¡No he votado al presidente!



Ni nadie. ¿Por qué? Porque España no es un sistema presidencialista sino parlamentario. Un sistema que es muy habitual en Europa, con otros países con modelos parlamentarios como Reino Unido, Alemania, Italia, Grecia y un largo etcétera. ¿Y qué supone esto? Que no votemos directamente al primer ministro (o presidente del Gobierno, como lo llamamos en España) sino que votemos al parlamento y luego sea este el que elija al jefe del gobierno.

 Cuando votamos en las elecciones generales, estamos votando una lista cerrada de nombres candidatos a ser diputados y diputadas en el Congreso por parte de un partido, así como otra papeleta con listas abiertas para votar a los candidatos del Senado. En el segundo caso, podemos votar a un máximo de tres nombres, independientemente del partido. 
 En las elecciones generales, en realidad votamos una lista de nombres elegidos por cada partido en cada circunscripción (provincia). Según el número de votos, cada partido logrará un número determinado de diputados/as. Por ejemplo, en las elecciones de 2016, los 36 escaños que tiene Madrid en el Congreso de repartieron así: 15 PP, 8 Unidos Podemos, 7 PSOE y 6 Cs.

En un sistema presidencialista, como en Estados Unidos, o semipresidencialista, como Francia o Portugal, hay elecciones aparte de las generales para elegir al presidente. Esto hace que el presidente tenga un gran poder, igual al del parlamento que, eso sí, puede cesarle si fuese necesario en lo que en la política anglosajona se denomina un impeachment

Está bien claro en la Constitución Española: en un sistema parlamentario, el parlamento es la institución clave. En España elige al presidente del Gobierno e incluso tiene que dar el visto bueno al Rey como vimos en 2014. Cuando Juan Carlos I abdicó, hubo que presentar una ley al Congreso para aceptar dicha abdicación y el nombramiento como nuevo rey de Felipe VI. En el caso de una república parlamentaria, ya lo vimos en otro artículo: el parlamento vota al presidente de la República, además de al jefe del Gobierno. 

Por tanto, ahora que ha habido un cambio de presidente hay voces que critican que no ha sido mediante elecciones y que la moción de censura ha sido escasamente democrática. Ese mecanismo está incluido de manera muy clara en la Constitución, que es democrática se vea como se vea, en concreto en los artículos 113 y 114[i]. Cualquiera que los lea verá que se han seguido escrupulosamente. 

En cuanto a que no haya habido elecciones, tampoco es un requisito ya que, al ser España una democracia parlamentaria, el parlamento puede elegir otro presidente a mitad de legislatura, como es el caso. Lo que no podrá hacer el nuevo líder del Ejecutivo es celebrar elecciones más allá de junio de 2020, lo cual es altamente improbable ya que la legislatura no durará tanto, a priori. 

Al nuevo presidente se le acusa de ser el primero en llegar al poder sin elecciones. Dejando a un lado lo que ya hemos explicado sobre que ningún presidente en España es elegido directamente por los ciudadanos sino por los diputados, hay que recordar que ya hubo en el pasado un cambio de jefe de gobierno a mitad de legislatura. En concreto en 1981, cuando Adolfo Suárez dimitió y fue sustituido por Leopoldo Calvo-Sotelo, que mantuvo la presidencia hasta finales de 1982. El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 fue mientras en el Congreso se votaba la investidura de Calvo-Sotelo como presidente. Ahora es un caso algo distinto, sí, con un presidente nuevo tras una moción de censura, pero igualmente válido de cara a la Constitución. 

Leopoldo Calvo-Sotelo, jurando el cargo ante los reyes en 1981.


Por último, hay quien dice que el gobierno va a ser muy inestable al estar en clara minoría parlamentaria. Evidentemente, va a tener ciertos problemas a la hora de aprobar leyes y va a necesitar de largas negociaciones con otros grupos, pero esto no es algo muy diferente a lo que ocurre en otros países europeos. En Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, etc, la cultura del pacto es obligada ante la ausencia de mayorías rotundas, y lleva siendo así mucho tiempo, ¿Por qué no podría empezar a ser así también en España? Tampoco en todos los países gobierna el partido con más apoyos, como bien saben en nuestra vecina Portugal.

 Así está repartida la Cámara de Representantes de Países Bajos: la fragmentación es evidente.

En definitiva, se puede criticar al nuevo gobierno por no estar en las posiciones ideológicas de cada uno, pero no por haber llegado al poder ilegítimamente. El parlamento ha hablado y ha decidido cesar a un presidente y elegir a otro, un mecanismo constitucional y que perfectamente podría volver a ser empleado si fuese necesario.

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