Groenlandia y por qué Europa no se debe dejar intimidar

 

Mapa de Groenlandia.

Europa no debe dejarse intimidar. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está estos días amenazando de manera más o menos velada a los países europeos a propósito de la mayor isla del mundo, Groenlandia, que pertenece desde hace siglos al Reino de Dinamarca. Según él, los daneses no son capaces de mantener la seguridad en la isla y esto es un problema para la seguridad nacional de los EE.UU.

Es cierto que la superpotencia ya había intentado en el pasado hacerse con Groenlandia. La última vez en época del presidente Truman, en los primeros años de la Guerra Fría. Sin embargo, acabaron firmando un acuerdo con Dinamarca para poder instalar libremente bases militares en el territorio y, además, Groenlandia pertenece a la OTAN, con lo que está cubierta por dicha alianza en caso de amenaza externa. Actualmente, EE.UU todavía dispone de una base militar allí, aunque en época de enfrentamiento con la Unión Soviética había muchas más, que se retiraron por el fin de la Guerra Fría.

Por tanto, es innecesario para los estadounidenses hacerse con la isla por la sencilla razón de que, desde un punto de vista militar, ya pueden hacer casi lo que quieran allí: instalar bases, enviar tropas y todo aquello que les permita el acuerdo con Dinamarca y la OTAN. 

Otra cuestión es la económica: el Ártico se descongela cada año más debido al cambio climático. En las próximas décadas quedará abierta la ruta transpolar y, con ella, Groenlandia ganará mucha importancia geopolítica. Además, en el subsuelo de la isla se calcula que hay notables yacimientos minerales y de tierras raras, muy golosos para la gran potencia americana. Pero, incluso si quisiesen Groenlandia por motivos económicos, tampoco necesitan ocuparla para poder explotarlos, puesto que podrían hacerlo mediante acuerdos con las autoridades locales y danesas (recordemos que Groenlandia tiene una amplia autonomía política).

¿Por qué entonces insiste tanto Trump en hacerse con la isla, incluso con amenazas militares? Es una cuestión más de puro poder. Cuando Trump era promotor inmobiliario, aprendió que, si tienes dinero e influencia, puedes hacer casi lo que quieras. Y esta manera de ver el mundo, la de un abusón maleducado de manual, es la que aplica en política exterior. Para él, Estados Unidos es una gran potencia y no tiene por qué respetar a los países pequeños. Desprecia el multilateralismo, las normas internacionales e incluso la negociación. Para él solo prima la ley del más fuerte. Y, si no transmites fortaleza sino debilidad, te ataca. 

Esto es lo que nos ocurre a los europeos. Desde que llegó a la Casa Blanca hace un año, Europa solo ha transmitido debilidad. Se ha intentado apaciguar a Trump, olvidando que la política de apaciguamiento no funciona con personajes autoritarios. Esto quedó demostrado de sobra en los años 30 con el fracaso absoluto del apaciguamiento a Hitler por parte de Reino Unido y Francia: como dijo Churchill, se os dio a elegir entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra. 

No estamos todavía en esa situación y ni siquiera nos acercamos, afortunadamente. Pero los europeos deben responder con firmeza a estas amenazas y abandonar el apaciguamiento. Estados Unidos tiene mayor poder militar que Europa, pero el ejército no es todo en estos tiempos. Europa todavía puede hablar de tú a tú a Washington en asuntos económicos, geopolíticos y de muchos aspectos más. Europa, en definitiva, no se puede permitir dejar intimidar.

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