Los planetas del Sistema Solar



Están ahí arriba. A millones y millones de kilómetros, pero están. Existen miles de millones de planetas en la Galaxia y ni por asomo conocemos todos. Como mucho una ínfima cantidad de ellos tienen nombre si contamos con los que pueda haber en todas las galaxias del universo. Este es un tema en el que ciencia y misticismo pueden confundirse, pero en este artículo hablaremos desde el punto de vista de lo que conocemos a día de hoy y nos centraremos en nuestro Sistema Solar, del que forma parte nuestro pequeño planeta, nuestro “barrio” estelar. 

El Sistema Solar es un conjunto de astros formado por una estrella, el Sol, los planetas a ella adscritos y sus satélites respectivos, además de los cometas y los asteroides. El Sol es una estrella de tamaño mediano amarilla. Tiene unos 5.000 millones de años y está justo a mitad de su vida, por lo que continuará brillando otros 4.500 millones de años más. A su alrededor orbitan todos los demás astros del Sistema Solar debido a su efecto gravitatorio. Es unas 330.000 veces más grande que la Tierra y está compuesto sobre todo por hidrógeno y helio. La temperatura en su superficie alcanza los 5.500°C. Está envuelto por la corona, gases que se extienden cientos de miles de kilómetros desde su superficie. La energía que produce es inmensa: con la que emite en un segundo se podría abastecer a la Tierra durante un millón de años. 

Los planetas, por su parte, son astros que orbitan alrededor del Sol siguiendo unas trayectorias llamadas órbitas en forma de elipse. Cuanto más alejado está un planeta del Sol, más tiempo tarda en rodearlo. Así, Mercurio tarda solo 88 días, la Tierra 365 y el planeta enano Plutón tarda nada menos que 248 años. Casi todos los planetas del Sistema tienen satélites (excepto Mercurio y Venus) y cuatro de ellos tienen anillos (los gaseosos). También son parte del Sistema Solar los asteroides, en su mayoría concentrados en un cinturón entre las órbitas de Marte y Júpiter, así como los cometas, son órbitas más variables. 

El astro más grande es, con diferencia, el Sol, que deja muy pequeños a los planetas. El más grande es Júpiter, como veremos más adelante, seguido de Saturno, Urano y Neptuno, que son los llamados gigantes gaseosos, debido a su composición. Los planetas rocosos están más cerca del Sol y son mucho más pequeños (Mercurio, Venus, Tierra y Marte). Los planetas enanos también son rocosos pero no tienen una única localización. Hasta Neptuno los planetas tienen órbitas en el mismo plano. Plutón, ahora planeta enano, tiene una órbita más extraña: inclinada respecto a las otras y que se cruza con la de Neptuno, por lo que a veces Plutón está más cerca del Sol que el gigante azul. 

MERCURIO 

Es el planeta más cercano al Sol, un pequeño astro rocoso y abrasado por los rayos de la estrella. Su superficie está recubierta de cráteres y se parece a la de nuestra Luna. Su cercanía al Sol hace de este un planeta de extremos: alcanza 420°C en su cara iluminada por la estrella y -180°C en la oscura. Debe su nombre al dios romano Mercurio (Hermes para los griegos), que le fue dado en la Antigüedad. El origen del nombre puede deberse a su aparente velocidad en cruzar los cielos, ya que el dios Mercurio era el mensajero de los dioses y portaba unas zapatillas y casco alados que le hacían ser muy rápido. 

Es un planeta muy pequeño: su diámetro es un tercio del terrestre. Su gravedad es muy débil e incapaz de tener una atmósfera. Por ello no tiene fenómenos atmosféricos que borren los cráteres de los meteoritos, como pasa en la Luna. Además, no tener atmósfera supone no tener tampoco efecto invernadero, de ahí los grandes contrastes de temperatura. Un fenómeno interesante de Mercurio (y de Venus) es los tránsitos, el paso de uno de estos planetas por delante del disco solar, pudiéndose observar desde la Tierra. El último tránsito de Mercurio fue en 2016 y el siguiente será en 2019. 

VENUS

Es el segundo planeta más cercano al Sol y recibe su nombre de la diosa romana del amor y la belleza femenina (Afrodita para los griegos). El motivo quizá sea la belleza de este planeta en los cielos terrestres, en especial observable al amanecer y anochecer (es el tercer objeto más brillante en el cielo después del Sol y la Luna). Sin embargo, este planeta no es nada romántico en realidad: se trata de un infierno con altísimas temperaturas, una atmósfera tóxica y vientos de gran velocidad.

Su atmósfera es muy densa formada sobre todo por dióxido de carbono, con nubes kilométricas de ácido sulfúrico. Estas nubes tapan completamente la superficie e impiden su visión desde el espacio. En las capas altas de su atmósfera se alcanzan vientos de hasta 350 km/h. La capa de nubes provoca un efecto invernadero muy fuerte que eleva la temperatura terrestre hasta los 500 grados, superior incluso a la de Mercurio, abrasado por el Sol. Por lo demás, Venus en cuanto a tamaño es prácticamente igual a la Tierra (solo algo más pequeño) y no tiene satélites, al igual que Mercurio. Las exploraciones espaciales han logrado revelar que la superficie venusiana está cubierta de volcanes y extensas coladas de lava. 

TIERRA

El tercer planeta del Sistema Solar es único y no solo por ser nuestro hogar. Un cúmulo de circunstancias especiales como su distancia al Sol, la existencia de atmósfera o la presencia de agua líquida han hecho que sea apto para la vida. Si estuviese más cerca del Sol las temperaturas serían demasiado altas y algo más lejos serían demasiado bajas para la vida. La atmósfera, por su parte, suaviza las temperaturas, las eleva con el efecto invernadero y nos protege de radiaciones nocivas del Sol. Y sin agua líquida no habría vida ya que esta se originó en los océanos. El 71 % de la superficie terrestre está cubierta de agua. Así, la temperatura media en nuestra superficie es de 14 grados que, sin el efecto invernadero, sería de unos -20. Curiosamente, el nombre del planeta hace referencia al tercio de tierra emergida de entre los mares, que es donde vivimos, aunque también responde a la personificación del planeta con la diosa griega y romana Gea. 

La Tierra es el prototipo de planeta rocoso con corteza, manto y núcleo. Ha sido profundamente explorada tanto desde dentro del planeta como desde el espacio gracias a los numerosos satélites artificiales que los humanos hemos enviado a la atmósfera con ese fin. A veces demasiados que, al dejar de ser útiles, han pasado a ser basura espacial. 

Luna

Es el astro más observado de los cielos y protagonista de muchas de nuestras noches al ser el que más brilla tras el Sol. Su brillo procede de la luz solar que se refleja en su superficie. Gira alrededor de la Tierra siguiendo una órbita elíptica. Estamos separados por 384.400 km y es un satélite relativamente grande, y más aún considerando el tamaño de la Tierra. No tiene atmósfera pero sí se ha detectado en sus polos agua en forma de hielo. Su superficie destaca por estar poblada de cráteres y de extensiones llamadas mares. La Luna siempre muestra la misma cara hacia nosotros ya que su periodo de rotación coincide con el de traslación alrededor de la Tierra. Así, hay una cara no visible desde nuestro planeta que también conocemos ahora gracias a las exploraciones espaciales (la Luna es el astro más conocido por los humanos desde épocas remotas y el único que ha pisado nuestra especie fuera del nuestro, entre 1969 y 1974). La temperatura media allí es de -23 grados que pueden bajar hasta -147. 

El origen de la Luna, no obstante, es desconocido todavía. Se creyó que era una porción de la Tierra desprendida durante la formación del planeta pero, en ese caso, la fuerza de la gravedad la hubiera vuelto a atraer. Además, la densidad de la Tierra y de la Luna es diferente, por lo que se descarta esa hipótesis. Se cree que la Luna pudo ser un planeta primitivo que cayó en el campo magnético de la Tierra. 

MARTE 

Es el planeta rojo, un astro que ha despertado la curiosidad humana desde antiguo. Su nombre procede del dios romano de la guerra (Ares para los griegos) y se debe al color rojizo de su superficie, el mismo que el de la sangre con la que disfrutaba ese dios. Es un planeta que siempre ha fascinado y se creyó en su día que había canales en su superficie y, por tanto, civilización, lo cual resultó ser erróneo. En realidad es un desierto frío (temperaturas medias de -55 grados) cuyo paisaje es muy parecido al de muchos desiertos de la Tierra. Tiene una fina atmósfera de dióxido de carbono. 

Marte tiene algunas de las formaciones geológicas más increíbles del Sistema Solar como el Valle Marineris, un cañón gigante de 4.000 km de longitud y hasta 7 km de profundidad; o el Monte Olimpo, un inmenso volcán de hasta 24 km de altitud (nuestro Everest no llega a los 9) y hasta 500 km de diámetro en su base. Además, tiene hielo en sus polos y hay evidencia de agua líquida en su superficie en el pasado, siendo así el planeta más parecido a la Tierra y el más explorado mediante pequeños robots de tipo rover que nos han enviado fotografías de buena calidad. Para finalizar, destacar que Marte tiene dos pequeños satélites, Fobos y Deimos, muy pequeños y que se cree eran asteroides que fueron atrapados por la gravedad marciana. 

JÚPITER

Es el primero de los planetas exteriores, un gigante que, a pesar de estar muy lejos de la Tierra, puede ser visto con solo unos buenos prismáticos, apreciando su disco y cuatro de sus satélites (es el cuarto astro más brillante en nuestros cielos). Su nombre hace referencia al rey de los dioses de la mitología grecorromana (Zeus para los griegos). Su tamaño preeminente hace que los antiguos le dieran por lógica el nombre del principal dios del panteón, aunque en realidad sea solo algo más grande que Saturno. Es un planeta gaseoso (como también lo son Saturno, Urano y Neptuno), lo que supone que no tenga superficie sólida y que lo que se ve desde el exterior sea la parte externa de una gruesa atmósfera. Eso sí, se cree que todos los planetas gaseosos tienen un núcleo rocoso. La capa que rodea Júpiter está compuesta sobre todo por hidrógeno y helio. Su temperatura media es de -121 grados. 

Su superficie muestra bandas debido a las nubes de la atmósfera con una formación peculiar: la Gran Mancha Roja, una región de altas presiones con nubes más altas y frías que las circundantes. Tiene 12.000 km de anchura y 25.000 de longitud, observada por primera vez hace 300 años y que hoy se está haciendo menos visible. Por otro lado, Júpiter tiene anillos, como los demás planetas gaseosos, aunque mucho menos brillantes que los de Saturno. Tiene más de 60 satélites, siendo cuatro de ellos especialmente grandes, los llamados galileanos en honor al astrónomo Galileo Galilei: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto.

SATURNO 

Saturno es el planeta más fascinante para muchos debido a sus impresionantes anillos. Su nombre se debe al dios romano del tiempo (asimilable al griego Cronos), padre de los dioses olímpicos, y quizá por ello se le dio ese nombre al ser “vecino” de Júpiter.  Como este, tiene temperaturas medias muy bajas de unos -180 grados. Sus anillos están compuestos por fragmentos de roca y hielo y, a pesar de su aspecto, son muy finos: apenas miden un kilómetro de grosor. Son miles de anillos agrupados en tres grupos. Cuando Galileo observó el planeta con su primitivo telescopio no entendió el por qué de la peculiar forma elíptica del planeta, y ello más tarde se aclaró al verse los anillos por primera vez en 1659.

Es un planeta casi tan grande como Júpiter, y su superficie muestra bandas de gas semejantes aunque menos contrastadas. Su atmósfera está compuesta por hidrógeno y helio y tiene un núcleo rocoso. Con solo un pequeño telescopio se pueden apreciar los anillos y la sombra del planeta sobre estos, aunque ver su superficie es más complicado. Saturno tiene como mínimo 33 satélites, siendo los más destacados Titán (el más grande del Sistema Solar), Rea, Iapeto, Dione y Tetis. 

URANO Y NEPTUNO 

Son los dos planetas gaseosos más alejados y también gigantes comparados con los planetas interiores, aunque su tamaño es mucho más reducido que el de Júpiter y Saturno. Son mundos aún poco conocidos y descubiertos ya en la Edad Moderna (están tan lejos que no fueron observables en la Antigüedad). 

Urano fue descubierto en 1781. Su nombre se debe al dios del cielo, Urano, padre a su vez de Saturno y abuelo de Júpiter, motivo por el que se le dio ese nombre. Está cubierto por una espesa atmósfera de hidrógeno, helio y metano. La superficie está formada por la capa externa de su atmósfera y solo se aprecian las nubes si se tratan las fotografías y se intensifican los colores. Sus anillos son difíciles de observar al ser muy oscuros. Su rotación es muy peculiar: en sentido contrario a la terrestre y además con un eje de rotación paralelo, por lo que “rueda” como hace una canica. Es muy difícil observarlo incluso con telescopio. Su temperatura media es de unos -200 grados. Tiene 27 satélites, destacando Titania, Oberón y Ariel. 

En cuanto a Neptuno, su intenso color azul no tiene nada que ver con océanos pero sí fue debido a ello por lo que fue nombrado en honor al dios romano del mar (Poseidón para los griegos). Como todos los gigantes gaseosos, su superficie corresponde con las capas más externas de su gruesa atmósfera. Su composición es muy similar a la de Urano. Fue descubierto en 1846  gracias a las irregularidades de la órbita de Urano que permitieron apreciar que existía la influencia gravitatoria de otro planeta. A diferencia de Urano, en Neptuno sí se aprecian bandas de nubes y formaciones curiosas, destacando la gran mancha negra, una zona tormentosa similar a la de Júpiter con vientos de hasta 1.000 km/h que, sin embargo, ha desaparecido aunque se ha formado otra en el hemisferio norte del planeta. Su observación es también difícil y con un telescopio normal como mucho se puede ver como un diminuto disco azulado. Tiene 13 satélites como mínimo, siendo el más grande con diferencia Tritón. 

PLANETAS ENANOS 

Es un término bastante reciente creado por la Unión Astronómica Internacional en 2006 basándose en que no han “limpiado” la vecindad de su órbita de otros astros menores y, además, su origen puede ser diferente al de los planetas. Por el contrario, tampoco son asteroides debido a tener suficiente masa para que su gravedad haya alcanzado un equilibrio isostático, es decir, una forma casi esférica. Además, no son satélites de otro planeta. 

Las consecuencias de la creación de esta categoría son que Plutón, considerado planeta hasta 2006, pasase a ser planeta enano. En un proceso inverso, astros hasta entonces asteroides como Ceres pasaron a ser planetas enanos. 

Los planetas enanos son los siguientes:

-          Ceres: situado en el Cinturón de Asteroides entre Marte y Júpiter. Recibe su nombre de la diosa romana de los cereales y la agricultura (Deméter para los griegos). Fue descubierto en 1801 y es el único astro del Cinturón con equilibrio isostático, es decir, con forma esférica. Es el más pequeño de los planetas enanos. No tiene satélites.


-          Plutón: situado más allá de Neptuno, ya en los confines del Sistema Solar al localizarse en el Cinturón de Kuiper. Está tan lejos que un rayo de Sol tarda más de cinco horas en llegar hasta él. Fue descubierto en 1930 y es un pequeño mundo helado compuesto por hielo y rocas con una atmósfera muy tenue. Su nombre se debe al dios de los muertos y del Inframundo para los romanos (Hades para los griegos) al encontrarse en una región en tinieblas. Tiene un satélite principal, Caronte, bastante grande en relación con el planeta, más otros cuatro más pequeños. 
-          Eris: es el segundo planeta enano más grande tras Plutón. Se ubica en la región del Disco Disperso, solapada con el Cinturón de Kuiper. Es aún muy poco conocido y todavía no ha recibido la visita de ninguna sonda espacial. Fue descubierto en 2005 y precisamente ese descubrimiento fue el que hizo que se replantease el término planeta al considerar que podía haber varios más. Su nombre inicial fue Xena, y más tarde se le denominó Eris por la diosa griega de la discordia, nombre adecuado considerando el debate que provocó su descubrimiento que acabó con la creación de la categoría de planeta enano. Tiene un satélite.
-          Makemake: situado en el Cinturón de Kuiper, es el tercer planeta enano en tamaño, siendo la mitad que Plutón. Fue descubierto en 2005 y su nombre corresponde con el dios Make-Make de los nativos de la Isla de Pascua, al ser descubierto en la Semana de Pascua.  Tiene un satélite.
-          Haumea: también en el Cinturón de Kuiper, fue descubierto en 2003 por el observatorio de Sierra Nevada en España aunque otro observatorio en Estados Unidos intentó atribuírselo al año siguiente y, de hecho, consiguió darle el nombre definitivo el honor a la diosa hawaiana de la natalidad (los españoles habían propuesto llamarlo Ataecina, diosa de la primavera y de la fertilidad para los pueblos prerromanos ibéricos. Su forma es elíptica y tiene dos satélites. 

¿UN NOVENO PLANETA?

Todavía está investigándose  a raíz de un estudio publicado en 2016 que señala que explicaría el comportamiento de los astros más allá de Neptuno. Hay astrónomos que consideran que hay un 90 % de probabilidad de que exista y sería otro gigante gaseoso expulsado al Sistema Solar exterior (en la frontera entre el Cinturón de Kuiper y la Nube de Oort, última región del Sistema Solar), diez veces más grande que la Tierra. Así, sería similar a Urano y Neptuno. 

BIBLIOGRAFÍA:

AAVV. Ciencias de la Tierra y del Universo. Madrid: Santillana, 2005. 

Maravillas del Mundo I: la Gran Pirámide



Comenzamos una nueva serie de artículos en el blog y esta vez nos vamos a centrar en siete de los monumentos más conocidos y majestuosos de la Historia de la Humanidad: las Siete Maravillas del mundo antiguo. 

Lo primero que hay que indicar es, ¿cuáles son? Y, ¿cuáles son los fundamentos para su elección? En realidad no hubo unos claros. Cada autor elaboró su lista de manera bastante arbitraria según criterios personales o por cómo les impresionaron esos monumentos cuando los visitaron. De las listas de la Antigüedad, la más conocida es la de Antípatro de Sidón pero no la única. Su configuración actual se debe al pintor alemán Maerten van Heemskrerck, quien optó por unas y desechó otras con criterios puramente artísticos. Sin embargo, esa lista es la que ha predominado hasta hoy:


-          Gran Pirámide de Giza (2.550 a. C)
-          Jardines Colgantes de Babilonia (600 a. C)
-          Templo de Artemisa en Éfeso (750 a. C la primera construcción. Última reconstrucción posterior a 356 a. C)
-          Estatua de Zeus en Olimpia (432 a. C)
-          Mausoleo de Halicarnaso (350 a. C)
-          Coloso de Rodas (290 a. C)
-          Faro de Alejandría (280 a. C)


 Las Siete Maravillas de la Humanidad en la imagen de los artistas del siglo XVI.

Y ahora, ¿por qué siete y no ocho, nueve o diez? Esto es porque históricamente el siete se ha considerado el número perfecto y también mágico. Así, aparece en muchas ocasiones: siete días en la semana, siete “planetas” (astros) originales en época griega, siete estrellas en la Osa Mayor, siete colinas en Roma, etc. 
 Localización de las Siete Maravillas. Salvo en el caso de la Gran Pirámide y los Jardines Colgantes, todas son de cultura helénica.

De las Siete Maravillas de Heemskrerck, solo una se mantiene pese a los milenios transcurridos desde su construcción: la Gran Pirámide, que también es la más antigua de todas ellas, lo cual amplifica más aún su espectacularidad. 

Y este primer artículo sobre las Maravillas va a versar sobre ella, sobre la que fue desde el tercer milenio antes de Cristo hasta el siglo XIV de Nuestra Era el edificio más alto del mundo. 

GRAN PIRÁMIDE DE GIZA
Gran Pirámide de Giza. En primer plano, el templo alto de Keops.

Se encuentra en la planicie de Giza, al oeste del río Nilo. Es la mayor de todas las pirámides de Egipto y se construyó alrededor del 2.550 a. C por orden del faraón Keops, de la IV Dinastía egipcia, durante el periodo denominado Reino Antiguo. El crecimiento de la ahora capital de Egipto, El Cairo, ha hecho que la necrópolis de Giza esté ahora prácticamente dentro de la ciudad. En época antigua era muy diferente ya que la ciudad era Menfis y estaba situada a unos kilómetros de Giza al sureste, también a orillas del Nilo. 

Antes de entrar en detalles de la pirámide, hay que destacar algunos aspectos de ese particular país. Egipto sin el río Nilo es un desierto, por lo que desde muy antiguo su civilización ha estado estrechamente ligada al río, del que dependían para comunicarse y para su agricultura debido a que las crecidas del río dejaban un suelo muy rico y fértil apto para la agricultura. Se configuró como una civilización cerrada a su río en un espacio muy estrecho en el que se concentraba (y todavía hoy se concentra) la totalidad de la población egipcia. Los inicios de Egipto datan de la época tinita, cuando se crearon sus instituciones, como su monarca absoluto y dios, el faraón, y los gobernadores locales y administrativos, llamados nomarcas. Era una sociedad jerarquizada pero en la que no existía la esclavitud al estilo grecorromano (en la que casi toda la economía dependía de los esclavos). 

La construcción de grandes tumbas para los faraones y las clases altas egipcias data también de antiguo. Inicialmente se plantearon las llamadas mastabas, pirámides truncadas con una zona subterránea en donde estaría enterrado el cuerpo. Ese cuerpo debía estar preservado para que el ka (“alma” del difunto) continuase su viaje al más allá. Si se perdía el cuerpo, el ka moría y no había nada peor para un egipcio. Así, se practicaba la momificación, con diversas técnicas según los costes que se pudiese permitir cada familia. Los más ricos, como el faraón, elegían la momificación más perfecta, que creaba unas momias que resistieron el tiempo hasta la actualidad en unas condiciones increíblemente buenas. Dichas momias debían ser guardadas en lugares sagrados y protegidos, y de ahí la apuesta de la IV Dinastía por crear una necrópolis digna de su poderío en Giza. 

Giza está situada al oeste del Nilo, donde se ponía el sol y donde los egipcios situaban el Más Allá. Además, las tres pirámides principales de la planicie (la Gran Pirámide, la de Kefrén y la de Micerinos) estaban situadas apuntando a la ciudad sagrada de Heliópolis. Además de estas cuestiones simbólicas, estaba la cuestión física: el terreno debía tener la consistencia suficiente como para poder aguantar el peso de las miles de toneladas de las pirámides. También era necesario que hubiese cerca canteras para obtener la piedra para la construcción. 

Una vez acabados los planos del edificio, que en el caso de la Gran Pirámide correspondieron al arquitecto Hemiunu, sobrino del faraón, se iniciaba la construcción. Cada sillar de piedra tenía una marca para aclarar su ubicación. Para la construcción eran necesarios conocimientos de matemáticas y astronomía, que los egipcios tenían sobradamente. Era habitual que las pirámides tuviesen un núcleo de roca natural acondicionado para recibir los bloques de piedra, reduciéndose de manera significativa el volumen de material necesario para la edificación, todo un ahorro de recursos. La Gran Pirámide también tiene dicho núcleo natural. 

El modo de construcción aún no está claro pero sería una combinación de uso de trineos y de rampas. Los primeros eran más útiles en un país de arena y barro como Egipto que la rueda, que se conocía pero no se empleaba. Las rampas, por su parte, permitían trasladar pesos en vertical y en horizontal utilizando barro para facilitar el movimiento de los trineos.
En cuanto a la mano de obra utilizada, no era esclava como ya se ha mencionado sino que eran trabajadores contratados por el faraón con el objetivo de crear su tumba. Su labor se prolongaba durante todo el año, lo que permitió que una pirámide fuera construida en un periodo relativamente corto de algo más de una década. En el caso de la Gran Pirámide, se extendió hasta veinte años debido a su inmenso volumen. 

Un aspecto interesante de las pirámides de Giza es que originalmente estaban recubiertas por bloques de piedra caliza pulida y de color blanco que las hacían incluso más impresionantes de lo que lo son hoy en día ya que relucían con el sol. En el caso de la Gran Pirámide, mantuvo ese recubrimiento hasta el siglo XIV, cuando un terremoto desprendió una parte y, más tarde, los turcos retiraron el resto para reutilizarlo en edificios de El Cairo. Su pirámide hermana, la de Kefrén, todavía mantiene el recubrimiento en su cúspide. 
Recreación de cómo serían originalmente las pirámides de Giza con su recubrimiento de piedra caliza pulida.

El interior de la Gran Pirámide está compuesto por tres cámaras principales, dos en el mismo interior (del Rey y de la Reina) y otra en el subsuelo. Se accedía por el lado norte por un pasaje descendente que comunicaba con dos pasillos, uno ascendente hasta la Gran Galería que lleva a la cámara del rey, y otro descendente hasta la cámara subterránea. Además, de cada cámara partían dos canales considerados ahora de ventilación pero cuyo uso original se desconoce. 

Distribución interior de la Gran Pirámide.


La Gran Pirámide estaba reservada al faraón, pero sus alrededores estaban repletos de otras construcciones menores (los sucesores de Keops fueron construyendo más pirámides colosales, las de Kefrén y Micerinos, que son algo más pequeñas): tres pequeñas pirámides para las esposas de Keops y su madre y, al oeste, sur y este de Giza numerosas mastabas privadas para nobles y funcionarios de la IV Dinastía. Una auténtica e impresionante necrópolis reservada para los egipcios más destacados de esa época y que todavía hoy podemos admirar, sobrecogiéndonos de que la Humanidad pudiese construir tales monumentos hace nada menos que 4.500 años.  

Imagen de la semana: el creciente Tío Sam

  Esta imagen tan fascinante data de 1899. Apareció en una revista satírica y es precisamente eso, una sátira sobre el creciente Tío Sam , e...