Vista del Valle de los Caídos, inmenso mausoleo de Estado en el que estaba enterrado hasta hoy el dictador Francisco Franco.
Han pasado más de 40
años desde que Francisco Franco, dictador entre 1939 y 1975, falleciese y fuese
enterrado en un mausoleo de Estado: el Valle de los Caídos. Ese gigantesco complejo
fue construido entre 1940 y 1958, en muchos casos por presos políticos en
condiciones de práctica esclavitud. A partir del mismo 1958 fueron inhumadas en
el Valle miles de personas muertas en la Guerra Civil, a menudo sin la autorización
de sus parientes, sobre todo en el caso de los fallecidos del bando republicano,
perdedor del conflicto.
En 1975, el gobierno decidió
que el dictador, al morir, fuese enterrado también en el Valle de los Caídos
con todos los honores. Fue una decisión que Franco no tomó ya que no dejó
instrucciones sobre dónde ser enterrado. Así, España ha tenido a su dictador
enterrado en un enorme mausoleo, a semejanza de lo que todavía ocurre en países
como China (con Mao Zedong), Corea del Norte (Kim Il-sung y Kim Jong-il) o
Rusia (Lenin), todos ellos autocracias.
Una democracia
consolidada como la española (con sus defectos, extensibles a muchos otros
países occidentales) no podía mantener a un dictador asesino de miles de
personas y traidor a un gobierno legítimo como fue Franco en una tumba de Estado
con honores. Era una vergüenza, que hoy ha finalizado al haber sido exhumado
del Valle de los Caídos y enterrado en un lugar más privado en el cementerio de
Mingorrubio-El Pardo, junto a su esposa, Carmen Polo.
Entierro de Franco en el Valle de los Caídos, días después de su fallecimiento el 20 de noviembre de 1975.
¿Por qué se ha tardado
tanto en tomar esta decisión? Durante la Transición era demasiado pronto, y se
procuró no molestar a un ejército todavía franquista. Además, en la Transición
se dio prioridad a la reforma política, aun a costa de sacrificar la memoria
histórica y la reparación mediante una ley de Amnistía, que permitió a los
criminales franquistas salir indemnes.
En las décadas
siguientes, tanto con gobiernos progresistas como conservadores, se prefirió
ignorar la tumba del dictador, a menudo con el pretexto de no reabrir heridas
de la Guerra Civil. Solo con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero se inició
un camino, muy lento, con una Ley de Memoria Histórica y una comisión sobre el
futuro del Valle de los Caídos que cayó en punto muerto a finales de 2011 con
la vuelta al gobierno de los conservadores.
El año pasado, con la
llegada a La Moncloa del presidente Pedro Sánchez, se inició al fin el proceso
para trasladar a Franco a una tumba que no sea un mausoleo estatal de exaltación
a su figura. El procedimiento, que en principio iba a ser rápido, pronto se topó
con la oposición frontal de los descendientes del dictador, además del prior
del Valle de los Caídos, falangista reconocido. Tras un año de batalla
judicial, el pasado mes de septiembre el Tribunal Supremo dio la razón al gobierno,
apoyado a su vez por el Congreso, y permitió la exhumación, que se ha producido
hoy.
La extrema derecha está
indignada, y la derecha del PP y Ciudadanos no puede evitar su incomodidad con
este tema, aunque aun así se abstuvieron en la votación del Congreso. En cuanto
a la izquierda, Podemos ha criticado al PSOE por hacer la exhumación antes de
las elecciones, obviando que el gobierno socialista propuso hacerla hace un
año y solo se ha podido efectuar una vez se han resuelto los problemas
judiciales con los nietos de Franco.
En cualquier caso, la
democracia ha ganado y el dictador ya no compartirá espacio con miles de sus
víctimas, como ocurría en el Valle. El monumento, construido según Franco para “perpetuar
la Cruzada”, debe ser convertido en un memorial o un cementerio civil de la
Guerra Civil y para ello era imprescindible trasladar los restos del dictador.
Y, para acabar, un
último ejemplo de la victoria de la democracia: hoy apenas 100 franquistas
estaban protestando contra la exhumación, encabezados por un golpista fracasado
como lo fue Tejero en 1981. España, en definitiva, es un país más digno hoy que
ayer.



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