelva son feudos socialistas. Cádiz es en donde Adelante Andalucía puede tener mejores resultados y Málaga y, sobre todo, Almería son las más conservadoras y donde la derecha puede tener mayoría. De hecho, en esta última el CIS concede un escaño a la extrema derecha. 
Las encuestas pronostican unánimemente que el PSOE ganará las elecciones, con una ventaja que varía según la encuesta, pero que en general es amplia. La duda es cuál será el segundo partido, dado que PP, Ciudadanos y Adelante Andalucía están muy igualados, aunque la mayoría de las encuestas colocan al PP un poco por delante, de manera insuficiente como para evitar sorpresas en las urnas. De hecho, el CIS coloca en segundo lugar en votos a Adelante Andalucía, aunque da un empate en escaños a PP y Cs. 

No parece que vaya a haber sorpresas en cuanto a la formación de gobierno: Díaz podría seguir gobernando tanto a su derecha como a su izquierda. Aunque Ciudadanos señale que no piensa volver a investirla presidenta, la relación entre ambos ha sido correcta estos años. Más difícil sería llegar a acuerdos con la izquierda, aunque no imposible. 

Por lo tanto, el día 2 veremos hasta qué punto el cambio de gobierno en España ha impulsado al PSOE, en qué situación se encuentra el PP, si Podemos y compañía recuperan posiciones, cuánto puede crecer Ciudadanos y si la extrema derecha tiene posibilidades de regresar a la primera línea política, después de 35 años en la sombra.

¿Tiene futuro la monarquía en España?


Es una pregunta de difícil respuesta. Puede considerarse que la Corona, dada su valoración popular actual, tiene el futuro cercano asegurado, pero nada más. Atrás quedaron los años 80 y 90, cuando la valoración del rey Juan Carlos I era elevadísima, su figura contaba con un consenso generalizado entre los partidos y el futuro de la monarquía parecía seguro en los próximos cien años gracias a la presencia de un heredero mayor de edad y con buena valoración como era el príncipe Felipe, actual rey Felipe VI. 

Todo ello ha cambiado bastante en los últimos años. El rey Juan Carlos abdicó en 2014 debido a varios escándalos que estaban afectando a la Casa Real, el más destacado la implicación del yerno del monarca, Iñaki Urdangarin, en una trama de corrupción en torno al Instituto Noos. Felipe se convertía en el nuevo rey con una tarea ingente: reconstruir la imagen de la Corona ante una sociedad herida de muerte por los efectos de la crisis económica iniciada en 2008. 

Juan Carlos I dejó la monarquía en una situación delicada cuando abdicó en 2014: en pleno escándalo del caso Noos.


Por otro lado, el consenso generalizado entre partidos del pasado ha desaparecido. Hoy tenemos un panorama político complejo, con uno de los cuatro principales partidos, la coalición Unidos Podemos, ampliamente opuesto a la monarquía y con ánimo de impulsar en España una república, aunque sin concretar de qué tipo ni cómo, lo cual no es una cuestión menor, como vimos en otro artículo.

En ese artículo también comentamos que España, en realidad, no es un país ni republicano ni monárquico en cuanto a entusiasmo hacia una forma de gobierno u otra. Es cierto que la mayoría de nuestra Historia, España ha sido un reino o unión de reinos, siendo las experiencias republicanas aisladas y breves (1873-1874 y 1931-1939), más una larga dictadura personalista que definía a España como un “reino sin rey”, el Franquismo (1939-1975). 

Por último, hoy no hay una heredera mayor de edad y consolidada ante la opinión pública debido a que la princesa de Asturias, Leonor, aún es muy joven. Esto, que en otras circunstancias no sería un inconveniente, es otro factor para tener en cuenta hasta que cumpla la mayoría de edad dentro de cinco años y hasta que finalice sus estudios universitarios y de otra índole (como militares). 

La forma de gobierno monárquica es muy antigua y en los países occidentales sobrevive como un aspecto más tradicional que otra cosa ya que los reyes no ejercen el poder y tan solo mantienen el título de jefe del Estado, al que se pueden sumar otras prerrogativas más o menos simbólicas según el país. Por ejemplo, en España el rey es también el jefe de las Fuerzas Armadas, pero la política a seguir por estas depende del gobierno. El monarca tampoco puede actuar libremente y sus discursos son supervisados por el Ejecutivo, salvo el tradicional de Navidad, en donde el rey nunca se ha salido de las líneas básicas de los sucesivos gobiernos. 

Felipe VI ha tenido dos hitos principales en su todavía breve reinado de cuatro años: el primero fueron las complejas negociaciones para formar gobierno en 2016 después de que las elecciones de diciembre de 2015 mostrasen unas Cortes muy fragmentadas. Tras la negativa de Mariano Rajoy a intentar la investidura, el rey se limitó a cumplir la Constitución y ofreció esa posibilidad al líder del segundo partido más votado, Pedro Sánchez, quien fracasó en el intento y hubo nuevas elecciones. 

El segundo fue en octubre de 2017, cuando los independentistas catalanes, después del pseudo referéndum del uno de octubre intentaron proclamar la independencia, interviniendo el monarca por televisión para llamar al orden constitucional y a la convivencia, algo que los secesionistas no le perdonarán jamás porque, tras esa intervención del rey, cientos de empresas catalanas abandonaron la comunidad y el intento de independencia fracasó. 

Puede considerarse que Felipe VI se ha ganado la Corona hasta ahora al cumplir su papel de rey constitucional de manera férrea, pero su papel como jefe de Estado de España hace que ahora sea el blanco principal de los independentistas catalanes. Así, en esa comunidad hay una mayoría ciudadana opuesta a la monarquía, algo que se amplía a otras comunidades como el País Vasco o Navarra, en donde, si bien la agenda independentista está aparcada (de momento) el nacionalismo es muy fuerte. 

Por el contrario, el rey reúne sus mayores apoyos en el centro y sur del país, en donde la monarquía suele ser muy apreciada y, en caso de referéndum, no hay muchas dudas sobre que el resultado sería favorable a la actual forma de gobierno, la monarquía parlamentaria. 

Sin embargo, Felipe VI debe tener en cuenta el destino de sus antepasados de los últimos dos siglos y no olvidar nunca que España no es un país firmemente monárquico como Gran Bretaña. Así, los precedentes no son muy alentadores: Carlos IV (que reinó entre 1788 y 1808) fue destronado por su propio hijo, Fernando VII y este por Napoleón, quien puso en el trono a su hermano José, estando Carlos y Fernando en el exilio hasta 1813, cuando Fernando VII volvió como rey. Carlos IV vivió el resto de su vida exiliado debido a la enemistad con su hijo. 

Los tres últimos reyes que ha habido en España: de izquierda a derecha, el actual monarca, Felipe VI; Juan Carlos I y Alfonso XIII, obligado a exiliarse tras un reinado convulso.


Fernando VII (1813-1833) tuvo un reinado aún peor que el de su padre. España se convirtió en una potencia menor y el rey persiguió duramente a los liberales, dejando a su muerte un país en guerra civil. Su heredera, Isabel II (1833-1868), tuvo otro reinado convulso y en 1868 fue destronada y tuvo que irse al exilio. 

Tras seis años de cierto caos, con un gobierno provisional, una regencia, el breve reinado del monarca de origen italiano Amadeo I y una república, el hijo de Isabel II, Alfonso XII (1874-1885), volvió del exilio para reinar, iniciando la Restauración. Sin embargo, murió prematuramente y hubo una nueva regencia hasta que su hijo, Alfonso XIII (1885-1931), alcanzó la mayoría de edad. El reinado de este fue muy convulso y acabó con él en el exilio tras proclamarse la Segunda República. 

Después de 44 años sin reyes en España, Juan Carlos I fue proclamado a la muerte de Franco y la monarquía volvió al país hasta ahora. 

De esta manera, vemos que, de los antepasados de Felipe VI, tenemos una sucesión de exilio (Carlos IV), vuelta del exilio (Fernando VII), otro monarca al exilio (Isabel II), otro que volvió del mismo (Alfonso XII) y de nuevo otro que se tuvo que exiliar (Alfonso XIII). El abuelo de Felipe, Juan de Borbón, directamente no fue rey porque coincidió con la república y la dictadura, la cual le vetó como futuro monarca. Así, vivió casi toda su vida en el exilio. Juan Carlos I nació en el exilio en Roma, aunque vino a vivir a España tras un acuerdo entre su padre y Franco. 

Así, si seguimos con esa secuencia de irse al exilio y volver, a Felipe VI le podría tocar irse al exilio al igual que otros de sus antepasados y a su hija, Leonor, volver del mismo, aunque eso sería muy difícil visto lo sucedido en Europa: ningún país que se proclamase república en el siglo XX ha vuelto a ser monarquía

Y es que, admitámoslo, es una institución que se ve antigua a los ojos de las generaciones más jóvenes. Ser el rey por motivos hereditarios puede chocar en una sociedad democrática y que crea en la igualdad de oportunidades. Solo la cuestión histórica y la preparación y honradez de los monarcas les salvan de ser relevados. Esa será la principal labor de Felipe VI y de su hija Leonor durante este siglo: demostrar que son útiles y honrados.

Felipe VI y su hija y heredera, Leonor.

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