Aparentemente
no nos estamos enterando pero el sistema de partidos español nacido durante la
Transición democrática está cambiando. Y lo está haciendo a un ritmo
vertiginoso debido a la situación extrema a la que nos está llevando una crisis
económica desbocada y a la que no se están dando soluciones eficaces desde que
comenzó, en 2008.
La idea de los
líderes de la Transición era un sistema de partidos que imitase a algunos
países europeos mediante una ley electoral que desde entonces nadie ha
modificado a pesar de sus defectos. Las elecciones generales eligen los 350
diputados del Congreso (el Senado es tan insignificante que, con vuestro
permiso, voy a obviarlo) dividiéndolos en las 50 provincias españolas, cada una
de ellas una circunscripción electoral. Cuantos más habitantes tiene la
provincia más diputados elige y a la inversa. Así, Madrid es la circunscripción
con más diputados (36) y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla las que
menos eligen (uno cada una). Este
sistema no tiene en cuenta a las comunidades autónomas y, sumado a la Ley
d´Hondt, supone varias cosas.
En primer
lugar, beneficia a los dos partidos nacionales más votados ya que, desde la
Transición, los españoles han tendido a dar más votos a dos partidos, uno de
centro-derecha y otro de centro-izquierda, apostando por la moderación. Así,
entre 1977 y 1982 se produjo el dúo UCD-PSOE, entre 1982 y 1989 PSOE-AP y,
desde 1989 con la refundación de AP, PSOE-PP.
En segundo
lugar, al ser la circunscripción la provincia, esto beneficia a estos partidos
estatales más grandes y perjudica a los estatales pequeños ya que éstos solo
suelen conseguir escaños en las provincias más pobladas y que, por tanto,
tienen escaños, por así decirlo, “de sobra” para que entren los pequeños. Es el
caso del PCE y AP hasta 1982, del CDS en los años 80, de Izquierda Unida desde
su creación en 1986 y de UPyD actualmente.
Por último, el
sistema electoral beneficia a los partidos que se presentan solo en algunas
circunscripciones, normalmente de carácter nacionalista periférico o
regionalista. Así, concentran los votos, por ejemplo, en Cataluña, y obtienen
resultados muy buenos, normalmente superiores a los de los partidos estatales
pequeños, cuyo voto está disperso por todo el país. Actualmente se dan dos
casos en el Congreso: Convergència i Unió, nacionalista catalana, tiene 16
escaños por 11 de la Izquierda Plural (en la que está integrada IU); UPyD tiene
5 escaños mientras que la coalición abertzale Amaiur tiene 7. Equo, partido que
integra a la mayor parte del ecologismo español, se quedó sin representación en
las elecciones generales de 2011 mientras que partidos nacionalistas con menos
votos como el BNG o Coalición Canaria, entraron con dos escaños cada uno.
Sin embargo,
la profundidad de la crisis y la incapacidad de los dos partidos
gubernamentales (PSOE hasta 2011 y PP desde entonces) para hacerle frente con
políticas eficaces, está haciendo que los ciudadanos, hartos, apuesten por
otras opciones políticas o por la abstención, y ello puede influir en el modelo
de partidos sin siquiera reformar la ley electoral.
Los primeros
síntomas se comenzaron a ver en Asturias y Andalucía hace un año, con la
repetición de las elecciones autonómicas en la primera por incapacidad manifiesta
de Álvarez-Cascos, antiguo vicepresidente de España con el PP, para llegar
acuerdos.
En Asturias
ganó el PSOE pero a mucha distancia de la mayoría absoluta mientras que el
partido de Cascos, Foro de Ciudadanos, se mantuvo en segundo lugar superando a
un PP paralizado. Por debajo, IU alcanzó un resultado muy bueno y entró en la
Junta General UPyD, que hasta entonces había sido un partido insignificante
fuera de Madrid. Finalmente, el PSOE gobierna en minoría apoyado puntualmente
por IU y UPyD ante los recelos que separaban a Foro y PP. Sin embargo, lo
significativo fue la subida de IU y UPyD y que el PP quedaba desplazado por
Foro, solo cuatro meses después de haber ganado las elecciones generales en
Asturias con bastante ventaja.
En Andalucía
ganó por primera vez el PP pero a distancia de la mayoría absoluta y solo un
punto por delante del PSOE. Lo significativo fue que los socialistas se
desplomaron pero sus votos no fueron a parar al PP sino a Izquierda Unida, que
duplicó su representación alcanzando un resultado excelente. Por debajo, UPyD
se quedó sin representación pero obtuvo unos resultados significativos
superando ampliamente a los andalucistas.
Finalmente, se
llegó a un gobierno de coalición de izquierdas que se ha demostrado de momento
eficaz y en el que IU ha debajo su sello de manera palpable.
Tras unos
meses de calma, llegaron nuevas elecciones, esta vez anticipadas, en Euskadi y
Galicia. El caso vasco es muy particular, como siempre, pero cabe destacar la
caída de las opciones constitucionalistas a favor de los nacionalistas. Ganó el
PNV (de nuevo como siempre) seguido a distancia de la nueva coalición
abertzale, Bildu. El PSE-EE cayó al tercer puesto perdiendo el gobierno y el PP
bajó a niveles de principios de los 90. La caída de ambos benefició a IU y
UPyD, logrando la segunda un escaño y quedando IU fuera del parlamento al no
tener el voto concentrado, como UPyD sí lo tuvo, en una provincia.
Fue más
significativo el caso gallego. El PP ganó por mayoría absoluta aumentando
escaños…pero no votos, los cuales, de hecho, perdió respecto a 2009. Por su
parte, el PSOE se descalabró de manera muy significativa a favor de una nueva
coalición de izquierdas, nacionalista y ecologista, Alternativa Galega de
Esquerda, que estaba formada por el partido nacionalista Anova, Izquierda
Unida, Equo y Espazo Ecosocialista. Dicha coalición quedó en tercer lugar pero
superó al PSOE en las grandes ciudades de la provincia de A Coruña como la
capital provincial y la capital autonómica, Santiago. El otro afectado por la
irrupción de AGE fue el BNG, un partido ya clásico en la política gallega.
Resultados de las elecciones autonómicas en la provincia de A Coruña. En el conjunto de Galicia, el PSOE superó a AGE por seis puntos.
Por otro lado,
los medios de comunicación ofrecen encuestas y sondeos electorales de opinión absolutamente
transgresores con lo que habíamos visto hasta ahora (bipartidismo en general). En
el pasado octubre el diario El País ofreció un sondeo de la Comunidad
Valenciana en el que el PP perdía la mayoría absoluta dejándose nada menos que un
15 % de los votos y pasando de 55 a 42 escaños. Sin embargo, el PSOE no salía
mejor librado al perder ocho puntos y pasar de 33 a 25 escaños. Los grandes
beneficiados, los partidos que ahora son minoritarios: Izquierda Unida, Coalició
Compromís (formada por los nacionalistas del Bloc, los ecosocialistas de
Iniciativa y los ecologistas de Els Verds y Equo) y Unión Progreso y Democracia
con 13 escaños los dos primeros y la entrada en les Corts de UPyD con 6
diputados. Este escenario podría abrir un tripartito de izquierdas o un
gobierno en minoría de PP y UPyD.
Esta misma
semana El País también ofreció un sondeo pero en la Comunidad de Madrid, otro
feudo hasta ahora del PP. En dicho sondeo ocurría algo parecido: el PP caía
considerablemente sangrando de 72 escaños actuales a 54 y pasando de casi el 52
% de los votos a solo un 35 %. El PSOE le acompaña en la sangría: de 36 a 30
diputados y seis puntos menos de voto. Sin embargo, la diferencia respecto a
Valencia radica en que el PSOE en el sondeo de Madrid solo se separaba un punto
de Izquierda Unida, que daría un gran salto de 13 a 29 escaños subiendo 9
puntos porcentuales. Esto abre la posibilidad, a dos años vista, de un sorpasso
que siempre ha ansiado IU. Por detrás, UPyD dobla sus escaños pasando de 8
actuales a 16 y convirtiéndose en la llave del gobierno al no alcanzar ni PP ni
PSOE e IU la mayoría. EQUO se queda casi en el 4 % de los votos pero sin
escaños ya que la barrera en Madrid es el 5 %, aunque con una campaña electoral
fuerte tampoco puede descartarse la entrada de dicha formación.
Tomando todos
estos datos y a falta de un año para las elecciones europeas y de dos para las
autonómicas, se observa que algo está cambiando en la intención de voto de
buena parte de la población y que el bipartidismo parece agotado abriéndose
nuevas vías que podrían conducir a un modelo de partidos diferente al que hasta
ahora ha prevalecido. Y todo ello sin siquiera tocar la ley electoral, muy
significativo.



Excelente análisis César. Si, todo parece indicar los que algunos aplauden como si una victoria se tratase. El fin de lo que se ha llamado "bipartidismo". Y la pregunta es ¿qué es lo que viene ahora? Todo parece indicar un sistema atomizado a la Italiana en el que la ingobernabilidad y la inestabilidad polítca será la constante predominante. ¿Esto es lo que había que celebrar?
ResponderEliminarTe equivocas si celebro o no el proceso. Lo analizo tal y como lo observo, es a los politólogos a los que les corresponde analizar si va a ser un sistema a la italiana, a la holandesa o a la británica. De momento el sistema está cambiando, y no por culpa de los ciudadanos como yo, precisamente.
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