Os presento uno de los trabajos que hice este año: Los carteles de las elecciones generales de 1977, las primeras después de la muerte de Franco. Espero que os sea útil.
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Contexto
histórico
España a lo largo del siglo XX tuvo un
protagonismo internacional muy limitado. Destaca el fervor y las pasiones que
despertó la Guerra Civil española (1936-1939) debido al contexto en el que se
enmarcaba de crecientes tensiones en Europa entre las democracias occidentales
y los fascismos.
Sin embargo, el otro momento en el que
España fue protagonista en la Historia universal, con la llamada Transición a
la democracia, en la década de 1979, tuvo un papel más discreto que la Guerra
Civil (solo hay que observar la cantidad de ríos de tinta que dicho conflicto
motivó y sigue motivando). La Transición se enmarca en la tercera ola
democratizadora que se inició en la Europa mediterránea, siguió a
Hispanoamérica y concluyó en Europa del Este a finales de los 80 y principios
de los 90.
El 20 de noviembre de 1975 Francisco
Franco Bahamonde, Jefe del Estado desde el fin de la Guerra Civil en 1939,
falleció tras una larga agonía. La legitimidad del régimen franquista procedía
directamente de la victoria en la Guerra Civil frente a los partidarios de la
II República. Hasta 1975 Franco fue la cabeza de una dictadura de tipo
autoritario, sin partidos políticos, constitución o libertad de prensa.
A su muerte le sucedió, como establecía
la Ley de Sucesión de 1969, Juan Carlos de Borbón y Borbón, nieto de Alfonso
XIII, con el nombre real de Juan Carlos I. la Transición española tiene muchas
particularidades pero la presencia del Rey será decisiva. El Rey no estaba
plenamente identificado con la dictadura, como sí estuvo en Portugal la Casa
Real (motivo por el que en democracia no tuvieron ninguna posibilidad de
retornar al trono) y, de hecho, aunque sus relaciones con Franco fueron en
general cordiales, atravesaron momentos difíciles, especialmente tras ser
elegido su sucesor. El protagonismo, por tanto, del Rey está fuera de duda.
La Transición no se entiende sin tener
en cuenta los antecedentes. España durante el Franquismo había logrado un
notable desarrollo económico y social.
Si en la década de 1950, España se
hallaba en un nivel de desarrollo inferior al de muchos países iberoamericanos,
en 1975 figuraba en la docena de los más desarrollados. Esto posibilitó la
creación de una amplia clase media, que posibilitaría la transición democrática
pacífica.
Los cambios también fueron culturales.
En 1973, tres de cada cuatro españoles apoyaban la libertad de prensa y de
cultos (admitida, pero de forma restringida, por el régimen).
Tampoco se puede entender la Transición
sin tener en cuenta la muy tímida <<apertura>> producida desde 1966,
a pesar de sus enormes limitaciones, y las divisiones en el seno de la clase
dirigente, especialmente desde 1973, con la presidencia de Arias Navarro.
Los meses posteriores fueron de
tensiones y atentados terroristas casi continuos a lo largo de 1976 destacando
los sucesos de Vitoria, que acabaron con una brutalidad policial que acabó en
tragedia, y los violentos sucesos en Montejurra entre las dos ramas del
carlismo. La oposición comenzó a hablar de una “ruptura pactada”, una aparente
contradicción pero que, no obstante, se convertiría en realidad. La oposición
había comenzado a dejar de ser perseguida y se consintieron manifestaciones,
reuniones e incluso congresos, como el de UGT en abril. Un partido seguía
estando clandestino, el PCE.
Las visitas del Rey a zonas difíciles
como Cataluña y Asturias además de la presentación de sus planes democráticos
en el Congreso de Estados Unidos, le permitió volver a España fortalecido
frente al presidente Arias Navarro (que Juan Carlos había tenido que ratificar
como herencia franquista). Las relaciones entre ambos se habían ido tornando
cada vez más difíciles ³. Al final, Arias Navarro dimitió oficialmente aunque
en realidad el Rey le pidió que renunciara, lo cual hizo. Ya previamente, el
Rey había nombrado a alguien de su confianza como presidente de las Cortes y
del Consejo del Reino, Torcuato Fernández Miranda, para facilitar el proceso
que se estaba iniciando.
En sustitución de Arias Navarro, el Rey
optó por Adolfo Suárez (Cebreros (Ávila), 1932) como nuevo presidente del
Gobierno. Los verdaderos cambios políticos serían dirigidos por este político,
formado en el Movimiento en época franquista y que en estos meses previos había
sido ministro secretario general de dicho Movimiento. La llegada de Suárez a la
presidencia suponía también la llegada de los más jóvenes miembros de la clase
política del régimen anterior.
La vía para transformar el anterior
régimen en una democracia parlamentaria fue la reforma mediante una Ley
aprobada por las mismas Cortes franquistas. Dicha ley se denominaría de Reforma
Política. Sería, ir “de la ley a la ley”.
Dicha ley se empezó a redactar en verano de 1976. Lo fundamental era que
convocaba elecciones y configuraba un marco institucional mínimo para
realizarlas. La ley advertía que “los
derechos fundamentales de la persona son inviolables y vinculan a todos los
órganos del Estado”. Habría dos cámaras, Congreso y Senado, que elaborarían
una nueva constitución.
La ley se reservaba la posibilidad de
convocar un referéndum, lo cual era un claro aviso a los procuradores
franquistas en caso de rechazarla en las Cortes.
El gobierno, con ayuda de Fernández
Miranda, con conversaciones con los diversos grupos de procuradores, consiguió
que la ley fuera aprobada por 435 votos frente a solo 59 en contra. Las Cortes
franquistas se hacían el “harakiri”. El texto se llevó a referéndum posteriormente.
La oposición en gran medida pidió la abstención aunque apoyaba que se aprobara.
Fue aprobada ampliamente con una participación muy alta, del 77 %, al ser la
consulta popular más libre desde la II República. Esto supone un éxito del
gobierno.
Los primeros meses de 1977 fueron muy
difíciles para la Transición. En enero el terrorismo por diferentes
significaciones pudo provocar un enfrentamiento de consecuencias
imprevisibles tras los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha por
parte de grupos de ultraderecha y de dos policías y un guardia civil por el
GRAPO además de varios secuestros.
Antes de las elecciones, convocadas
para junio del mismo año, el gobierno tomó una decisión sobre el PCE. En plena
Semana Santa, se legaliza el Partido Comunista de España, lo que provocó
malestar en el ejército.
Desde abril la atención de la opinión
pública se centró en la inminente campaña electoral. La aparición del sistema
de partidos produjo complicaciones ya que eran las primeras libres desde
febrero de 1936. Se presentaron centenares de partidos, 22 de ellos estatales,
pero solo 12 consiguen escaños en el Congreso.
Se creyó que en España podría ocurrir
lo mismo que en Italia: el surgimiento de una fuerte democracia cristiana y
también de un Partido Comunista fuerte y moderado. Sin embargo, como veremos
en el análisis de carteles, esto no ocurrirá, no porque estas hipótesis
partieran de bases incorrectas, sino porque el punto de partida en el que se
fundamentaban se vio modificado por la actuación de los partidos ante el
electorado.
Análisis carteles de las elecciones generales
de 1977
Los carteles se exponen en función del
número de votos obtenidos en las elecciones generales de 1977. Los carteles son
de los siguientes partidos o coaliciones: Unión de Centro Democrático, Partido
Socialista Obrero Español, Partido Comunista de España, Alianza Popular,
Partido Socialista Popular-Unidad Socialista y Pacte Democràtic per Catalunya.
La UCD utilizó dos carteles
principales. Esta coalición se configuró de forma en cierta medida atropellada
y no exenta de conflictos.La presencia de Adolfo Suárez era indispensable si
se quería atraer un electorado que se identificaba con él. La UCD, por tanto,
venía a ser un partido-archipiélago en el que militaban los jóvenes reformistas
del régimen además de independientes y otra oposición no socialista. No era
estrictamente un residuo del pasado, solo un 17.5 % de los diputados que
consiguió UCD (166) habían sido procuradores con Franco.
Este cartel muestra a un Adolfo Suárez
mirando al votante directamente. El lema “Votar centro es votar Suárez” deja
claro que votar a UCD supone votar al presidente que ha conseguido que España
camine de un régimen autoritario a uno democrático. De esta manera, este cartel
prima al candidato de manera clara en vez de al partido. Además, se aleja de
los extremos políticos al resaltar la palabra CENTRO e intenta resumir un
programa de reconciliación.

Este segundo cartel de la UCD muestra de
nuevo a Suárez pero sobre todo se da importancia a la parte superior con un
gran “VOTE CENTRO” en el que trata de usted al votante (otros carteles, como
veremos, le tratan de tú directamente). Debajo aparecen los componentes de la
coalición: demócrata cristianos, liberales, independientes, Partido Popular,
socialdemócratas. Incluyendo esto en el cartel se intenta mostrar que en UCD
caben todos los elementos moderados del Centro. Sin embargo, lo más importante
es el lema que hay junto a Suárez: La vía
segura a la democracia. Se interpreta como que votando a UCD se garantizaba
la democracia frente a una izquierda socialista aún inexperta para llevar a
cabo el proceso y a una derecha o izquierda más extremistas.

Este fue el principal cartel que
utilizó el Partido Socialista Obrero Español. Éste, fundado en 1879, ya tenía
una larga historia en 1977 pero conviene
remontarse a 1974, al Congreso de Suresnes. En dicho Congreso, el último en el
exilio, se renovó toda la cúpula del partido y fue elegido nuevo secretario
general a Felipe González Márquez (Sevilla, 1942). González, un líder muy joven
(en 1977 tenía 35 años), suponía una cara nueva, encarnaba el talante juvenil y
renovador de una parte de la sociedad española. A partir del XXVII Congreso
del PSOE de 1976 el PSOE inició un despegue espectacular ante la opinión
pública con apoyo de la socialdemocracia europea (SPD principalmente). Aunque
los textos del PSOE de esa época aún mostraban un lenguaje en cierta medida
radical, las declaraciones no superaron el plano verbal. El cartel muestra,
como en el caso de Suárez, al candidato en gran tamaño mirando directamente al
votante. El objetivo del PSOE era explotar el carácter de su candidato
anteponiéndolo, igual que UCD, a las siglas del partido. Por debajo, un
eslogan directo: La libertad está en tu
mano. Votando al PSOE se aseguraba que el proceso democrático continuara.

Este segundo
cartel del PSOE fue encargado a José Ramón Sánchez para la campaña. Se
intenta transmitir una imagen de cercanía del candidato, Felipe González, como
uno más abrazado a un obrero industrial, un paisano, un funcionario con camisa
y corbata y una agricultora. El PSOE así buscaba un voto muy amplio: desde los
obreros hasta agricultores y funcionarios. Este cartel sirvió de inspiración a
Vicente Fox en México 20 años después.

El Partido Comunista de España,
legalizado solo dos meses antes, se presentó a las elecciones con su secretario
general, el histórico Santiago Carrillo (Gijón (Asturias), 1915-Madrid, 2012),
como candidato. Aunque sí hubo carteles con la imagen de Carrillo, hubo muchos
otros que no lo incluyeron ya que, a diferencia de UCD y PSOE, el PCE apostó
por mostrar sus siglas ya que su candidato era sobradamente conocido y no
atraería más votos que las siglas. A diferencia del PSOE, el PCE no había
renovado profundamente su dirección en el exilio prefiriendo exhibir como
emblemas a históricos dirigentes como Dolores Ibárruri. Concluida la
dictadura, el atractivo del comunismo como enemigo mayor del régimen se fue
disolviendo. Carrillo, por su parte, hizo una campaña muy agresiva contra
Alianza Popular, a la que consideró la involución, y una campaña suave contra
UCD. Ello pudo derivar votos a grupos de extrema izquierda.
En este cartel aparece una primacía
absoluta del color rojo y aparecen representados unos obreros industriales. El rojo,
color cálido, fue utilizado más bien como reivindicación aunque este cartel
tiene ciertas reminiscencias de la URSS. Los lemas son claros: apela al voto
de los trabajadores exclusivamente (al contrario que el cartel del PSOE
anterior) y quiere quitar temores al asegurar que votar a los comunistas es
votar democracia.
En el siguiente cartel,
el PCE busca mayor emotividad mostrando la igualdad plena entre hombres y
mujeres. Pretende transmitir claramente que los comunistas son los únicos que
defenderán los derechos femeninos en
contraposición a la derecha o a los socialistas.


Este fue el principal cartel que
utilizó Alianza Popular para las elecciones de 1977. AP se empezó a conformar
ya en 1976 y tuvo su primer congreso en febrero de 1977 con una gran
envergadura semejante a la que había tenido el del PSOE poco antes. Su
principal promotor fue el ex ministro Manuel Fraga Iribarne (Villalba (Lugo),
1922-Madrid, 2012). AP se conformó como principal grupo a la derecha de UCD
pero no obtuvo el apoyo de todo el franquismo político sino solo el de mayor
edad. El franquismo sociológico fue a parar, principalmente, a la UCD, como
reflejarían los resultados electorales. Durante la campaña, Fraga tuvo
confrontaciones y AP recibió más ataques que otros partidos aunque se intentó
una actitud proclive al consenso.
En el cartel se decidió mostrar a Fraga
con una pose diferente a los otros candidatos. Es una pose de perfil, lejos de
la mirada directa al votante de Suárez y González, que tan buenos resultados
les dio. La pose, la mirada en cierto modo visionaria, muestra más un hombre de
Estado que a uno más, como pretendían otros candidatos.
Este cartel es un ejemplo de la cierta
ambigüedad en la que se movió Alianza Popular en sus mensajes electorales. En
él, AP proclama la “igualdad por encima del sexo” y asegura, apelando
directamente a las mujeres, que quiere libertad e igualdad para ellas. Es un
claro guiño al voto femenino, del que AP salía en desventaja frente a otras
formaciones. Sin embargo, por otro lado, debajo del todo aparece un mensaje más
tradicional de AP: “España, lo único importante”, para mostrar a sus votantes
más a la derecha que hay mensajes que van a permanecer.

El principal cartel del Partido
Socialista Popular muestra a su candidato, el profesor Enrique Tierno Galván,
como también aparecían Suárez y González en sus carteles, de frente al
espectador. El PSP, pequeño partido de carácter bastante intelectual, tuvo un
resultado discreto en las elecciones pero aún así el quinto lugar en votos y,
un año después, se integraría en el PSOE consiguiendo éste aglutinar el voto
socialista y socialdemócrata español. El mismo Tierno Galván sería
posteriormente alcalde de Madrid tras las elecciones municipales de 1979. El cartel
muestra los elementos comunes que se deben tener en cuenta: un nombre (PSP,
Tierno Galván), una idea (unidad socialista, vota PSP), un formato simple y un
color (rojo).

El Pacte Democràtic per Catalunya
aglutinó en la misma coalición a los nacionalistas catalanes de Convergència
Democràtica de Catalunya (CDC) y elementos de izquierda como Esquerra
Democràtica de Catalunya (EDC) y el Partit Socialista de Catalunya-Reagrupament
(que un año después fundaría, con la federación catalana del PSOE y con el
PSC-Congrès, el actual PSC).
Aunque no es común en los partidos
nacionales, el hecho de que haya más de una persona en carteles electorales es
común, sobre todo en el caso de los nacionalistas periféricos de España, que
es común que necesiten formar coaliciones de cara a las elecciones generales y
europeas.
En el cartel aparecen Jordi Pujol
(Barcelona, 1930), líder de CDC, Trias Fargas (EDC) y Verde Aldea (PSC-R). El
lema elegido es representativo: “Una
garantía pel Calvi”, una garantía para el cambio, es decir, votando al
Pacte se garantizaba avances hacia una autonomía catalana en primera instancia
y al reconocimiento del pueblo catalán. Para dar fuerza a esta idea, detrás de
los líderes aparecen varias banderas de Cataluña, senyeras, con manifestantes,
intentando mostrar que había un clamor popular reivindicando el reconocimiento
de los derechos de Catalunya y la autonomía que había disfrutado durante la II
República, anulada con el Franquismo.
Esta coalición estaba unida solo por su
catalanismo ya que los partidos que la integraban variaban desde el liberalismo
de CDC a la socialdemocracia del PSC-R.
Conclusiones
A pesar de que había sondeos y
encuestas previos a las elecciones, el resultado era incierto al no existir un
sistema de partidos desde las últimas elecciones generales de 1936.
Las últimas semanas de campaña
electoral fueron claves para influir en los resultados. El partido con mayor
capacidad de dinamismo y organización fue el PSOE y sus expectativas de voto
fueron subiendo a lo largo de la campaña, triplicando el exiguo 10 % que le
daban al principio. Por otro lado, se cree que los gobernadores civiles
tuvieron un fuerte papel en la determinación de las candidaturas de UCD, aunque
los resultados representaron con bastante fidelidad a la sociedad española
que, por tanto, apostó por la moderación, como veremos ahora en los resultados.
La participación electoral fue muy
alta: de un 78 %. El motivo de tan alta participación pudo ser, efectivamente,
la abstinencia electoral durante décadas.
Resultados:
La vencedora de las elecciones fue
Unión de Centro Democrático que obtuvo algo más del 34 % de los votos emitidos
que se tradujeron en 166 escaños en el Congreso. El activo de la candidatura
de Adolfo Suárez dio resultado y se situó a cierta distancia de su principal
rival electoral pero a 10 escaños de la mayoría absoluta, por lo que el
consenso sería imprescindible para la redacción de la nueva constitución
(recordemos que estas Cortes eran constituyentes).
La segunda candidatura más votada fue
el Partido Socialista Obrero Español, que logró un 29 % de los votos y 118
escaños en el Congreso. Su campaña había sido un éxito gracias también a su
candidato, Felipe González, y había logrado arrebatar la hegemonía de la
izquierda al Partido Comunista.
Muy lejos de las dos formaciones
mayoritarias se situaron el Partido Comunista de España y Alianza Popular. El
primero obtuvo 19 escaños por 16 de AP. Así, los españoles optaron por
formaciones más moderadas tanto por la izquierda como por la derecha pero hay
que destacar que ningún grupo ultra entró en las Cortes.
El Partido Socialista Popular de Tierno
Galván fue el quinto más votado pero obtuvo solo 6 escaños por el sistema
electoral, conformando una minoría hasta su integración en el PSOE.
La democracia cristiana fracasó estrepitosamente
y solo en Cataluña consiguió escaños en el Congreso.
Los partidos nacionalistas periféricos
lograron éxitos. El Pacte Democràtic per Catalunya obtuvo 11 escaños, aunque
solo 5 de ellos de CDC (los demás, de los partidos socialistas que concurrieron
en dicha coalición). El histórico Partido Nacionalista Vasco logró un éxito al
obtener 8 escaños.
Por detrás de estas formaciones, hubo
resultados más bajos pero también con interés: 2 escaños de la democracia
cristiana en Cataluña (la actual Unió Democràtica de Catalunya y Centre
Català), uno de la coalición Esquerra de Catalunya (cuyo principal exponente
fue Esquerra Republicana de Catalunya, que no pudo concurrir a estas elecciones
con dicho nombre), uno de Euskadiko Ezkerra (partido de izquierdas vasco que,
años después, en 1993, se fusionaría con el PSE-PSOE), uno de la Candidatura
Aragonesa Independiente de Centro (regionalista) y otro de la Candidatura
Independiente de Centro, que obtuvo un escaño en Castellón.
Dichos
resultados mostraban voluntad de entendimiento entre los españoles pero también
obligaban a la UCD a gobernar en minoría, lo cual siempre conlleva cierta
debilidad debido a la necesidad de pactar con las diferentes fuerzas políticas.
Finalmente, hay que destacar que estas elecciones fueron
solo la siguiente fase de la Transición al abrirse el relativamente largo
camino de redacción de la nueva Constitución, en la que participaron todos los
grupos (los “padres” constitucionales procedían de UCD, PSOE, PCE-PSUC, AP y
CDC).
Bibliografía
LYNCH,
John (dirección). La España democrática.
Madrid: EL PAÍS, S.L (2008)
TUSSEL,
Javier. La Transición española a la
democracia. Madrid: Alba Libros S.L
Archivo
fotográfico Agencia EFE y El País, S.L. La
Transición. Memoria gráfica de la Historia y sociedad españolas del siglo XX.
Madrid: El País, S.L (2006)
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