El ridículo del independentismo y sus aliados



La supuesta independencia de la República Catalana ha durado tan solo tres días desde que fue proclamada el pasado día 27 por una vía unilateral que ha demostrado ser un fracaso estrepitoso. Ni un solo país del mundo ha reconocido esa supuesta república, ni siquiera aquellos que tengan peores relaciones con España a día de hoy (como Venezuela o Corea del Norte). Y, ni qué decir tiene, tampoco la Unión Europea ha hecho el menor caso a la intentona separatista del ex Govern catalán. 
 El ridículo internacional del independentismo: ni un solo país ha reconocido a la "República Catalana". En naranja, los países en donde ha habido voces discordantes aunque sin reconocimiento de sus gobiernos.

Por mucho que ahora el ex president Puigdemont esté intentando llamar la atención en Bruselas, los independentistas catalanes deben admitir su fracaso. Primero, manteniendo un referéndum ilegal que estuvo plagado de irregularidades y que acabó siendo una pantomima enturbiada por las cargas policiales. Luego, manteniendo durante casi tres semanas un tira y afloja con el gobierno declarando la independencia para suspenderla un minuto después y, por último, el día 27 declarando nuevamente la secesión pero sin la menor intención de resistirse, afortunadamente. El Gobierno de España ha aprobado la aplicación del artículo 155 de la Constitución, interviniendo el autogobierno de Cataluña y cesando al Govern y al Parlament, convocando elecciones autonómicas (estas de verdad) para el próximo 21 de diciembre. 

Ha sido rápido en esta ocasión el presidente Rajoy: ha intervenido la autonomía pero para convocar pronto los comicios, evitando postergar la interinidad de la segunda comunidad más poblada del país. Además, nadie en el extranjero puede acusarle de no dejar a los catalanes votar su futuro ya que es precisamente lo que ha hecho. 

 Palau de la Generalitat. En la plaza en donde se ubica se reunieron unas 6.000 personas para celebrar la independencia, una cifra insignificante comparada con las movilizaciones secesionistas del pasado o con la manifestación a favor de la unidad de dos días después en Barcelona, que reunió a un millón de ciudadanos. La bandera de España no fue arriada en ningún momento del Palau.

Durante estas semanas hemos podido ver, además del patetismo del independentismo, que ha intentado infructuosamente dividir más aún a los catalanes y aislarlos de la UE y del mundo, el papel de los cuatro grandes partidos de España. El PP, como partido en el gobierno, no se ha salido del guion con apoyo del PSOE, que ha logrado que se inicie una comisión para la reforma de la Constitución a partir del año que viene, y de Ciudadanos, que en esta cuestión ha llevado la voz más beligerante, en principio con buenos resultados entre sus electores. La posición más inexplicable, porque se parece cada vez más a un suicidio, ha sido la de Podemos y sus aliados. Defienden un referéndum pactado pero en las últimas semanas se les ha visto muy cerca de los independentistas con el objetivo de oponerse radicalmente al Gobierno, y ello les puede pasar factura en el resto de España. Y no solo eso: su sector anticapitalista ha reconocido abiertamente a la “República Catalana” (recordemos, ningún país del mundo lo ha hecho) y tres de sus representantes en Cataluña no se sabe si votaron a favor de la secesión o si se abstuvieron: lo hicieron en secreto mientras que los demás diputados de Catalunya Sí que es Pot (miembros de ICV, IU e independientes) enseñaron sus papeletas con el voto en contra. Además, una de las diputadas de Podem aplaudió fervorosamente la proclamación de la “República” y aseguró que el artículo 155 no estaba en vigor. En resumen: toda una manera de perder su crédito en las demás comunidades del país. 

Además, Podemos insiste en equiparar la Declaración Unilateral de Independencia con el artículo 155, cuando hay no pocas diferencias: la DUI es ilegal tanto a nivel estatal como internacional mientras que el 155 es un artículo constitucional y, por tanto legal, que tiene equiparables en otras Cartas Magnas europeas. Por otro lado, mientras que el 155 es revocable una vez haya finalizado esta situación, una DUI sería irrevocable a priori, aunque hayamos visto cómo el Gobierno la ha anulado en la práctica y puede darse por muerta. 

Ahora tenemos en el horizonte cercano las elecciones autonómicas. Parece imperativo que las personas que están llevando a Cataluña y su sociedad al límite no sean reelegidas al frente de la Generalitat pero cualquier cosa puede ocurrir: el voto secesionista está muy movilizado pero los contrarios a la independencia al fin han despertado y alzado su voz contra el nacionalismo excluyente de Esquerra Republicana, el Partit Demòcrata y las CUP. Habrá que ver también qué pasa con Podemos y el papel de la nueva Catalunya en Comú de Colau, ¿Seguirá más cerca del secesionismo que de cumplir la legalidad? ¿Podrán los partidos constitucionalistas superar en votos a los independentistas? Y todo ello con unas elecciones en jueves por primera vez en España desde 1982 y con la Navidad a pocos días, ¿Podría influir todo ello en el sentido de voto o en la participación? Son muchos interrogantes que harán estos comicios especialmente interesantes.

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