La Casa Blanca, residencia oficial del presidente de Estados Unidos, en Washington D.C.
Las
elecciones para elegir al presidente de Estados Unidos son uno de los
eventos más relevantes del mundo. Al ser en una de las democracias
más consolidadas del mundo, además de la más antigua junto a Reino
Unido, tienen unas normas fijadas desde hace más de 200 años.
Entre
ellas está que son obligatoriamente cada cuatro años y en concreto
el martes entre los días 2 y 8 de noviembre. La campaña dura casi
21 meses (en España son solo dos semanas, aunque la precampaña
puede durar mucho más). Las elecciones presidenciales, además,
nunca se retrasan o adelantan. Si el presidente dimite o fallece, es
sustituido por el vicepresidente hasta que acabe el mandato.
Otra
peculiaridad de las elecciones presidenciales estadounidenses es que
el voto es indirecto. Es decir, los ciudadanos de Estados Unidos
votan a 538 compromisarios en total, que se asignan a cada estado
según su población. Así, el estado más poblado, California, tiene
55 compromisarios y los menos poblados, como Alaska, Montana,
Wyoming, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Vermont, Delaware y el
Distrito de Columbia, tan solo tres cada uno de ellos. Esos
compromisarios, que están adscritos a los partidos políticos de los
candidatos a presidente, son los que en diciembre votan al
presidente. Por tanto, para ser presidente de Estados Unidos, esos
compromisarios que forman lo que se llama Colegio Electoral, deben
sumar la mayoría, es decir, 270 compromisarios.
La
cuestión es que los compromisarios no se asignan proporcionalmente
según el número de votos en cada estado sino que el partido que
gana en cada estado es el que se lleva todos los compromisarios que
asigna dicho estado. Por tanto, quien gana en California se lleva sus
55 compromisarios y el que gana en Alaska se lleva sus tres
compromisarios. Esto hace que ganar en el número total de votos no
garantice ganar la presidencia porque puede que el otro candidato
gane más estados y, con ellos, más compromisarios. Es lo que pasó
en 2016: Clinton ganó en votos, con tres millones más que Donald
Trump, pero este ganó en bastantes más estados.
Número de compromisarios por estado. California, con 55, es el que más tiene al ser el más poblado. Le siguen Texas (38), Nueva York (29) y Florida (29).
Por
otro lado, hay estados que siempre votan al mismo partido. Entre los
demócratas están los de la costa oeste como California o
Washington, así como los del noreste en Nueva Inglaterra como
Massachusetts o Nueva York. Entre los fijos republicanos están
Alaska y algunos del interior como las dos Dakotas, Montana o Idaho,
además de la mayoría del sur como Alabama o Carolina del Sur. Los
demás estados son los llamados pendulares, es decir, que varían su
voto según la elección. Y son esos estados los que deciden al final
la presidencia. Entre los pendulares más habituales están Ohio,
Florida, Carolina del Norte, Virginia y, desde 2016, los industriales
de los Grandes Lagos como Míchigan.
Trump
ganó gracias a su victoria entre los obreros de los Grandes Lagos,
consiguiendo los estados de Míchigan, Pensilvania, Ohio y Wisconsin.
A ellos se sumó Florida, dándole una amplia victoria frente a
Clinton, que solo pudo conservar Illinois de entre los estados de los
Grandes Lagos.
Así,
las elecciones presidenciales del próximo martes 3 de noviembre se
decidirán en unos pocos estados, al igual que ha pasado en todas las
convocatorias anteriores. Trump se la juega en los estados que le
dieron la victoria hace cuatro años.
El
sistema de Colegio Electoral ha sido ampliamente criticado al
considerarse anacrónico y poco representativo. El hecho de que un
presidente pueda ganar sin conseguir la mayoría de votos es
contradictorio y, de hecho, beneficia más al Partido Republicano que
el Partido Demócrata. Los republicanos son muy fuertes en el
interior y sur del país, mientras que los demócratas destacan en
las zonas costeras y urbanas. Ese beneficio a los republicanos se
puede percibir en que, desde 1992, los republicanos solo han ganado
unas elecciones presidenciales en número de votos, las de 2004. En
2000 y 2016 los demócratas ganaron en votos pero perdieron en el
Colegio Electoral.
Esto
solo había ocurrido antes tres veces. La primera fue en 1824, cuando
ningún candidato tuvo mayoría en el Colegio Electoral y la
presidencia fue elegida por la Cámara de Representantes, que escogió
a John Quincy Adams. En 1876 el candidato demócrata tuvo más votos
pero el republicano consiguió la mayoría en el Colegio Electoral
por un solo voto, en lo que se cree que pudo ser un fraude. Y la
última vez antes de 2000 en que un presidente fue elegido sin lograr
la mayoría en votos fue en 1888, cuando el republicano Benjamin
Harrison consiguió la victoria en el Colegio.
En
2000, el republicano George W. Bush ganó el Colegio Electoral
después de un recuento extremadamente ajustado en el estado de
Florida. Además, la victoria en Florida la terminó por decidir la
Corte Suprema, mayoritariamente conservadora, por lo que hubo
sospechas de manipulación del resultado. Y en 2016 Clinton, como
hemos dicho, ganó el voto popular y además con la mayor ventaja
hasta la fecha sobre el candidato ganador ya que fueron tres millones
de votos.
Así,
de los 45 presidentes de Estados Unidos hasta hoy, solo cinco no han
ganado en votos su presidencia sino gracias al peculiar sistema
electoral. Por ello, aunque las encuestas den ventaja al candidato
demócrata, Joe Biden, en las próximas elecciones, ello no quita que
pueda ganar Trump si remonta en los estados pendulares que están en
juego. Podría ocurrir perfectamente lo sucedido en 2016: que las
encuestas den como vencedor al demócrata y gane el Colegio Electoral
el candidato republicano, Trump.
Los
estados en juego son los de siempre y alguno nuevo. A los
tradicionales Florida, Carolina del Norte, Ohio o Nevada, se suman
otros nuevos como los que cambiaron en 2016 (Pensilvania, Míchigan o
Wisconsin) y algunos tradicionalmente republicanos pero en los que el
empuje demócrata hace que ahora sean pendulares, como Arizona y
Georgia. Incluso el peso pesado republicano, Texas, que da hasta 38
compromisarios, puede estar en juego esta vez. El que se lleve más
estados se llevará la presidencia. Todo está por ver.