Cuando hace algo más
de tres años estaba acabando mi carrera, me vi, como tantos otros jóvenes
españoles, ante la tesitura de decidir mi siguiente carrera: la profesional. De
todos es sabido que Historia no ofrece demasiadas opciones a día de hoy:
docencia, archivística, unos escasísimos puestos en investigación y otros, aún
más escasos, en diplomacia o mundo editorial, en competencia con los titulados
de otros grados. Así, después de una breve experiencia en un archivo, me
decanté por la docencia y, además, en Educación Secundaria.
En un encuentro con
una profesora de mi facultad, que se suponía debía ser para orientarnos en
nuestro futuro profesional pero que en realidad fue una promoción de un máster
impartido por ella misma, me reafirmé en mi decisión. Para esa profesora de
universidad, impartir clases en un instituto es un fracaso absoluto, como
demostró el profundo desdén con el que mencionó la posibilidad de ser profesor
de secundaria. Sin embargo, creo que es gracias al trabajo de miles de docentes
de secundaria por lo que ella tiene alumnos en la universidad y, por tanto,
puede trabajar en ello.
Así, nuestro papel es
fundamental, no solo para la formación académica de nuestros jóvenes sino, más
aún, para crear una ciudadanía crítica y que no sea manipulable. Digo esto por
las noticias de las que se hacen eco los medios de comunicación estas semanas
debido al desafío secesionista en Cataluña. Desde hace años, a los niños y
adolescentes se les instruye en el rechazo al resto de España. Un rechazo con
raíces profundamente xenófobas, derivado de una concepción nacionalista rancia
y excluyente, de la que ya hablé recientemente en el blog.
Y es que la
manipulación de estos chicos y chicas es un arma eficaz y una garantía de
futuro para lograr la independencia a medio plazo, por lo que ha sido una vía
astuta y ciertamente segura para lograr sus fines políticos. Sin embargo, los
nacionalistas catalanes no han inventado nada puesto que en el pasado el
adoctrinamiento de los niños fue un método muy habitual, ejercido casi siempre
por regímenes autoritarios y totalitarios como la Alemania Nazi. Walt Disney
tuvo en cuenta esa manipulación de la juventud alemana en los años 30 y realizó
un corto en el que atacaba duramente al gobierno alemán y que os dejo a
continuación. Además, el corto en sí mismo es un ejemplo de intento de manipulación, caricaturizando a Alemania.
Pero, al igual que
los secesionistas catalanes utilizan estas despreciables tácticas de manipular
a los niños y jóvenes con no pocas mentiras o medias verdades, cualquier
sistema de gobierno del mundo podría intentarlo. Y para ello estamos nosotros,
los profesores de secundaria, para educar y formar a ciudadanos críticos y
autónomos que no sean borregos manipulables. Es una tarea extremadamente difícil
pero que, en democracia, es posible con dedicación y perseverancia.
Dentro de las
materias impartidas en secundaria, la Geografía e Historia es una de las que
tienen más componente ideológico y, por tanto, es de las más susceptibles de
ser manipulada. La Historia nos permite conocer nuestro pasado, qué errores se
pudieron cometer y por qué no debemos repetirlos. Es decir, es una fuente
eterna de aprendizaje de nosotros mismos, una fuente valiosísima en estos
tiempos. En cuanto a la geografía, nos permite conocer nuestro espacio, y
también prevenir esos movimientos populistas y xenófobos, que pueden utilizar
el conocimiento geográfico para incentivar las diferencias entre personas y
pueblos en vez de sus semejanzas.
Es muy habitual que
un historiador sea preguntado por la utilidad de su disciplina, yo mismo he
tenido que responder varias veces, y no pocas de ellas a alumnos de secundaria.
Y, siguiendo el guion de este artículo, podría resumirla en lo siguiente: para
evitar que pueda volver a haber carne de cañón para gobernantes avariciosos y
peligrosos que quieran romper la convivencia de las sociedades. Y para evitar
que las personas sean esa carne de cañón al servicio de dichos personajes,
debemos educar desde muy pequeños a los futuros ciudadanos, enseñarles a pensar
y a ser críticos, a no admitir verdades absolutas o directamente falsedades
fragrantes. Un objetivo notable, con el que espero que pudiese estar de acuerdo
mi profesora de la universidad.


Es muy Buena escritura
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