miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Papa Francisco, persona del año




Y no solo lo ha decidido la revista Time, cuya portada encabeza este post, sino que también es una reflexión personal. Jorge Mario Bergoglio (Buenos Aires, 1936) fue elegido Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana en mayo de este año, tras la renuncia de Benedicto XVI.


La crisis que atraviesa la Iglesia Católica se remonta a años y Benedicto XVI no fue capaz de frenarla. A pesar de intentos muy tímidos de reforma, estalló en el Vaticano una auténtica trama de corruptelas revelando la escasa entidad moral de muchos de los miembros de la Curia papal. Ante todo ello el anterior Papa, anciano y cansado, optó por una decisión trascendental: dimitir. Hacía siglos que un Papa no dimitía (desde 1415), lo que refleja la importancia del hecho.

El cónclave eligió como nuevo pontífice a Bergoglio, hasta entonces arzobispo de Buenos Aires, su ciudad natal. Escogió el nombre de Francisco (el cual nunca se había utilizado hasta ahora) en honor a San Francisco de Asís. El Papa es el primero americano de la Historia de la Iglesia, un gesto muy importante para una confesión que tiene a gran parte de sus fieles en dicho continente. Además, es el primero no europeo nada menos que desde Gregorio III, fallecido en 741. Por otro lado, es el primer Papa jesuita. Habla con fluidez, además de español, su lengua natal, latín, italiano, alemán, francés e inglés.

Desde el primer momento que fue elegido Papa comenzó a tomar medidas que rompían con los modos de pontífices previos. Renunció a residir en las lujosas dependencias papales manteniendo su residencia en la residencia del Vaticano en la que se había alojado desde su llegada a Roma para el cónclave. Eligió un atuendo sencillo, rompiendo con la imagen de Benedicto XVI, y porta una cruz de hierro del cuello en vez de una de oro, como otros Papas. Su vehículo, el famoso papamóvil, también es sencillo de acuerdo a estas iniciativas en pro de mostrar una imagen austera y más cercana a la población.

Pero sus medidas no se circunscriben al ámbito de la imagen. Su primer acto de masas fue la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro del pasado verano. En ella lanzó mensajes casi revolucionarios para la Iglesia y, en una entrevista con periodistas en su vuelo de vuelta a Roma, aseguró, en una posición inédita en un Papa, “Si una persona es gay, busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?” y señaló que el Catolicismo no debe marginarlos, sino integrarlos en la sociedad.  

 “Si una persona es gay, busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”

A la vuelta del viaje a Brasil, reforzado por el apoyo de millones de personas, comenzó las reformas en la Curia romana. Ya durante la entrevista había respondido sin eludir a preguntas sobre los escándalos de dicha curia y sobre el bando vaticano. Primero sustituyó a Bertone como secretario de Estado de la Santa Sede (equivalente a un “vicepapa”, con permiso de los lectores), escogiendo a Parolin para el cargo.

En España se ha demostrado el espíritu reformista eligiendo a un nuevo portavoz de la Conferencia Episcopal, quien ya ha criticado la difícil situación de muchos españoles por la crisis económica y la colocación de cuchillas en la valla que separa Melilla de Marruecos. Asimismo, el presidente de la conferencia, Rouco Varela, dejará el cargo el próximo año, lo que permitirá una apertura de la Iglesia en España.

En definitiva, el Papa Francisco ha comenzado un proceso importante de renovación de una institución con millones de fieles en todo el mundo y está intentando un acercamiento a la gente, algo que ya hacía cuando estaba en Buenos Aires, lo que muestra la verosimilitud de sus actos.

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