El falso nacionalismo romántico-idealista



Estas últimas semanas España está viviendo su peor crisis política de los últimos 40 años debido al desafío soberanista catalán, que está llegando mucho más lejos de lo esperado. Después de aprobar una Ley de Referéndum anti constitucional y, posteriormente, una supuesta Ley de Transitoriedad para sustituir a la Constitución y al Estatut una vez se declare la independencia de Cataluña, el gobierno catalán convocó un pseudo referéndum ilegal y sin ninguna garantía democrática que resultó un fiasco en la práctica pero que le ha servido como trampolín para declarar la independencia en los próximos días. 

El gobierno de España no ha sabido reaccionar a esta escalada. No ha sabido ofrecer diálogo y ha sido completamente inmovilista, llegando la situación al extremo que vivimos hoy, sobre todo tras la actuación torpe cometida en el referéndum. Por el contrario, los independentistas han sido astutos y se han trabajado un discurso victimista más allá de nuestras fronteras y romántico e idealista tanto fuera como dentro de ellas, no solo en la misma Cataluña sino también en el resto de España.

Ese discurso romántico apela a la emoción de un pueblo que, supuestamente, pretende en su totalidad la independencia porque, tras ella, logrará unas cotas de bienestar y prosperidad nunca antes vistas debido a la represión política y económica a la que le somete el Estado. Es decir, el típico discurso del nacionalismo romántico decimonónico en su versión actual. Todo ello se adereza con el poder de los símbolos (banderas, himnos, etc) y con una gran movilización de sus apoyos, incluidos en muchos casos niños y adolescentes que han sido claramente manipulados desde pequeños para que tengan una predisposición negativa hacia España. 

En el resto de España, hay muchas personas permeables a ese discurso romántico-idealista, sienten que Cataluña está siendo maltratada por un gobierno terrible y que debe tener derecho a la autodeterminación, ignorando (muchas veces deliberadamente) que ese derecho está reconocido internacionalmente para colonias y pueblos oprimidos, no estando Cataluña en esos casos: es una de las comunidades más ricas de España y tiene un autogobierno en nada envidiable por las demás regiones europeas, incluidos los países constituyentes de Reino Unido, los länder alemanes o las regiones francesas e italianas. 

Pero, aun así, el discurso cala y esas personas e incluso partidos como Podemos, se colocan más cerca de los secesionistas que de los constitucionalistas buscando cuestionables cálculos electoralistas al pretender el fin del gobierno del Partido Popular. Esto último es legítimo como partidos de la oposición que son, pero no a costa de la fragmentación del país y de sumirlo en la peor crisis en siglos. 

Las cargas policiales acaecidas en Cataluña el día del referéndum (de una torpeza política suprema, como ya hemos mencionado) han supuesto que el nacionalismo se envalentone y que el gobierno catalán aproveche la circunstancia para remover aún más el odio entre catalanes y hacia el resto de españoles. Se repiten estos días los escraches a policía y Guardia Civil, los insultos a los catalanes no secesionistas y el acoso sistemático de todo aquel que se les oponga, recordando tristemente a los peores momentos de Euskadi. Y, curiosamente, las cargas policiales de las fuerzas del orden estatales son duramente criticadas por parte de la izquierda catalana y española, pero no la brutalidad empleada en 2011 por los Mossos d´Esquadra para disolver concentraciones del 15-M. Y esto no es baladí sino que tiene un fondo profundamente xenófobo: un policía catalán puede cargar contra catalanes pero parece ser que un extremeño, gallego o castellano no aunque ambos sean fuerzas de seguridad del Estado. 

Independentistas catalanes concentrándose con los símbolos más potentes del nacionalismo rancio y excluyente: las banderas y las antorchas...
...actitud que no es nueva, lamentablemente.


Que casi todo nacionalismo acaba por ser rancio y excluyente no es una sorpresa y solo hay que estudiar la Historia reciente de Europa para contrastarlo. Las grandes concentraciones de secesionistas catalanes cargados de banderas e incluso antorchas, con sus hijos a cuestas para que vayan aprendiendo recuerdan a algunos de los momentos más tenebrosos de la Historia de nuestro continente. Así mismo, vincular otros ámbitos al independentismo, como el deporte o la universidad, es parte de la estrategia de polarización e intimidación de estos nacionalismos agresivos. 

El discurso romántico-idealista, por tanto, tiene una apariencia amable y sentimentalista que esconde su verdadero ser: un nacionalismo rancio, xenófobo y excluyente que sabe que la independencia de Cataluña supondría un desastre para esa histórica comunidad al conllevar su expulsión de la Unión Europea, la vuelta de las fronteras y la caída brusca de su PIB y, con ello, del poder adquisitivo de los catalanes y catalanas. España también sufriría la pérdida de Cataluña, empobreciéndose con ella. Así, al menos a medio plazo no solucionaría nada y rompería muchas cosas. Entonces, ¿Quiénes serían los beneficiados de verdad? Los apoyos externos del nacionalismo catalán: la extrema derecha europea y Rusia, que ha inundado internet y las redes sociales de videos manipulados y bulos buscando la desestabilización de la Unión Europea agitando la bandera de un nacionalismo que, una vez más, puede llevarnos al desastre.

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