Todos sabemos que en la
Península Ibérica vivieron durante siglos los musulmanes, los cuales la
llamaron al-Ándalus. Y que también durante siglos estuvieron literalmente a
matar con sus vecinos cristianos del norte, en un proceso de conquista que duró
tanto que les daba tiempo hasta a aburrirse y acordar treguas.
Este tira y afloja
entre ambos comenzó a decantarse por los reinos norteños cuando los musulmanes
quedaron totalmente divididos en pequeños reinos llamados taifas. Los cristianos,
muy listos ellos, aprovecharon la coyuntura y apoyaron a una u otra taifa a
cambio de un impuesto especial[i]. Poco a
poco las taifas fueron siendo derrotadas por los cristianos.
Les
costó, pero finalmente los andalusíes vieron que, si seguían haciendo el primo,
no iba a quedar de ellos ni el nombre en la Península. Así, llamaron al “ISIS”
de la época, es decir, pueblos muy integristas en lo religioso: primero los
almorávides y después los almohades, ambos procedentes del norte de África. Radicales
o no, les debemos espléndidos monumentos como la Giralda pero no la resistencia
musulmana, ya que en la fecha más fácil de recordar en 2º de la ESO (1212) los
reinos cristianos vencieron a los almohades en la Batalla de las Navas de
Tolosa, sentenciando el futuro del Islam en la Península.
Unos
años después, un rey muy peleón y, sobre todo, muy Santo llamado Fernando III
de Castilla y León, conquistó buena parte de Andalucía, desde Jaén a Sevilla. Solo
quedó bajo dominio musulmán el Reino Nazarí de Granada.
Y
este pequeño emirato demostró tener más pilas que Duracell porque resistió
otros 300 años a la presión castellana por el norte. Fue fundado por Mohamed
Ben Nasr (de ahí su nombre) en 1238, un señor muy inteligente: apoyó a Castilla
en la conquista de las taifas vecinas y se declaró su fiel vasallo. Los castellanos
lo aceptaron porque, una vez más, poderoso caballero es Don Dinero: Granada era
muy rica a pesar de su tamaño y, literalmente, compró su independencia durante
largos años.
Aunque
no es este el único factor que permitió la supervivencia de los nazaríes: los
castellanos se lo dejaron bastante “a huevo”: guerras civiles, usurpaciones de
trono por parte de bastardos[ii], crisis
económicas y la terrible epidemia de Peste Negra de 1348. Vamos, que bastante
tenían los castellanos con sus asuntos como para embarcarse en la conquista de
alguien que, encima, te paga generosas sumas.
Además,
conquistar Granada no sería tan fácil como parece: previendo ataques de
Castilla, los nazaríes se ocuparon de fortificar su pequeño reino y de llevarse
bien con sus hermanos musulmanes del norte de África, entonces en mano de los
Benimerines.
A
pesar de esos esfuerzos, Granada no pudo evitar que Castilla poco a poco le
fuese arrebatando plazas muy apetitosas, la mayor de ellas Algeciras y, con
ella, el control del Estrecho de Gibraltar. Más duro de pelar fue el Peñón de
Gibraltar, que solo fue ocupado por Castilla un siglo después[iii].
El
momento de mayor esplendor de los nazaríes fue con el reinado de Mohammed V a
finales del siglo XIV, coincidiendo con la mayor crisis en Castilla. Fue él el
principal responsable de la construcción del monumento más bello de España, con
permiso de los demás: la Alhambra de Granada, la sede real del emir en lo alto
de una colina llamada La Roja, que da nombre al complejo en árabe. Está divida
en distintos complejos, desde el militar de la alcazaba a los delicados y
exóticos palacios nazaríes[iv],
pasando por la naturaleza del palacio de verano, el Generalife. Todo ello es
hoy merecidamente Patrimonio de la Humanidad[v].
Vista de la Alhambra. Se observa en el centro el "horrible" Palacio de Carlos V, un excelente ejemplo renacentista pero situado en el peor sitio posible.
El
siglo XV fue el del final del emirato nazarí tanto por causas internas como
externas. Primero, los nazaríes tuvieron la insensata idea de dividirse y
enfrentarse en varias guerras civiles llamadas de los Abencerrajes, que les
dejaron cansados y presa fácil de Castilla. Por otro lado, en el poderoso reino
vecino llegó al poder una persona poco dada a permitir un reino infiel en la
Península: Isabel I la Católica, que no por nada recibió ese título del Papa
Alejandro VI[vi].
Así, después de diez años de guerra, Granada fue derrotada y el último emir,
Boabdil, entregó las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos a cambio de que
se permitiese a los musulmanes seguir practicando su religión, lo cual unos
años después fue papel mojado[vii].
Entrega de las llaves de Granada a los Reyes Católicos.
Acababa
así la historia prolongada de Granada, que demostró ser como las pilas de
Duracell: duraderas, pero con un final. Su legado está en la personalidad de
Granada, única ciudad que tiene una sede autonómica que no sea Sevilla en
Andalucía (en concreto del Tribunal Superior de Justicia), sede de la Capilla
Real, en la que están enterrados del Reyes Católicos, y una de las ciudades más
visitadas del país gracias a la presencia, todavía impresionante y maravillosa,
de la Alhambra, de la que el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, dijo
que “tenía la puesta de sol más bella del planeta”[viii].
Patio de los Leones.
[i]
Llamados parias. Para más información: https://historiaespana.es/edad-media/reinos-taifas
[ii]
En la Guerra Civil castellana (1366-1369) se enfrentaron dos hermanos: Pedro I
(apodado el Cruel por sus enemigos) y Enrique II Trastámara (apodado el
Fratricida, lo que revela quién ganó y cómo quedó Pedro: muerto y encima con el
sambenito de ser cruel. La Historia la escriben los vencedores). Enrique II era
hijo bastardo del anterior rey, Alfonso XI, e inauguró una nueva dinastía que
perduró hasta los Reyes Católicos, ambos Trastámara.
[iii]
Ya saben, quien se queda el dichoso Peñón ya no lo devuelve nunca y, si no, que
se lo pregunten a los británicos, que desde 1704 ya está bien.
[iv]
A su vez se dividen en dos áreas: una más pública, en la que el emir recibía a
los emisarios extranjeros, en torno al Patio de los Arrayanes y otra privada en
torno al Patio de los Leones.
[v]
Para más información recomiendo el artículo La
Alhambra como lugar paradisíaco en el imaginario árabe: http://www.revistas.uma.es/index.php/boletin-de-arte/issue/view/301/showToc
[vi]
El susodicho Papa es más conocido por su nombre civil, Rodrigo Borgia. Ha pasado
a la Historia como uno de los más corruptos y sinvergüenzas pontífices de la
historia de la Iglesia. Solo dio el título de Católicas Majestades a Isabel y
Fernando para lograr su apoyo frente a la amenaza francesa y, bueno, como
reconocimiento por la conquista de Granada, aunque eso fue secundario visto lo
visto. Un pájaro de cuidado, en definitiva.
[vii]
Si a Isabel I no le gustaban los infieles, menos aún a su prelado de confianza,
el cardenal Cisneros, que pronto expulsó a los musulmanes de Granada…o los
convirtió por la fuerza al cristianismo. Y a ver quién era el guapo que no lo
hacía con la Inquisición rondando…





No hay comentarios:
Publicar un comentario