En el Antiguo Egipto la muerte de ninguna manera era considerada el final de la vida sino el principio de una nueva en el Más Allá. El alma del difunto podía continuar viviendo tras la muerte pero para ello el cuerpo debía conservarse lo mejor posible, de ahí la famosa práctica de la momificación de los cadáveres.
Tan importante como conservar el cuerpo era situarlo en un espacio digno de los mortales más importantes de Egipto, que eran los faraones (reyes) junto a sus familiares y los sacerdotes y nobles más importantes. En el caso de los faraones, el tipo de tumba en la que fueron enterrados fue variando a lo largo de los cientos y cientos de años de historia egipcia (en concreto entre casi el 3.000 a. C y el 1.000 a. C., sin contar con el periodo tardío de ocupación del país por extranjeros hasta el siglo I a. C.).
El primer tipo de tumba es la mastaba. Se podría decir que es una pirámide pero truncada, sin el pico. En ellas eran enterrados los primeros faraones y los dignatarios más importantes. Se situaban en pleno desierto, al oeste del río Nilo y lejos de sus crecidas. Constaban de dos niveles: el superior, en el que había una capilla en la que los familiares podían depositar ofrendas, y el inferior subterráneo, al que se accedía por un pozo hasta llegar a una cámara en la que se depositaba la momia, tras lo cual el pozo era cegado.
La evolución de las mastabas dio lugar a las famosas pirámides. Primero construyeron pirámides escalonadas, al estilo de los zigurats mesopotámicos, algunas de ellas ya de gran tamaño, como la Pirámide Roja o la Pirámide Inclinada. Finalmente, se inclinaron por las pirámides clásicas de caras lisas, siendo las más importantes las de Guiza, cerca del actual El Cairo. Su construcción probablemente se realizó mediante rampas que se eliminaron al finalizarlas, aunque no es seguro al 100 %. En cualquier caso los egipcios eran un pueblo muy organizado y con recursos suficientes para su creación. La momia de los faraones era depositada en una cámara funeraria en su interior, a la que se accedía mediante pasillos en los que a menudo se depositaban trampas para disuadir a los ladrones (el faraón era enterrado con muchas de sus riquezas). Las tres principales pirámides de Guiza son la Gran Pirámide de Keops (140 metros de altura, la estructura humana más alta durante siglos), la de Kefrén y la de Micerinos.
Sin embargo, las pirámides estaban a la vista de todos, incluidos los ladrones, y ni las trampas ni la vigilancia bastaron para evitar que entrasen y saqueasen los tesoros de los faraones. Por ello, en el Imperio Nuevo, optaron por el tercer tipo de tumba: los hipogeos. Eran básicamente galerías subterráneas excavadas en la roca que constaban de varias habitaciones, situándose la momia al final con su tesoro. El hipogeo era sellado y ocultado sin un acceso claro. La mayoría se situaban en el Valle de los Reyes, al sur del país. Aun con estas medidas, todos los hipogeos fueron igualmente saqueados... excepto el del faraón Tutankamón, aunque eso es otra historia.

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