Israel debe ser expulsado del Festival de la Canción de Eurovisión. No de manera permanente pero, de momento, sí de cara a la edición del próximo año. De no hacerlo, la organizadora de este ya histórico certamen, la Unión Europea de Radiodifusión (UER), cometería el peor error de su recorrido y entraría en una espiral que incluso podría acabar con Eurovisión.
¿Y por qué? Porque no se puede permitir una contradicción tan flagrante como expulsar a dos países como son Bielorrusia y Rusia por vulnerar los derechos humanos y al mismo tiempo mantener a otro, Israel, que en estos momentos está cometiendo ya no solo crímenes de guerra en la Franja de Gaza (Palestina) sino un auténtico genocidio según un reciente estudio de Naciones Unidas (ONU), que se extiende también al otro territorio palestino, Cisjordania.
En el año 2021, la UER expulsó a Bielorrusia debido a la cruel represión que su régimen ejercía contra la oposición. Un año después, expulsó a Rusia después de la invasión de dicho país a Ucrania, vulnerando en el proceso todo el Derecho internacional y comentiendo crímenes probablemente de lesa humanidad en el camino hacia la capital, Kiev. Ambas decisiones fueron ampliamente apoyadas: Eurovisión no podía ser una plataforma de publicidad de países que violen derechos fundamentales. No podía permitírselo: Eurovisión fue creada para unir a los países europeos unos pocos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Incluso el lema del festival es "United by Music", unidos por la música. Y todos sabemos que este festival nunca ha sido solo una competición de televisiones públicas sino mucho más.
Sin embargo, ahora la UER se encuentra en una situación compleja. Después de dos años, Israel está destruyendo piedra a piedra Gaza, aniquilando a la población civil, incluidos miles y miles de niños. Y no lo hace en secreto sino que hay ministros israelíes que admiten públicamente que su objetivo es expulsar a la población palestina del enclave para anexionárselo y, si para ello debe arder todo, adelante.
Los horribles e injustificados atentados de la banda terrorista islamista Hamás en 2023 fueron firmemente condenados por la comunidad internacional y también por el gobierno oficial palestino, la Autoridad Nacional Palestina. Israel no puede mantener una masacre, un genocidio, con la excusa de dichos atentados y de los rehenes que tomaron los terroristas. Están muriendo niños y se está destruyendo a toda una comunidad, impidiendo el acceso de alimentos básicos y provocando una hambruna extrema. Recordemos que en Gaza vive un millón de personas apiñadas, incluidos esos rehenes que parece que le importan poco al gobierno israelí.
Ante todo esto, Europa y la UER han guardado (con alguna honrosa excepción) un silencio cómplice y vergonzoso. Un silencio que en los últimos meses se está rompiendo, ante lo evidente: el asesinato masivo de personas por parte de Israel. En esta situación, la participación israelí en Eurovisión (y tampoco en otras competiciones, incluidas todas las deportivas) es inviable. Y si lo hace, será a costa de la retirada de no pocos países y de provocar un daño imperdonable en la reputación del concurso, algo que por otro lado ya ha hecho. Tanto el año pasado como este, el gobierno del país hebreo ha impulsado el televoto en otros países con estrategias, como mínimo, controvertidas. En la edición de este año, ganó el televoto y en ninguno de los meses siguientes la canción de Israel ha estado entre las más escuchadas en plataformas, una dicotomía como mínimo sospechosa.
En cualquier caso, la hoja de ruta para cualquier persona decente que respete de verdad los derechos humanos, la democracia y la libertad está clara: Israel debe ser expulsada del festival hasta que su gobierno decida frenar la masacre y genocidio en Gaza y abrirse al diálogo con las autoridades palestinas mediante una mediación internacional. La paz en esa región solo se logrará cuando se creen dos estados, es decir Israel y Palestina, que convivan y cooperen, como hace ya Israel con otros vecinos como Jordania o Egipto, con los que se enfrentó en el pasado. Mientras siga en esta deriva ultra y destructiva, debe ser expulsado de toda competición internacional, como se hizo también con otros países que no respetaban los derechos humanos, como Rusia o la Sudáfrica del Apartheid.
















