Jóvenes miembros del Partido Nazi. Manipular a las nuevas generaciones y envenenarles de odio también es habitual en la extrema derecha.
Parece que se nos
olvida, pero la extrema derecha cada vez gana más adeptos en España y en el
conjunto de Europa. Recientemente, en las elecciones legislativas de Portugal
el partido ultra Chega consiguió un escaño. Parece poco, pero Portugal era una
aldea gala en una Unión Europea con partidos extremistas en su parlamento y en
los parlamentos nacionales de cada país. Además, en el país vecino la extrema
derecha nunca había conseguido representación desde el fin de la dictadura del
Estado Novo en 1974.
En el caso de España,
también rompimos nuestra excepcionalidad este año, en las elecciones de abril,
en las que la ultraderecha de Vox logró entrar en el Congreso con 24 diputados
que no se han salido del guion extremista a pesar de su entrada en las
instituciones. Condicionan los gobiernos de Madrid, Murcia y Andalucía desde
fuera y en los sondeos de las próximas elecciones de noviembre se colocan
terceros en escaños y cuartos en votos. Por tanto, es un fenómeno preocupante.
Sin embargo, para la
consternación de muchos de nosotros, mucha gente no aprecia el peligro que
puede suponer un partido con una ideología ultranacionalista, ultraconservadora
y, para más inri, neoliberal en lo económico.
Esta miopía de muchos
ciudadanos no es algo nuevo de nuestros tiempos. Y, para ello, hemos querido
ilustrarlo con un mensaje que recoge el libro Viajeros en el Tercer Reich, que data de 1919, nada más acabar la
Primera Guerra Mundial y siendo Alemania un caos debido a su derrota y a la caída
del káiser, con una república débil y que debía pagar numerosas reparaciones de
guerra a los vencedores del conflicto.
El mensaje, que
entonces tuvo que pasar relativamente desapercibido, es furibundamente
antisemita, criticando con dureza a los judíos, a los que acusaba de ser los causantes
de la derrota. Reproducimos a continuación el mensaje:
FIN
DEL MILITARISMO
¡INICIO DEL DOMINIO JUDÍO!
Durante
cincuenta meses hemos permanecido en el frente, honorablemente y sin ser
derrotados. Ahora regresamos a casa, ¡ignominiosamente traicionados por desertores
y amotinados! Esperábamos encontrar una Alemania libre, con el gobierno del
pueblo, ¿y qué nos ofrecen?
¡UN
GOBIERNO DE JUDÍOS!
La
participación de los judíos en la lucha en el frente fue casi nula. ¡su participación
en el nuevo gobierno ya alcanza el 80 %! ¡Y, sin embargo, el porcentaje de la
población judía en Alemania solo es del 1,5 %!
¡Abrid
los ojos!
¡Camaradas,
ya sabéis quiénes son las sanguijuelas!
Camaradas,
¿Quién se ofreció voluntario para ir al frente?
¿Quién
aguantó ahí fuera sentado en el barro?
¡NOSOTROS!
¿Quién
se quedó en la retaguardia?
¡LOS
JUDÍOS!
¿Quién
esperó a salvo y cómodamente en las cantinas y en los despachos? ¿Qué médicos
protegieron a sus congéneres de raza de las trincheras? ¿Quiénes decían siempre
que éramos “aptos” para el frente, a pesar de que allí nos despedazaban?
Camaradas,
como pueblo libre deseamos decidir nuestro futuro y que nos lideren hombres de
NUESTRA RAZA. ¡La Asamblea Nacional solo debe permitir entrar en el gobierno a
hombres de NUESTRA sangre y que compartan nuestra opinión!
Nuestro
lema debe ser:
¡ALEMANIA
PARA LOS ALEMANES!
¡ABAJO
LOS JUDÍOS!
Este mensaje finaliza
con la más que típica proclama de la ultraderecha: Alemania para los alemanes,
España para los españoles o Francia para los franceses, igual da el país. ¿Qué
es ser alemán? ¿ser cristiano? ¿llevar viviendo un número determinado de generaciones
en Alemania? Con tratarlo un poco ya se ve lo absurdo del mensaje, más aún si tenemos
en cuenta que nuestros antepasados más remotos proceden todos de África, pues
allí nació la especie humana.
También llama mucho la
atención que el mensaje diga que solo debe permitirse entrar en el gobierno a
hombres (por supuesto, mujeres es impensable, el machismo es parte indisociable
de la extrema derecha, todavía ahora) de su “sangre” (insistimos, ¿qué es eso?)
y ¡que compartan su opinión! Y esto nuevamente es un aspecto común de los ultras:
la intolerancia hacia las ideas y opiniones de los demás, sobre todo si son liberales
o progresistas.
¿Preocupó en exceso
este mensaje a los partidos tradicionales liberales, socialdemócratas o conservadores?
No demasiado, ya que la principal formación que utilizó ese mensaje antisemita
era el Partido Obrero Alemán, que se constituyó formalmente ese mismo 1919. Un año
después, ese pequeño partido, que decía defender a los trabajadores alemanes
desde una perspectiva ultranacionalista, se refundó como Partido
Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), con un nuevo y diabólico líder: Adolf
Hitler.
El resto de la historia
es sobradamente conocido: la crisis de 1929 hizo crecer considerablemente a
este partido en las elecciones hasta que Hitler se convirtió en canciller y,
desde el poder, eliminó la democracia alemana para convertirla en el Tercer
Reich. Después, iniciaría una campaña represiva contra los judíos que acabó con
la Solución Final: asesinar a todos los judíos de Europa. Todo tiene sus
consecuencias y lo que empezó con un panfleto con un mensaje radical acabó con
millones de muertos.
Una vez más la Historia
nos aporta valiosas lecciones que debemos tener en cuenta y, en este sentido,
es muy clara: la extrema derecha tiene un mensaje sencillo y fácil de llegar al
gran público, colocando siempre a un grupo o grupos sociales como chivo
expiatorio de todos los males de la sociedad. Mienten, incluyen porcentajes
falsos, pero poco importa eso ya que muchas personas les creen en su enfado con
los partidos tradicionales o con una crisis económica. Pero hay que mantener la
mente despejada: la ultraderecha solo trae tragedia y por ello no debemos nunca
subestimarla, tampoco para el próximo 10 de noviembre en nuestras elecciones.
BIBLIOGRAFÍA
BOYD, J. Viajeros en el Tercer Reich. Barcelona: Ático de los libros, 2019.






