Acabamos de terminar el verano más cálido en más de cien años. Y este récord se repite casi año tras año, mostrando una peligrosa tendencia. Esto se debe a que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) siguen sin controlarse y los humanos seguimos emitiendo a la atmósfera toneladas y toneladas de estos, en especial dióxido de carbono (CO₂).
Ante esta situación, podemos o no hacer nada y asumir el seguro desastre que se producirá en las próximas décadas (y que ya está empezando, como se ve en las olas de calor, las sequías o las brutales tormentas que azotan el Mediterráneo al comenzar el otoño) o intentar reducir ya nuestras emisiones, comenzando por las que provocamos cada uno de nosotros en casa, al desplazarnos o simplemente al comer.
Así, todos tenemos una huella de carbono que es mayor o menor según los hábitos. Un español medio emite cada día de media 16 kilos de CO₂, parecido a un italiano, superior a un francés aunque inferior a un alemán.
Se podría pensar que los árboles, al absorber CO₂ al realizar la fotosíntesis, podrían solventar el problema pero es que emitimos tantos GEI que un solo español necesitaría de media 200 árboles para compensar su huella de carbono al año. Con solo este ejemplo, está claro que la única solución en este momento es reducir nuestras emisiones, y hacerlo antes de que sea demasiado tarde.
¿Cómo hacerlo? Además de que los gobiernos deban llevar la iniciativa, junto a las empresas y grandes multinacionales, cada persona es capaz de cambiar pequeños hábitos para reducir su huella de carbono. Veamos a continuación cómo.
TRANSPORTES
Es evidente que hay transportes que emiten más GEI que otros. El que más emite es sin dudas el avión. Es cierto que es inevitable cogerlo para desplazarse a largas distancias, pero siempre se pueden reducir esos viajes en la medida de lo posible. Le siguen los coches, aunque no todos emiten la misma cantidad de CO₂. Los más sostenibles son los eléctricos, seguidos de los híbridos. Más contaminantes son los de gasolina, y los peores son los de diésel.
El transporte público se presenta como más eficiente aunque emita también GEI. Al transportar a más personas a la vez, que así no cogen vehículos particulares, evitan que se emitan más GEI. Los autobuses suelen ser de gasolina o diésel, con lo que su huella de carbono es mayor que el tren, metro o tranvía. Estos transportes ferroviarios suelen desplazarse con electricidad, por lo que su huella de carbono también existe pero es menor al no emitir tantos gases de efecto invernadero.
Por último, tenemos las posibilidades que menos impacto tienen en el medio ambiente: caminar a pie o en bicicleta, cuando sea posible.
EN CASA
Hay varias posibilidades para reducir las emisiones en nuestros hogares:
- Mejorar el aislamiento de la vivienda. Así, se necesitará menos calefacción en invierno y menos aire acondicionado en verano. Persianas, toldos o ventanas aislantes pueden ayudar en este sentido.
- Electrodomésticos: son los aparatos que más energía consumen de la casa. Así, es recomendable adquirir aquellos que sean más sostenibles. Ahorraremos en electricidad y emitiremos menos GEI.
- Cuidado con los “vampiros”: se llaman vampiros de electricidad a aparatos electrónicos que están continuamente conectados a la corriente aunque no los estemos utilizando. Ejemplos: el cargador del móvil que sigue en el enchufe, la luz roja de la televisión o el ordenador, etc. Para estos casos, es recomendable el uso de ladrones y, cuando acabemos de utilizar esos dispositivos, apagarlos y, con ellos, el ladrón.
- Evitar consumir más plástico del necesario: llevar nuestra propia bolsa de tela o reutilizar bolsas de plástico en el supermercado. Con esto nos ahorraremos los céntimos que cuestan y reduciremos la cantidad de plásticos, que acaban contaminando tierra y océano. Además, se reducirá la huella de carbono al reducir su uso.
- En el ordenador: apagar el monitor cuando terminemos. Guardar solo los correos electrónicos necesarios y borrar el spam. Cuantos más correos se tengan que cargan al mirar el e-mail, más CO₂ se emite al necesitar más energía. Lo mismo con la cantidad de páginas abiertas cuando usamos internet. A mayor número de pestañas, mayor gasto energético y, con ello, más emisiones de CO₂.
- Plantas en casa: absorben el CO₂ aunque sean pequeñas y, pese a que es poco, compensan en parte las emisiones que generamos.
ALIMENTACIÓN
Lo primero en este punto es evitar siempre que se pueda el desperdicio alimentario, ya que supone un 8 % de las emisiones anuales en el mundo. Se tira un tercio de la comida que se produce, lo que es un derroche inútil.
Por otro lado, conviene comprar alimentos nacionales, para evitar el transporte a largas distancias de la comida, con las emisiones de dichos transportes. Comer alimentos de temporada está incluido en este punto, por ejemplo.
Hay alimentos que contaminan más que otros. La ternera es el que más ya que las flatulencias (pedos) de las vacas emiten metano, un gas de efecto invernadero. A mayor consumo de ternera, más ganadería vacuna y más emisiones. Con esto no se dice que no se coma ternera, sino que se consuma en menor cantidad.
Los quesos y otros productos lácteos también tienen una huella significativa, en especial si se importan de otros países. El pescado, sobre todo si es de piscifactoría, también tiene su huella de carbono, debido a la necesidad de transportarlo y refrigerarlo en el proceso.
Hay alimentos que suponen una huella de carbono menor, como la fruta, verduras u hortalizas.
CONSEJOS RÁPIDOS
- Viajes de más de 500 km: mejor en tren o bus, siempre que sea posible, evidentemente.
- Transporte en las ciudades: priorizar ir a pie o en bici, seguidos del transporte público.
- Compras: evitar comprar solo online, debido a la huella de carbono de su transporte.
- Compra de comida: priorizar la nacional, para evitar la huella de carbono del transporte en los alimentos de importación.
- Dieta: intentar reducir el consumo de carne, en especial la de vacuno. Además de por el medio ambiente, por la propia salud al reducir la carne roja, más perjudicial.
- Aire acondicionado: en torno a los 26 º C. Por debajo de esta cifra supone un mayor gasto energético y mayores emisiones de CO₂.
- Bolsas de plástico: reutilizarlas o reciclarlas, además de reducir su consumo al llevar las tuyas al supermercado.
- Ser consciente del cambio climático: está ya aquí y, aunque haya personas que lo nieguen sin ninguna prueba, es una realidad sobradamente contrastada por la ciencia.

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