domingo, 9 de noviembre de 2014

Opinión: La macroencuesta



Hoy se ha efectuado una macroencuesta en Cataluña sobre si se quiere o no la independencia para dicho territorio del resto de España. Y la llamo macroencuesta por varios motivos. El primero, porque ha tenido un seguimiento muy destacable (casi dos millones de votantes según la Generalitat de Catalunya, de un censo aproximado de unos cinco millones y medio). El segundo, porque carecía de cualquier validez al ser ilegal, sin censo y sin garantías de limpieza al no contar con Junta Electoral ni interventores o apoderados de todos los partidos. El recuento se ha realizado por parte de voluntarios de asociaciones independentistas, lo que hace dudar de la neutralidad del proceso. 

"La reacción del Gobierno de España ha sido tan decepcionante como siempre: el silencio"

Ante esto, la reacción del Gobierno de España ha sido tan decepcionante como siempre: el silencio. Y es que siguen sin admitir que España tiene un grave problema. Está en juego su propia existencia porque, que a nadie le quede duda, sin Cataluña España ya no es el mismo país. Sería otro ente político. Y ante esto, el Gobierno, en vez de apostar por el diálogo y por ofrecer un modelo más atractivo, aunque sin ceder ante todas las exigencias egoístas del nacionalismo catalán, no hace nada en la errónea creencia de que los independentistas se van a aburrir al final.  

Ante situaciones de crisis económica como la actual, siempre se pone en duda el modelo de país que queremos. Es evidente que hay muchas cosas que no funcionan bien y que hay que reformarlas. Nuestra Constitución, la cual nos ha dado más de 30 años de progreso y paz, debe ser reformada profundamente para garantizar su propia supervivencia. Entre reaccionarios que quieren que todo siga igual y que, a la larga, nos van a hundir; revolucionarios que miran a América Latina con modelos cuanto menos cuestionables, y que nos podrían hundir; e independentistas que prefieren cortar el país como si fuera un repollo, creando unos reinos de taifas del siglo XXI, y que nos hundirían más aún de lo que estamos; me quedo con la reforma política y el sentido común tanto de catalanes como de madrileños, andaluces o vascos. Los independentistas ven muy claras las diferencias entre españoles, pero que tengan claro que en el extranjero somos lo mismo: europeos del sur que están atravesando una grave crisis.

1 comentario:

  1. Adrià Fortet i Martínez10 de noviembre de 2014, 18:43

    La consulta de ayer no fue vinculante, pero sí que tuvo un rigor en todo su desarrollo. Los que formamos parte de las mesas electorales habíamos sido seleccionados entre los 45 000 voluntarios que se presentaron y acudimos para dar un servicio neutral y verificable.
    Puedo dar fe personalmente de lo que por otra parte es fácilmente comprobable: aunque no dispusiéramos del censo previo, sí había un censo que elaborábamos con ayuda de un programa informático, y que acreditaba que nadie podía votar dos veces. Nadie. De hecho, hubo varios periodistas que lo intentaron para tratar de demostrarlo y pudieron comprobar el rigor del sistema. Yo mismo tuve que reconducir a algunos electores a otros colegios porque habían acudido al lugar inadecuado y el programa no me los admitía. Igualmente, el recuento lo hicimos los voluntarios, con la asistencia y observación de los ciudadanos que quisieron permanecer en el colegio después del cierre de la votación.
    En la consulta participaron 2 300 000 personas, y ello teniendo en cuenta que había un boicot de todas las formaciones políticas específicamente antiindependentistas (PSC, PP y C’s). Algunos hablan de los que no fueron a votar para restarle importancia, pero eso es una falacia porque siempre existe un porcentaje de abstención pasiva. No nos engañemos, César, 2 300 000 personas darían en unos comicios al Parlamento una mayoría de más de dos tercios. La mera suma de CiU, ERC, ICV y CUP (2 100 523 votos) ya son 87 diputados de 135.
    Hay otro elemento que creo que desde Madrid cuesta de ver, que es la transversalidad del proceso. Habrá muchos catalanes que no son directamente partidarios de la independencia, e incluso que la rechazarían en las urnas; pero son pocos los que se oponen de manera frontal, porque este proceso nunca ha ido en contra de nadie. Hay entidades castellanohablantes (Súmate, por ejemplo) y muchísima gente nacida personalmente o con padres nacidos fuera de Cataluña que apoyan activamente este movimiento.
    La caverna mediática de la derecha española, con ayuda de algunas personalidades de la vieja guardia del PSOE, han calado la imagen de un nacionalismo insolidario y mezquino que lanza campañas de “España nos roba” para instrumentalizar a los catalanes. Lo cierto es que por aquí se respeta la cultura española y la gente que se siente parte de ella, no existe odio hacia lo español ni violencia o intimidaciones de ninguna clase. En las calles hay muchos balcones con esteladas, pero se ve también alguno con una bandera española, y en los más no hay ni de lo uno ni de lo otro. Se vive con naturalidad no más.
    Será innegable que mucha parte de lo que hoy sucede tiene unos orígenes políticos, pero lo cierto es que se ha articulado una mayoría que no quiere seguir formando parte de España, y eso no tiene por qué frustrarse. No guardamos rencor por nada de lo que ha pasado, ni rechazamos vuestra cultura ni queremos infligir ningún daño. Simplemente, hemos llegado a considerar que tenemos atributos suficientes (lengua, cultura, historia, cohesión) para ser nación independiente y queremos ejercer como tal, en nuestro beneficio pero también en el español, europeo e internacional siempre que nos sea posible.

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