La expansión de Grecia

  Expansión territorial de Grecia. En azul oscuro, extensión tras su independencia del Imperio Otomano en 1832. En azules más claros, primeras ampliaciones en el siglo XIX. En verde, la gran expansión de 1913. En naranja, territorio adquirido tras la Primera Guerra Mundial de Bulgaria. En amarillo, territorios a los que aspiró tras la Gran Guerra, sin éxito, y en morado la última ampliación en 1947.

Grecia es un país relativamente joven. Es descendiente de una antigua civilización, sí, pero en época clásica Grecia nunca estuvo unida, sino al revés: había numerosas ciudades-Estado llamadas polis que compartían aspectos comunes como el idioma y la religión, pero en lo político eran independientes y solían tener disputas entre sí.

De esta manera, la Grecia independiente actual nació en el siglo XIX, con la revolución iniciada en 1820 contra el Imperio Otomano, que controlaba en ese entonces las tierras griegas. Previamente, Grecia había estado bajo control del Imperio Bizantino, el Imperio Romano y Macedonia, siendo esta última la primera que unificó toda Grecia bajo su control.

Tras unos duros años de represión turca, Grecia finalmente se constituyó en Estado en 1832 con apoyo de las grandes potencias (Reino Unido, Francia y Rusia), interesadas en debilitar al viejo Imperio Otomano. Su extensión era menor a la actual, al incluir la zona de Grecia central, el Ática, la isla de Eubea, la península del Peloponeso y las islas Cícladas. Es decir, en núcleo de la antigua Grecia clásica. La capital se situaría en la milenaria ciudad de Atenas dada su relevancia histórica.

La primera ampliación llegó unas décadas después. En 1863 obtuvo de parte de Reino Unido las islas Jónicas, como muestra de su estrecha alianza, que se mantiene prácticamente hasta la actualidad en el marco de la OTAN. Unos pocos años después, Grecia se expandió al norte ocupando Tesalia tras la Conferencia de Constantinopla, en la que el Imperio Otomano aceptó esa cesión a Grecia.

La siguiente expansión sería la más notable. En 1913 hubo una guerra en los Balcanes como precedente de la Primera Guerra Mundial en la que todos los pequeños Estados balcánicos que habían conseguido su independencia de los turcos se aliaron contra el cada vez más debilitado Imperio Otomano. Tras esto, la presencia turca en Europa se limitó a Constantinopla (Estambul) y la Tracia oriental. Grecia salió, junto con Bulgaria y Serbia, muy beneficiada de esta guerra contra el Imperio Otomano. Ocupó la isla de Creta y algunas más cercanas a la costa turca, como Lesbos o Quíos. El simbolismo de esto era claro: en Creta había surgido una de las civilizaciones base de la griega: la minoica. Pero la importancia territorial de esta expansión estuvo en el norte: Grecia ocupó las regiones de Epiro y Macedonia, esta última también de mucha importancia histórica para Grecia, como hemos visto anteriormente. Además, la capital de esta, Tesalónica, ya era entonces una ciudad importante y hoy es la segunda ciudad más poblada del país.

Tras este importante golpe, Grecia quiso expandirse todavía más, soñando con ocupar todas las regiones que en el pasado habían sido de habla griega, incluida Constantinopla y la costa turca en el mar Egeo. La ocasión vino con la Primera Guerra Mundial, en la que Grecia apoyó a los aliados mientras que los turcos integraron los Imperios Centrales, perdedores del conflicto. En el desmembramiento del Imperio Otomano, Grecia quiso ganar importantes territorios. No obstante, el primero que recibió fue de Bulgaria, otra perdedora de la guerra, que tuvo que ceder a Grecia la Tracia Occidental, perdiendo con ello su salida al mar Egeo, hasta hoy.

En cuanto a Turquía, el Tratado de Sèvres de 1920 obligó a ceder a Grecia importantes territorios: la Tracia Oriental menos Estambul, que seguiría siendo turca a pesar de las aspiraciones griegas; y la región de Jonia, cuya capital es Esmirna, entonces ( y hoy) una importante ciudad turca a pesar del pasado griego de la región. Grecia, con ayuda de Francia, Italia y Reino Unido, intentó mantener la ocupación de la zona hasta 1922, cuando fueron derrotados por un general turco que rechazó un acuerdo considerado vergonzoso para Turquía: Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la república turca moderna. Su resistencia hizo que los aliados tuviesen que renegociar el tratado con Turquía, llegando a una solución en Lausana en 1923, revocando el dominio griego en Jonia y Tracia Oriental que siguieron siendo turcos hasta hoy. Las minorías griega en Turquía y turca en Grecia se desplazaron a sus respectivos países para evitar nuevas hostilidades.

Grecia después de este revés no sufrió más modificaciones hasta que, tras la Segunda Guerra Mundial, la derrota italiana hizo que aspirase a las islas del Dodecaneso (la más importante de las cuales es Rodas), hasta entonces controladas por Italia. Así, en 1947 se le otorgaron a Grecia, que no ha tenido más ampliaciones hasta hoy a pesar de sus aspiraciones sobre Chipre en el pasado, con el que tiene vínculos históricos y culturales que casi acabaron en guerra entre Grecia y Turquía. 
Periferias, unidades periféricas y municipios. 
División administrativa de Grecia actualmente. 
 
Así, podemos ver que los países tienen notables modificaciones de fronteras y en el caso de Grecia un pequeño reino con el tiempo pasó a controlar un territorio casi del doble extensión que la original, con miles de islas bajo su dominio.

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