El planeta Mercurio, fotografiado por la sonda Messenger en 2008.
Nuestro vecindario cósmico está formado por el satélite natural de la Tierra, la Luna, y por los otros planetas rocosos del sistema solar. De ellos, el más cercano al Sol es Mercurio, un pequeño planeta de menos de 5000 km de diámetro (la Tierra tiene algo más de 12.700 km).
Este planeta recibe el nombre del dios romano mensajero y del comercio. Su superficie está cubierta de cráteres y tiene cierta semejanza con la de nuestra Luna. Al estar tan cerca de la estrella, durante el día mercuariano se alcanzan temperaturas extremas de 350º C, mientras que en su noche caen a -170º C. La vida, por tanto, es absolutamente imposible en un lugar así, mientras que en otros planetas del sistema sí que se investiga la posibilidad de que pueda existir, como en los polos marcianos, ciertas capas de la atmósfera de Venus o algunos satélites de Júpiter o Saturno.
La atmósfera de Mercurio es muy tenue, formada por gases como hidrógeno y helio. Un dato curioso de este planeta es que en ciertas partes de su superficie se da un fenómeno llamado amanecer doble: el Sol sale en el horizonte dos tercios de su tamaño, se detiene y se esconde nuevamente para a continuación volver a salir para continuar su recorrido en el cielo. En el resto del planeta se ve cómo sale para detenerse antes de continuar. Esto se debe a que cuatro días antes del perihelio (punto más cercado de su órbita al Sol) la velocidad de Mercurio alrededor de la estrella iguala a la de su rotación.

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