Hace cinco
años iniciaba una nueva etapa en mi vida: la universitaria. Había terminado con
éxito el Bachillerato y había hecho la Selectividad obteniendo buenos
resultados que me permitieron escoger la carrera que quisiera dentro de mi
área. Casi in extremis escogí un doble grado de la Universidad Carlos III, de
Ciencias Políticas y Sociología, obviando a la que siempre había sido mi
pasión, la Historia. No diré que fue un error, ya que me sirvió para aprender
más, pero sí hizo que me gradúe este año y no el pasado.
A mitad de
curso vi una película que me marcó: Ágora, de Alejandro Amenábar. Ver esa
película hizo que sintiera en mi interior que debía hacer la carrera que
siempre me había gustado. Fue una sensación que solo he sentido en otra
ocasión, cuando decidí alejarme de manera absoluta de cierto partido y cierta
gente el año pasado (aunque esa es otra historia). En cualquier caso, tenía
claro que debía hacerlo. Y lo hice,
me matriculé en Historia después de terminar el año en políticas y sociología
con unas notas modestas pero aprobando todas las asignaturas. No me gusta dejar
las cosas a medias.
“Como dije una vez,
las personas no somos meros números, sino que cada uno de nosotros piensa,
siente y ama; y en el pasado también lo hacían”
Escogí para Historia
la universidad de mi ciudad natal. La Universidad de Alcalá (UAH) tiene
limitaciones y problemas derivados de una posición algo secundaria entre las
universidades españolas pero puedo afirmar que me ha enseñado mucho. Con ella
he madurado y he aprendido. En Historia he comprendido hasta dónde llega la
complejidad de esta valiosa disciplina. Al igual que hoy suceden muchas cosas
día a día, en el pasado ocurría del mismo modo y el trabajo de la Historia es
recuperar en lo posible esos datos y esas vidas de personas, desde el más alto
dignatario a las personas más humildes y corrientes, que son las que hacen
realmente la Historia. Como dije una vez en mi blog, las personas no somos
meros números, sino que cada uno de nosotros piensa, siente y ama, y en el
pasado también lo hacían, mereciendo que estudiemos cómo pensaban, sentían y
amaban sin olvidarnos de ellos para siempre. El tiempo dicen que lo cura todo,
pero creo que más bien nos hace madurar y crecer como sociedades e,
individualmente, como seres humanos.
Hoy me gradúo
en Historia pero esto es solo el comienzo de una vida en la que seguiré
estudiando y profundizando en una disciplina que he decidido hacer parte de mi.

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