Caín (1902), fotografía de Wilhelm von Gloeden a un joven siciliano. Es un tema igual a una obra de Flandrin, en carne y hueso y en gesto de abatimiento o cansancio. Y sí, la fotografía también es una forma de hacer arte.
La sección Icon de El
País traía hoy algo que me ha gustado por ser distinto a lo habitual. Lo titulaba
“Los 20 mejores desnudos masculinos de la
Historia del Arte”[i],
con ejemplos de todas las épocas, tanto de pintura como de escultura y
fotografía. Con un breve fotorrelato, elige una clasificación de los mejores
veinte ejemplos de desnudos de hombres.
En una sociedad
históricamente machista como la occidental, una lista como esta puede parecer
algo hasta poco masculino, pero ¿qué hay más varonil que el propio cuerpo de un
hombre? Desde la Antigüedad se le ha representado sin ropa, antes que a las
mujeres, relegadas siempre por detrás de los hombres. Las estatuas griegas
arcaicas mostraban hombres desnudos y mujeres siempre vestidas como
sacerdotisas.
Esculturas en la Grecia arcaica: los hombres jóvenes o kuros aparecían desnudos y las mujeres jóvenes o korés siempre vestidas. Comparten la rigidez y frontalidad típica de la época.
Así, he querido incluir
una entrada en el blog con algunos de los ejemplos de los que habla Icon y otros
que no están pero que considero también muy interesantes.
David (alrededor de 1440), Museo Nazionale del Bargello (Florencia, Italia). Obra de Donatello en bronce, es una escultura que representa desnudo a David después de haber asesinado a Goliat, cuya cabeza está a sus pies. Lleva puesto el típico sombrero florentino de la ciudad de su autor. Es un David casi infantil en comparación con otras obras parecidas.
Representar a Cristo desnudo es habitual, tan solo con una pequeña tela o una sábana. Suele aparecer con las heridas infligidas antes de morir, y en este ejemplo no es una excepción. Lamentación sobre Cristo muerto (1470), de Andrea Mantegna. Se encuentra en la Pinacoteca de Brera (Milán, Italia). Destaca el fuerte escorzo realizado, así como la falta de idealización de su cuerpo.
Hombre en el baño (1884), de Gustave Caillebotte. Se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Boston (Massachusetts, Estados Unidos). Casi siempre las escenas de aseo personal se representaban solo con mujeres, por lo que esta pintura fue realmente excepcional. Véase el detalle de las huellas de los pies mojados, el tabú del aseo personal del hombre destruido.
Edipo y la esfinge (1802), de Jean-Auguste-Dominique Ingres. Se guarda en el Museo del Louvre (París, Francia). Representa al héroe griego Edipo enfrentándose al reto de la esfinge. Si acierta, vive y, si no, los huesos que se ven en la imagen serán su futuro. La esfinge plantea el enigma: ¿cuál es el único animal que camina sobre cuatro patas, sobre dos y sobre tres?. Parece que Edipo está inclinándose para responder: "Lo tienes ante ti". El ser humano cuando es un bebé gatea, luego camina sobre dos piernas hasta que, ya anciano, debe ayudarse de un bastón.
San Juan Bautista (1602), obra de Caravaggio. Situada en la Galleria Doria-Pamphilij (Roma, Italia). Lo más interesante de Caravaggio es que rompe con todo: sus modelos para cuadros son gente de la calle, lo que les da ese aire de realismo. En esta pintura hay un fuerte componente homoerótico evidente ante la postura del joven, de clara sensualidad mientras mira al espectador.
No podía faltar el gran David (1504) de Miguel Ángel Buonarroti, ubicado en la Galería de la Academia (Florencia, Italia). ¿Recordáis el David anterior, el de Donatello? Nada que ver con este: el héroe aparece como un joven fuerte, con clara determinación en el rostro y con la honda preparada en su mano izquierda. Su mano derecha, surcada de venas y de gran tamaño. Podemos deducir que, en este caso, aún no ha asesinado a Goliat al no aparecer este en ningún momento. Representa la máxima belleza del cuerpo masculino.
Torso Belvedere (Siglo I a. C). Autor anónimo. Se halla en los Museos Vaticanos (Ciudad del Vaticano). Se cree que es una copia romana de un original anterior. Podría representar a un héroe como Hércules debido a su musculatura. Su influencia en el arte del Renacimiento y el Barroco fue enorme y solo hay que ver la obra de Miguel Ángel para ver como incorpora ese modelo de torso corpulento.
Otra obra que rompe con lo que estamos acostumbrados. Es el Fauno Barberini (Siglo III a. C). Autor anónimo, se encuentra en la Gliptoteca de Múnich (Alemania). Representa a un fauno, una criatura mitológica griega que también puede representarse con piernas de cabra, conocidas por su carácter impúdico, por lo que no extraña su postura, mostrando abiertamente su sexo, sin ninguna vergüenza. Así, no extraña que cuando fue descubierta en el siglo XVII causase sensación.
Esta ya nos suena, ¿no? Es la obra en la que está inspirada la fotografía que abre el artículo. Joven desnudo junto al mar (1836), de Hippolyte Flandrin. Se encuentra en el Museo del Louvre y destaca por su carácter enigmático: no se sabe qué le pasa al personaje ni lo que le va a pasar. Destaca el claroscuro que hace el paisaje con la piel del joven.
Ter Starkowski (1955), de George Platt Lynes. Fue un fotógrafo de moda que se centró en desnudos masculinos con una intención homoerótica. Su carga sexual es evidente y hoy pasaría más bien desapercibida, pero en 1955 causaba sensación (y escándalo).
Y no podíamos acabar sin algún ejemplo de desnudos masculinos en el arte español. En este caso tenemos a Marte, dios de la guerra romano, de Diego Velázquez. Se halla en el Museo del Prado de Madrid. Representa al dios mediante un modelo que era un veterano de guerra. Destaca el realismo empleado y la melancolía del personaje, que bien podría ser una personificación de la España de entonces.
Y, por último, una obra de Joaquín Sorolla, Niños en la playa (1910), de carácter postimpresionista y situada en el Museo del Prado. Muy diferente a las anteriores por su estilo, aunque les une el aspecto de la desnudez del cuerpo humano y su naturalidad.
















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