Abre
este artículo un bonito mapa titulado “Typus
Orbis Terrarum”. Este mapamundi fue creado por Abraham Ortelius (Amberes,
1527-íd. 1598), un geógrafo y cartógrafo flamenco que es conocido ya que
trabajó a las órdenes del rey Felipe II de España. Compuso para éste el primer
atlas de la Historia llamado “Theatrum
Orbis terrarum” cuya principal novedad fue la unión del texto descriptivo
con cada uno de los mapas incorporados, como se observa en la imagen.
Esta
obra no tuvo rival en Europa entre los años en los que se editó (1570 y la
última edición de 1612). También es curioso que se editara en siete lenguas
diferentes (holandés, alemán, francés, español, inglés e italiano). En
conjunto, el Theatrum contiene 70
mapas en un total de 53 folios.
En
la introducción también innovó ya que introdujo un catálogo en el que recogió
las fuentes utilizadas (algo que los universitarios hacemos regularmente) con
un índice de autores.
He
destacado este mapa del atlas por varias razones. Una de ellas es que tengo una
réplica en casa por lo que lo tengo visto y analizado de sobra. Otras son que
es un mapa muy interesante por sus indefiniciones, como veremos, aunque para
datar de 1574 es muy exacto.
La
llegada de los europeos a América en 1492 abrió toda una nueva vía de
descubrimientos y de nuevas zonas a abrir al tráfico comercial. Previamente se
conocía sobre todo Europa, el norte de África, su costa y las zonas litorales
de Asia. El interior de África y parte de Asia permanecía inexplorado y así se
mantendría (en el caso africano) hasta el siglo XIX.
A
lo largo del siglo XVI se fue explorando América y, por parte principalmente de
España, conquistando y colonizando. También fue empresa española la fastuosa
expedición de Magallanes que realizó la primera vuelta al mundo entre 1519 y
1522.
Este
mapa es bastante posterior y se ve en un primer vistazo: la representación de
la Tierra es indudablemente circular una vez confirmada del todo por las
vueltas al mundo.
Entre
los aspectos más curiosos (ir viendo en el mapa, pulsar para ver más grande) está la Antártida que estaba totalmente
inexplorada y fue el último continente en investigarse debido a las duras condiciones
climáticas (fue explorado en profundidad ya en el siglo XX). Por tanto, Ortelius
lo denomina “Terra Australis nondum cognita”,
es decir, tierra del sur desconocida, lo que le da al mapa una expectación fascinante.
Además, la Tierra del Fuego, isla al sur del subcontinente sudamericano actualmente
dividida entre Argentina y Chile y que Magallanes vio al cruzar el estrecho al que
dio nombre, se considera en el continente antártico por lo que aún no se sabía que
en realidad era una isla y que el continente estaba bastante más al sur de América
de lo que aparentaba.
Otro
dato curioso es que el océano Pacífico aparece ya con dicho nombre pero también
con el antiguo, Mar del Sur, y con menor extensión a la real ya que Ortelius le
da a la Antártida un tamaño enorme. Australia, como se ve, aún no estaba explorada
pero se sabía su existencia, aunque muy dudosa en cuanto a localización y extensión.
América,
excepto su extremo norte, las actuales Canadá y Alaska, estaba ya muy explorada
en 1574. Los nombres, en latín, son bastante claros: Hispania Noua (México), Perú,
Chile, Río de la Plata y Brasil. Ya había comenzado la colonización, aún tímida,
de Francia y Gran Bretaña: Noua Francia en la actual Quebec y los británicos en
el este de Estados Unidos.
Europa
es lo más concreto y sus nombres aparecen en latín: Hispania, Galia, Anglia, Germania,
etc. África, un continente con una línea costera bastante sencilla, sin grandes
penínsulas y golfos como Europa y América, está estupendamente representada, aunque,
como ya se ha dicho, su interior no se conociese aún.
Terminamos
con Asia, otro continente del Viejo Mundo y, por tanto, conocido. Aparecen Arabia,
China, India e incluso Japón, aunque éste último de manera muy inexacta geográficamente.
Las islas de Indonesia y Filipinas se muestran aunque mezcladas.
En
definitiva, el primer atlas de la Historia era sorprendentemente concreto a pesar
de su época y destaca especialmente porque el Ecuador y los dos trópicos aparecen
en su situación actual en una exactitud que nos sorprende hoy en día.


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