Presidentes de un solo mandato

El pasado martes se celebraron las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Joe Biden partía con una amplia ventaja en las encuestas que, a la hora del recuento, se ha visto reducida. El voto por correo, que ha alcanzado máximos históricos con unos 100 millones de votos, ha hecho que el recuento sea muy lento y que aún no haya sido proclamado un ganador.

Sin embargo, Biden tiene la Casa Blanca casi asegurada, por mucho que Trump vergonzosamente diga que se están haciendo trampas sin ninguna evidencia que lo demuestre. Faltan varios estados por finalizar el recuento: Nevada, Arizona, Alaska, Pensilvania, Carolina del Norte y Georgia. En todos ellos lleva ventaja Biden excepto en Alaska y Carolina del Norte, en donde Trump lleva ventaja. Solo con los votos electorales de Pensilvania, Biden ganaría los comicios, pero si se lleva además Nevada, Arizona y Georgia, tendrá una amplia victoria.

Fuente: elindependiente.com

Trump pasaría así a engrosar el poco dichoso grupo de presidentes de Estados Unidos que no consiguieron la reelección y su mandato se redujo a solo cuatro años. Recordemos que en Estados Unidos los presidentes tienen un límite de mandado de ocho años, algo que solo se incumplió una vez con el presidente Franklin Delano Roosevelt, que estuvo doce. En 1947 se impuso por ley que no se pudiesen superar dos mandatos.

A pesar de esto, la mayoría de presidentes de Estados Unidos ha logrado la reelección. En los últimos años Obama, Bush, Clinton y Reagan lograron repetir mandato. Por el contrario, George W.H. Bush y Jimmy Carter no lo consiguieron.

Presidentes de Estados Unidos en los últimos cien años que no lograron la reelección: Hoover, Ford, Carter y Bush. Fuente: maldita.es

Veamos una lista de los presidentes de Estados Unidos en los últimos cien años para ver quiénes repitieron o quiénes se quedaron en cuatro años o incluso menos por motivos ajenos a sí mismos:

  1. Warren G. Harding (Republicano), 1921-1923. Falleció en el cargo por causas naturales.

  2. Calvin Coolidge (Republicano), 1923-1929. Sucedió a Harding y fue reelegido.

  3. Herbert Hoover (Republicano), 1929-1933. No fue reelegido.

  4. Franklin D. Roosevelt (Demócrata), 1933-1945. Reelegido en tres ocasiones. Falleció en el cargo por causas naturales.

  5. Harry S. Truman (Demócrata), 1945-1953. Sucedió a Roosevelt y fue reelegido.

  6. Dwight D. Eisenhower (Republicano), 1953-1961. Fue reelegido.

  7. John F. Kennedy (Demócrata), 1961-1963. Fue asesinado en el cargo.

  8. Lyndon B. Johnson (Demócrata), 1963-1969. Sucedió a Kennedy y fue reelegido.

  9. Richard Nixon (Republicano), 1969-1974. Fue reelegido pero dimitió de su cargo.

  10. Gerald Ford (Republicano), 1974-1977. Sucedió a Nixon pero no fue reelegido.

  11. Jimmy Carter (Demócrata), 1977-1981. No fue reelegido.

  12. Ronald Reagan (Republicano), 1981-1989. Fue reelegido.

  13. George H. W. Bush (Republicano), 1989-1993. No fue reelegido.

  14. Bill Clinton (Demócrata), 1993-2001. Fue reelegido.

  15. George W. Bush (Republicano), 2001-2009. Fue reelegido.

  16. Barack Obama (Demócrata), 2009-2017. Fue reelegido.

  17. Donald Trump (Republicano), 2017-2021. No fue reelegido.

  18. Joe Biden (2021-2025). No aspiró a la reelección.

  19. Donald Trump (2025-actualidad). Por primera vez desde el siglo XIX, un presidente fue reelegido pero en mandatos no consecutivos.

La historia del Metro de Madrid hasta hoy

 El Metro de Madrid comenzó su andadura en 1919, con tan solo una línea y ocho estaciones. Hoy es uno de los metros más extensos del mundo, con trece líneas y 300 estaciones. En mi última colaboración con la revista El Magacín hablo sobre la interesante historia del metro madrileño y de la expansión imparable de su plano. Para acceder al artículo, pulsa en la siguiente imagen: 

La importancia de las artes y las humanidades en la educación secundaria


La presencia tanto de las artes como de las humanidades en la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato se ha visto reducida en los últimos años. Reforma tras reforma, parece que nunca hay espacio para fomentar (ni siquiera para mantener) estas disciplinas, que aparecen en forma de varias materias.

LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA

Es una de las asignaturas con más horas semanales de la ESO. En 1º y 2º se imparte todos los días de la semana, cinco, y en 3º y 4º se reduce una hora, a cuatro semanales. De las materias de humanidades, es la que menos peso ha perdido en las últimas reformas. En Bachillerato consta también de cuatro horas semanales. Además, de este departamento también depende la asignatura de Literatura Universal, de modalidad en Humanidades y Ciencias Sociales y con cuatro horas.

GEOGRAFÍA E HISTORIA

Ya con la LOGSE eran tres horas semanales, como actualmente. Sin embargo, con la LOE se le amplió una hora en 2º de ESO, hasta cuatro, que volvió a perder con la actual LOMCE, aunque el currículo fuese exactamente el mismo. Sí tienen más horas sus asignaturas en Bachillerato, cuatro (Historia del Mundo Contemporáneo en 1º e Historia de España, que es obligatoria, además de Geografía o Historia del Arte en 2º).

DIBUJO

En la ESO se denomina Educación Plástica, Visual y Audiovisual (EPVA) y tiene dos horas semanales, las mismas que ya tenía en la LOGSE. Sin embargo, en la LOGSE era obligatoria de 1º a 3º de ESO, y ahora solo está presente de manera obligada en 1º y 2º. Este cambio se hizo con la LOE y la LOMCE lo mantuvo, por lo que redujo su peso en general. En 4º de ESO EPVA es optativa con dos horas. Finalmente, en Bachillerato el dibujo se imparte en diferentes asignaturas. Para la modalidad de Ciencias está Dibujo Técnico tanto en 1º como en 2º, materia de modalidad con cuatro horas. En optativas se puede cursar Dibujo Artístico, independientemente de la modalidad, con dos horas semanales. En el bachillerato de artes hay materias como Fundamentos del Arte, Cultura Audiovisual o Diseño que también dependen del departamento de Dibujo, todas ellas de cuatro horas semanales.

MÚSICA

En la ESO dispone de dos horas semanales. Le pasó lo mismo que a EPVA en cuanto a su presencia por cursos, ya que se vio reducida a 2º y 3º de ESO, cuando es obligatoria. En 4º de ESO pasa a ser optativa, de nuevo con dos horas. En Bachillerato dispone de optativas como Análisis Musical, Historia de la Música y la Danza o Lenguaje y Práctica musical, de dos horas. También tiene presencia en asignaturas de la modalidad de artes.

FILOSOFÍA

Hasta la LOGSE solo existía como la asignatura de Ética en 4º de ESO. Con la LOE, se mantuvo y se añadió Educación para la Ciudadanía en 2º de ESO. Ambas eran obligatorias. La actual LOMCE fulminó ambas y puso como alternativa a Religión a Valores Éticos, con su propio currículo y evaluable. Sin embargo, esta materia no siempre es impartida por profesores de Filosofía, pudiendo ser asumida también por docentes de Geografía e Historia aunque no sea de su especialidad. Valores Éticos tiene dos horas semanales en 1º y 4º y de solo una en 2º y 3º. Por otro lado, existe una asignatura llamada Filosofía que es optativa en 4º, con dos horas semanales. En Bachillerato la filosofía también sufrió el hachazo de la LOMCE. Hasta esta ley era obligatoria tanto en 1º como en 2º para todos los alumnos, independientemente la modalidad de bachillerato que estudiasen. Ahora, Filosofía solo es obligatoria en el primer curso, con cuatro horas semanales. En 2º la Historia de la Filosofía es materia de modalidad en el itinerario de Humanidades y Ciencias Sociales (con cuatro horas) y los otros bachilleratos podrían estudiarla como optativa, pero es poco probable.

LATÍN Y GRIEGO

Ahora amenazados por la nueva LOMLOE debido a que ni son citadas en la misma como materias de modalidad en el bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales, por lo que los centros podrían no ofertarlas llegado el caso. Sin embargo, a día de hoy, los estudios clásicos están presentes en la ESO con la asignatura de Cultura Clásica, que es optativa en 3º y 4º con dos horas semanales. También con la materia de Latín en el 4º curso, que es troncal de opción en el itinerario académico con tres horas semanales. En Bachillerato las materias clásicas se encuentran en el itinerario de Humanidades, siendo Latín obligatoria en ambos cursos y Griego de modalidad, aunque si se estudian Humanidades puras se suelen cursar siempre ambas.

Por tanto, como podemos ver la situación de las artes y las humanidades en la educación secundaria no es dramática, pero sí se percibe una intención clara de reducir su presencia, en especial en los casos de filosofía, latín y griego, frente a los conocimientos más técnicos. Las artes son fundamentales para la formación de todo ciudadano ya que fomentan la creatividad, el ingenio y la sensibilidad. En cuanto a las humanidades, fomentan el espíritu crítico del alumnado, investigan nuestra propia naturaleza, fomentan la introspección personal y la cultura general.

WEBGRAFÍA

www.comunidad.madrid/servicios/

Las peculiaridades de las elecciones presidenciales de EE.UU.

La Casa Blanca, residencia oficial del presidente de Estados Unidos, en Washington D.C.

Las elecciones para elegir al presidente de Estados Unidos son uno de los eventos más relevantes del mundo. Al ser en una de las democracias más consolidadas del mundo, además de la más antigua junto a Reino Unido, tienen unas normas fijadas desde hace más de 200 años.

Entre ellas está que son obligatoriamente cada cuatro años y en concreto el martes entre los días 2 y 8 de noviembre. La campaña dura casi 21 meses (en España son solo dos semanas, aunque la precampaña puede durar mucho más). Las elecciones presidenciales, además, nunca se retrasan o adelantan. Si el presidente dimite o fallece, es sustituido por el vicepresidente hasta que acabe el mandato.

Otra peculiaridad de las elecciones presidenciales estadounidenses es que el voto es indirecto. Es decir, los ciudadanos de Estados Unidos votan a 538 compromisarios en total, que se asignan a cada estado según su población. Así, el estado más poblado, California, tiene 55 compromisarios y los menos poblados, como Alaska, Montana, Wyoming, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Vermont, Delaware y el Distrito de Columbia, tan solo tres cada uno de ellos. Esos compromisarios, que están adscritos a los partidos políticos de los candidatos a presidente, son los que en diciembre votan al presidente. Por tanto, para ser presidente de Estados Unidos, esos compromisarios que forman lo que se llama Colegio Electoral, deben sumar la mayoría, es decir, 270 compromisarios.

La cuestión es que los compromisarios no se asignan proporcionalmente según el número de votos en cada estado sino que el partido que gana en cada estado es el que se lleva todos los compromisarios que asigna dicho estado. Por tanto, quien gana en California se lleva sus 55 compromisarios y el que gana en Alaska se lleva sus tres compromisarios. Esto hace que ganar en el número total de votos no garantice ganar la presidencia porque puede que el otro candidato gane más estados y, con ellos, más compromisarios. Es lo que pasó en 2016: Clinton ganó en votos, con tres millones más que Donald Trump, pero este ganó en bastantes más estados.

Número de compromisarios por estado. California, con 55, es el que más tiene al ser el más poblado. Le siguen Texas (38), Nueva York (29) y Florida (29).


Por otro lado, hay estados que siempre votan al mismo partido. Entre los demócratas están los de la costa oeste como California o Washington, así como los del noreste en Nueva Inglaterra como Massachusetts o Nueva York. Entre los fijos republicanos están Alaska y algunos del interior como las dos Dakotas, Montana o Idaho, además de la mayoría del sur como Alabama o Carolina del Sur.
Los demás estados son los llamados pendulares, es decir, que varían su voto según la elección. Y son esos estados los que deciden al final la presidencia. Entre los pendulares más habituales están Ohio, Florida, Carolina del Norte, Virginia y, desde 2016, los industriales de los Grandes Lagos como Míchigan.

Trump ganó gracias a su victoria entre los obreros de los Grandes Lagos, consiguiendo los estados de Míchigan, Pensilvania, Ohio y Wisconsin. A ellos se sumó Florida, dándole una amplia victoria frente a Clinton, que solo pudo conservar Illinois de entre los estados de los Grandes Lagos.

Así, las elecciones presidenciales del próximo martes 3 de noviembre se decidirán en unos pocos estados, al igual que ha pasado en todas las convocatorias anteriores. Trump se la juega en los estados que le dieron la victoria hace cuatro años.

El sistema de Colegio Electoral ha sido ampliamente criticado al considerarse anacrónico y poco representativo. El hecho de que un presidente pueda ganar sin conseguir la mayoría de votos es contradictorio y, de hecho, beneficia más al Partido Republicano que el Partido Demócrata. Los republicanos son muy fuertes en el interior y sur del país, mientras que los demócratas destacan en las zonas costeras y urbanas. Ese beneficio a los republicanos se puede percibir en que, desde 1992, los republicanos solo han ganado unas elecciones presidenciales en número de votos, las de 2004. En 2000 y 2016 los demócratas ganaron en votos pero perdieron en el Colegio Electoral.

Esto solo había ocurrido antes tres veces. La primera fue en 1824, cuando ningún candidato tuvo mayoría en el Colegio Electoral y la presidencia fue elegida por la Cámara de Representantes, que escogió a John Quincy Adams. En 1876 el candidato demócrata tuvo más votos pero el republicano consiguió la mayoría en el Colegio Electoral por un solo voto, en lo que se cree que pudo ser un fraude. Y la última vez antes de 2000 en que un presidente fue elegido sin lograr la mayoría en votos fue en 1888, cuando el republicano Benjamin Harrison consiguió la victoria en el Colegio.

En 2000, el republicano George W. Bush ganó el Colegio Electoral después de un recuento extremadamente ajustado en el estado de Florida. Además, la victoria en Florida la terminó por decidir la Corte Suprema, mayoritariamente conservadora, por lo que hubo sospechas de manipulación del resultado. Y en 2016 Clinton, como hemos dicho, ganó el voto popular y además con la mayor ventaja hasta la fecha sobre el candidato ganador ya que fueron tres millones de votos.

Así, de los 45 presidentes de Estados Unidos hasta hoy, solo cinco no han ganado en votos su presidencia sino gracias al peculiar sistema electoral. Por ello, aunque las encuestas den ventaja al candidato demócrata, Joe Biden, en las próximas elecciones, ello no quita que pueda ganar Trump si remonta en los estados pendulares que están en juego. Podría ocurrir perfectamente lo sucedido en 2016: que las encuestas den como vencedor al demócrata y gane el Colegio Electoral el candidato republicano, Trump.

Los estados en juego son los de siempre y alguno nuevo. A los tradicionales Florida, Carolina del Norte, Ohio o Nevada, se suman otros nuevos como los que cambiaron en 2016 (Pensilvania, Míchigan o Wisconsin) y algunos tradicionalmente republicanos pero en los que el empuje demócrata hace que ahora sean pendulares, como Arizona y Georgia. Incluso el peso pesado republicano, Texas, que da hasta 38 compromisarios, puede estar en juego esta vez. El que se lleve más estados se llevará la presidencia. Todo está por ver.

Gestiones desastrosas


La pandemia de covid-19 está poniendo en jaque a gobiernos de todo el mundo. Es lógico al ser la crisis sanitaria más grave desde la de la gripe de 1918 y, además, haberse tornado a su vez en crisis política, social y económica. Sin embargo, esto no absuelve a muchos gobiernos de estar haciendo una gestión nefasta.

Entre los casos más sonados destacan los de países tan relevantes como Reino Unido, Estados Unidos o Brasil. En Reino Unido, su primer ministro negó la gravedad de la covid e incluso apostó por alcanzar la inmunidad de rebaño (es decir, no tomar medidas para que se infectase toda la población y así quedase inmunizada) hasta que él mismo se contagió y estuvo grave en la UCI. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump sigue negando la gravedad de la pandemia a pesar de haber pasado la enfermedad (ojalá le cueste la reelección). Finalmente, Brasil no ha tomado medidas drásticas contra el virus y su presidente, Bolsonaro, lo llamó “resfriado”.

En España ha habido de todo. El Gobierno central reaccionó tarde a la expansión del virus, lo cual fue la tónica común en febrero y marzo en casi todo el mundo. Su error más grave ha sido precipitar una desescalada para la que España no estaba ni de lejos preparada. Faltaban rastreadores y reforzar la atención primaria y, aunque esos aspectos dependen de las comunidades autónomas, el Gobierno tendría que haber tutelado esos esfuerzos en la medida de lo posible durante el verano. Además, el protocolo de rebrotes para aplicar confinamientos se ha aprobado en los últimos días, cuando la situación ya era muy grave en el país.

En cuanto a las comunidades autónomas, hay de todo. Algunas como Asturias, Aragón o la Comunidad Valenciana hicieron mejor los deberes en verano y contrataron rastreadores. Otras, como Castilla y León o Murcia, están gobernadas por los conservadores y tampoco han dudado a la hora de aplicar restricciones si eran necesarias.

El gran problema ha llegado cuando una comunidad se ha negado a aplicar restricciones severas ante el auge dramático de contagios. Una comunidad cuyo gobierno apuesta por la confrontación con el central en vez de dedicar todos sus esfuerzos a frenar al virus. Se trata, como imaginarán, de la Comunidad de Madrid.

El gobierno autonómico de Madrid sabía cuáles eran las recetas para luchar contra este coronavirus: rastreadores y refuerzo de la atención primaria. No se hizo en verano ni hubo intención alguna, solo cuando ya era tarde. Más bien se han invertido millones de euros en construir un hospital nuevo para emergencias en Valdebebas para el que ni han previsto la contratación de personal sino el traslado de médicos desde otros centros sanitarios, es decir, un parche que no va a solucionar la situación ya que no solo se necesitan espacios sino también personal.

Las dificultades de Ayuso en una entrevista para explicar de dónde van a provenir los médicos del nuevo hospital de emergencias.

Cuando el número de casos comenzó a crecer rápidamente en septiembre, el gobierno regional se limitó a confinar zonas básicas de salud. Estas no son distritos ni barrios necesariamente sino zonas asignadas a un centro de salud. No son unidades territoriales y, de hecho, pueden partir en dos un mismo barrio, creando situaciones absurdas como que un lado de una calle esté confinado y el otro no. Pero el gobierno de Isabel Díaz Ayuso perseveró en esta idea y, además aplicando un umbral de locura de incidencia acumulada de contagios: 1.000 por 100.000 habitantes, cuando la Unión Europea considera transmisión muy alta con solo superar los 50 casos.

Ante la llegada del puente del 12 de octubre, Ayuso y su gobierno siguieron perseverando en las restricciones por zonas de salud y, por supuesto, no quisieron poner un cierre perimetral a Madrid y a su área metropolitana para evitar que sus ciudadanos pudiesen salir de la Comunidad de puente. Por ello, el Gobierno de España decidió aplicar un estado de alarma de 15 días en los municipios con mayor incidencia de más de 100.000 habitantes con el objetivo de que no se pudiese salir de la ciudad.

Pero estas negligencias no han sido lo más grave sino el hacer menos test de coronavirus en las últimas semanas. Esto ha supuesto que los contagios reflejados en los datos hayan disminuido drásticamente en Madrid. ¿Es real esta bajada? Parece que, atendiendo al número de casos en los hospitales y en las UCI, el virus puede haberse frenado en su transmisión en la región, pero también es cierto que la situación sigue siendo muy mala y que hacer menos pruebas PCR o de antígenos en plena pandemia es una absoluta insensatez ya que no podemos ver la transmisión real del virus en la sociedad (sobre todo han reducido las PCR, y la subida de los test de antígenos no las han compensado). 

¿Cuál es la excusa del gobierno madrileño para esa inacción? Que lo importante es, según palabras de la misma Ayuso, no dañar más a la economía. Esa es la prioridad. El problema es que la falta de medidas a tiempo hace que las restricciones luego tengan que ser más duras para evitar el colapso de los hospitales. Y eso sí que termina de destruir la economía.

Por tanto, como ciudadanos debemos exigir a los gobiernos, sean del color político que sean, que trabajen de manera decidida para luchar contra el virus. Que dejen sus intereses políticos para otro momento y se pongan a trabajar. Porque al virus eso le da igual y ya han fallecido demasiadas personas por esta pandemia como para que las administraciones estén dedicadas a otra cosa que no sea combatirla.

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  Bandera de Chile, apodada La Estrella Solitaria. El azul representa el cielo, el blanco la nieve de las cumbres de los Andes, el rojo la s...